Las lesiones han lastrado al jugador escocés, que estaba llamado a suceder a Federer, Nadal y Djokovic.
"Hoy me he sometido a una exitosa cirugía de cadera en el hospital st. Vincent en Melbourne. Me gustaría dar las gracias al Dr. John O'Donnell y a todo el personal por cuidarme. Espero volver a la competición en la temporada de hierba. Gracias a todo el mundo por todos los buenos deseos y el apoyo en los últimos días. Voy a volver de esto", publicó este lunes Andy Murray en una de sus redes sociales. Este es el último capítulo de sus desgracias físicas que le han hecho caer en el olvido desde la cima del tenis.
El escocés se decantó finalmente por la intervención quirúrgica después de dudas sobre la idoneidad de tratar de paliar su dolencia con rehabilitación. Finalmente, cuatro días después de anunciar su no participación en el Abierto de Australia, el primer Grand Slam del año anunciado como el de su resurrección, Murray optó por la medida más drástica. Su segunda operación grave después de la sufrida en la espalda en 2013.
Andy, que sólo ha podido asumir su rol de alternativa a Roger Federer, Rafa Nadal y Novak Djokovic en un intervalo corto de tiempo, jugó su último partido cuando fue eliminado en cuartos de final de Wimbledon por el estadounidense Sam Querrey en 2017. Desde entonces, las especulaciones sobre sus regresos a las canchas siempre han terminado por desembocar en negativas y recaídas en sus infortunios casi crónicos. Ahora, aguarda para volver, con garantías, al fin, en la temporada de hierba.
El británico, oro olímpico y número uno de la ATP, ve cómo las lesiones le vuelven a condicionar una carrera que se pronosticaba como resplandeciente. Ya en 2013 tuvo que sacrificar el final de la temporada después del US Open para reaparecer en 2014. Ahora, con seis meses de rehabilitación por delante, más los ya acumulados desde su última participación en el grande inglés, anhela contemplar cómo su anatomía le da una tregua para refrescar su clase y recuperar un ritmo competitivo que le devuelva, al menos, al Top-10.
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La perla de Dunblane arrancó el éxito con ese estilo luchador por cada pelota después de perder ocho finales de Grand Slam. Por ello, su optimismo actual se basa en ese precedente de lucha denodada por volver. Nada le ha resultado gratis en su trayectoria y, aunque vaya a esar un año entero en el dique seco, tras un 2016 sensacional en el que tocó el cielo después de doblegar a Djokovic en la final de Wimbledon. En esa temporada también conquistaría la Copa de Maestros. Pero su declive físico y mental se anunció en su derrota ante Mischa Zverev en Melbourne. A partir de ahí, en enero de 2017, no ha levanzado el vuelo.
En todo el año pasado sólo jugo 30 partidos, un registro que nada tiene que ver con los 78 de Nadal, número uno, o los 57 de Federer ,segundo de la ATP. La cadera dijo basta en casa y la ausencia en el Masters 1.000 de Cincinnati le sacó del trono del tenis mundial, sin poder defender tal posición en la cancha.
Murray, como el legendario zurdo español, depende de su físico, de su derroche desde el fondo de la pista, con defensas sensacionales. Es por esto que es obligatorio que su anatomía le respete si quiere renacer, como han hecho los mencionados compañeros de circuito. El dolor que sufrió en la cadera hace días le llevó a salir de Australia con dirección a Gran Bretaña. En su hogar sopesó las posibilidades y decidió dejar de jugar con dolor. Pues su rendimiento estaba siempre lastrado.
Entonces, con 30 años, se visualiza siguiendo los pasos del resurgimiento de Nadal y Federer -es más joven que ellos-, que decidieron parar para volver más astutos en la elección de sus partidos y sin dolor. En el presente es 19 en la ATP, un puesto que le retrotrae a 2009. Y puede caer aún más, pues si no llegara a tiempo para la temporada de hierba sus 2.140 puntos podrian llegar a cero. Queda fuera, también, de la eliminatoria entre su país y España correspondiente a la Copa Davis y sacrifica la desfavorable arcilla. Pero esa no es su prioridad. Debe sanar y, a partir de ahí, estudiar la estraegia deportiva que le prolongue sus años de tenis en la élite. Como ya hicieron sus homólogos balear y helvético.