El ser humano es en ocasiones un animal desconcertante. Es capaz de realizar impresionantes obras de ingeniería, surcar el espacio o elaborar complejísimas teorías matemáticas, pero hay momentos en que toda esa inteligencia se evapora, quedando tan solo un animal torpe y estúpido capaz de humillarse a sí mismo una y otra vez.
Este vídeo es un buen ejemplo de ello. Un hombre se encuentra en un encierro de vaquillas distraído, ausente, y de espaldas a la acción. Como es lógico uno de estos animales no tarda en arrollarle. Dolorido y conmocionado por el golpe, el individuo se levanta, ayudado por otras dos personas que intentan ponerlo a salvo. Sin embargo, el sujeto vuelve a mirar en la dirección equivocada y...
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