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TRIBUNA

Trujillo, comienzo de América

Natalia K. Denisova
sábado 06 de enero de 2018, 20:10h

El año es nuevo, pero los afanes de tergiversar la historia son viejos y siguen incólumes. Tras años de la falsificación, ahora sabemos que América la descubrieron todos, sí, todos, menos los españoles. ¡Qué pena! El viernes El País sacó lo último de su ciencia ficción y nos abrió los ojos sobre el único y auténtico descubrimiento que sucedió hace más de 10 mil años, quién sabe si 20. 000. Me alegro que hayan encontrado unos restos humanos en Alaska que tienen más de 11 mil años, pero ¿eso se llama el Descubrimiento? Qué se lo cuenten a los indocumentados y devotos de la ciencia moderna. Pues que yo me quedo con lo que cuentan las viejas piedras y los pliegos de las crónicas.

Siempre se aprende en Extremadura. Esta vez me ha tocado ver uno de sus pueblos más emblemáticos. Trujillo se percibe desde lejos. Será por la Picota, si uno va por la carretera de Madrid, será por una mole de su castillo antiguo. Sus aljibes, uno árabe y otro cristiano, antes fueron baños de la época del Emperador Augusto. El acierto de los romanos quedó comprobado por el sencillo hecho de que los tres manantiales nunca se secaron. Desde 1232, cuando los caballeros tomaron Trujillo, las torres del castillo están protegidas por la Virgen de la Victoria. Pasadas las rencillas entre moros y cristianos, empezaron las guerras entre los propios cristianos por las ciudades y tierras hasta que, finalmente, Trujillo pasa al dominio de Isabel la Católica. Precisamente durante su reinado fue instalada la picota, el símbolo de la justicia y ejemplo del gótico con ménsulas que servían para colocar los miembros del ajusticiado para la admiración de todos los habitantes. Hoy la picota es un símbolo de lo que le cuesta al género humano acatar las normas de convivencia, es decir, la ley, por las buenas.

La villa dentro de las murallas alberga las casas señoriales y castillos. La casa de Chaves del siglo XV, las casas solariegas de Escobar, la de Calderón con patio gótico, la de Hinojosas del siglo XVI; la de Altamiranos, el linaje más antiguo de la ciudad que pelearon en la reconquista… Muchos de ellos pasaron directamente de sus casas temporales a su casa eterna en la Iglesia Iglesia de Santa María la Mayor, obra magna que sustituyó en 1232 una mezquita. Esta iglesia tardo-románica fue reformada en el XVI; hoy es un panteón de todos los linajes más antiguos de la ciudad. Las paredes y suelos están cubiertos por lápidas que narran la historia de España. Uno de los escudos más frecuentes representa a dos osos apoyados a un pino. Es la insignia de los Pizarro. Además, en la puerta del sur está Diego García de Paredes, conocido como Hercules o Sansón de Extremadura, que fue héroe de las guerras de Italia. Su hijo de igual nombre conquistó su parte de América, donde fundó Trujillo, hoy día venezolana, y que acompañó a Francisco Pizarro en la campaña incaica. Para mantener la grandeza del apellido, empezó sus andanzas por el Nuevo Mundo con 18 años, donde se alistó a la expedición peruana. Conquistado el Perú, regresa a España, lucha en Italia, Flandes, Francia… Con el grado de capitán vuelve a Trujillo, pero no soporta el sosiego y se marcha de nuevo ahora con Francisco de Orellana, su vecino y cuya casa hoy se reconoce por el busto del explorador de Amazonas quien muere durante la expedición. Trujillo de Nuestra Señora de la Paz gracias a su fundador y gobernador García de Paredes durante años tuvo fama por su seguridad y defensa.

Si proseguimos la ruta hacia el centro de la ciudad entramos en el ancho espacio de la Plaza Mayor. La Iglesia de San Martín del siglo XIV domina el espacio con su ascética grandeza del castillo medieval. Aquí se juntaba el Consejo de Trujillo, centro de la vida ciudadana. Francisco Pizarro, hecho de bronce por un neoyorkino, parece decir con desempacho ¡Aquí estoy yo! Dudo de que así fuera don Francisco, primer marques de la Conquista, lo cierto es que Carlos Rumsey lo ha esculpido a lo grande según los gustos del XIX americano. He aquí un curioso fenómeno historiográfico: cuando los estadounidenses empezaron a sentirse dueños del mundo, pero como no podían ser sus conquistadores, empezaron a engrandecer a Colón y a los conquistadores españoles en los libros de historia y de literatura.

Los palacios de la Plaza Mayor son una muestra del Renacimiento español, negado por muchos especialistas del arte. El Palacio del Marques de la Conquista edificado en 1562 por Hernando Pizarro y su mujer Francisca, hija del conquistador, se destaca por su balcón con escudo rodeado por los bustos de Francisco Pizarro, su mujer princesa inca Inés Yupanqui, su hija y el propio Hernando. Miguel de Cervantes, por ejemplo, cuando iba a Guadalupe, se alojo en el Palacio de Juan Pizarro de Orellana. Él fue primo de Francisco Pizarro y corregidor de la ciudad Cuzco. Este palacio funcionó como Casa de Contratación donde los atrevidos se alistaban para ir al Perú. Otro palacio es el Palacio de los Duques de San Carlos de apellido Vargas y Carvajal que esconde en sus subsuelos una fortaleza visigoda. Sus constructores fueron correo mayor de las Indias.

Trujillo es imprescindible para entender Extremadura, que es lo mismo que entender España e Hispano-América. No en vano los habitantes del lejano Continente siguen hablando la lengua que conocieron después del Descubrimiento en 1492 y no hay restos tangibles de los “descubrimientos” anteriores.

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