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Los separatistas abandonan el barco

viernes 12 de enero de 2018, 09:45h

En apenas dos días, se ha producido una desbandada entre los separatistas que abandonan el barco aterrorizados por la amenaza de la cárcel.

Artur Mas, acosado por los tribunales y ninguneado por Puigdemont inició la desbandada al dimitir como presidente del Pdecat. El muñidor del proceso soberanista se ha ido con el rabo entre las piernas a su casa a la espera de afrontar los procesos judiciales que le esperan.

Este jueves, tres de los políticos más beligerantes han implorado al juez Llanera ser excarcelados y no han tenido reparos en abjurar de la independencia, acatar sin condiciones la Constitución y renunciar a la vía unilateral. Joaquín Forn, el consejero de Interior que organizó el paripé de los mossos el 1-0, ha culpado a Trapero de la pasividad de los policías locales. Para salvar el pellejo, ha traicionado a su hombre de confianza.

Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, que lideraron la violenta manifestación ante la Consejería de Economía, cuando la Guardia Civil se encontraba dentro en busca de pruebas, que se subieron a los coches de la Benemérita después de destrozarlos, se han declarado como hombres de paz y han hocicado ante el juez Llanera llegando a comprometerse con abandonar la política si el Parlamento catalán volvía a las andadas de la vía unilateral.

También figuras relevantes como el ex consejero Mundó, Lloveras y Borrás han abandonado la política ante el riesgo de ser encarcelados. Y Carmen Forcadell, que fue la primera en pedir clemencia acatando la Constitución y el artículo 155, ha renunciado a presidir la mesa del Parlamento catalán para alejarse de cualquier riesgo que comprometa su proceso judicial.

De momento, solo Junqueras se mantiene firme y se niega a abjurar del independentismo. Con gran ingenuidad, se limita a esgrimir sus principios religiosos y su amor a la paz. Mientras tanto, Puigdemont, el prófugo y cobarde ex presidente de la Generalidad sigue intentando ser investido por Internet, aterrado de pisar suelo español y dar con sus huesos en la cárcel.

A solo cinco días de la constitución de la mesa del Parlamento catalán reina la confusión y los enfrentamientos en las filas soberanistas por la estampida de pesos pesados del “procés” junto con la descarnada pugna por el poder entre Puigdemont y Junqueras. Nadie sabe todavía cómo llegarán a un acuerdo para presidir la Generalidad. Aunque parece seguro que el líder del JxC desde Bruselas, el presidente de ERC desde la cárcel o cualquier otro encabezará el nuevo gobierno catalán. También resulta difícil vaticinar lo que durará antes de que el artículo 155 vuelva a disolver las Cortes. De momento, la espada de Damocles de la cárcel ha desbaratado los planes de los separatistas y es previsible que si el nuevo gobierno vuelve a las andadas independentistas, huyan del Parlamento catalán muchos diputados de ERC y JxC. Quizás entonces, Arrimadas tenga su oportunidad.

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