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NOVELA

Margaret Atwood: Alias Grace

domingo 14 de enero de 2018, 18:25h
Margaret Atwood: Alias Grace

Traducción de María Antonia Menini Pagès. Salamandra. Barcelona, 2017. 528 páginas. 23 €. Libro electrónico: 13,99 €. La gran escritora canadiense recrea un hecho real, la historia de Grace Marks acusada en 1843 de complicidad en el asesinato de Thomas Kinnear, de quien era sirvienta, y de su ama de llaves y amante. La plataforma digital Netflix ha hecho una exitosa serie de esta magistral novela que va más allá de lo histórico y lo policiaco. Por Paulo García Conde

Alias Grace fue una novela publicada por primera vez en 1996, y que la editorial Salamandra decidió lanzar al mercado español a finales del pasado año. No estamos ante una autora desconocida cuya obra, por azares del destino y del sector editorial, haya sido descubierta en la actualidad. Margaret Atwood acredita suficientes reconocimientos y ejemplares vendidos como para no llevarnos a engaño. Lo mismo ha pasado, sin embargo, con El cuento de la criada, libro que vio la luz en 1985 (de la misma autora) y que fue editado también en 2017.

La primera pista que nos ayuda a vislumbrar la lógica de todo esto aparece impresa en la faja promocional que acompaña a cada ejemplar, en la que se informa de la adaptación audiovisual que de esta historia ha hecho la plataforma digital Netflix. Al igual que ha ocurrido con El cuento de la criada, trabajo merecedor de varios premios Emmy y un Globo de Oro. Pero, ¿por qué adaptar de esta manera, y en estos momentos, la obra de Margaret Atwood? Hay quien se apresuraría a responder que por su enérgico mensaje feminista. Pero reducirlo todo a esta parca respuesta sería desconsiderado con lo meritorio de la obra de la escritora canadiense.

La historia que llena las páginas de este libro está basada en hechos reales, algo que la autora refiere en el epílogo con gran acierto, ya que podría ser una información que pasase desapercibida para muchos lectores. Después de todo, los sucesos tuvieron lugar a mediados del siglo XIX y, como casi todas las historias que son carne de la prensa y de la opinión popular, quedaron relegados al olvido con el paso del tiempo. Grace Marks es una niña de apenas dieciséis años sentenciada a muerte por haber cometido, supuestamente, un doble asesinato en colaboración con James McDermott. Sin embargo, en el último momento, el abogado de la joven logra que conmuten la pena y que Grace sea condenada a cadena perpetua. No corre la misma suerte su hipotético compañero, quien termina colgado de la soga.

El crimen, nada más ser descubierto, cobra relevancia por varias razones: Grace es la dulce y apacible criada de un caballero irlandés, Thomas Kinnear, emigrado a Canadá, y del que corren rumores sobre la licenciosa vida que lleva, en lo que tiene mucho que ver la relación que mantiene con su joven ama de llaves, Nancy Montgomery. McDermott es otro de los sirvientes del señor Kinnear, un hombre malhumorado y con un odio latente hacia quienes se erigen en sus superiores. Es él quien, de manera brutal, termina con la vida de su amo y de su amante, Nancy, que además está embarazada en el momento del crimen. Pero en el juicio por el doble asesinato, el ejecutor afirma rotundamente que todo lo hizo sugestionado por Grace, quien además colaboró en una de las muertes. Sin embargo, ella es incapaz de recordar nada de lo ocurrido en las horas cruciales.

Margaret Atwood toma la decisión de no contar la historia de manera lineal, convirtiendo la dosificación de información en una de sus principales bazas. La acción arranca años después de los hechos, cuando Grace está recluida en el penal y un médico estudioso de las mentes consideradas “no cabales” la visita con la intención de evaluar, mediante procesos novedosos para la época, si la reclusa está o no desequilibrada. De esta manera, doctor y paciente reconstruyen y rememoran el pasado de ella, desde sus mismos orígenes. Y, a partir de este momento, la autora hace un estudio extraordinario del sistema de clases, de la desigualdad de género, y de otros aspectos cuestionables que no se recogen bajo un único concepto, pero que están fuertemente adheridos a las características de la mente y la personalidad humanas.

De la memoria de Grace emergen los recuerdos de su infancia en Irlanda, tierra que tuvo que abandonar en condiciones deplorables junto con sus padres y sus ocho hermanos. Brotan las dolorosas alusiones a un padre maltratador y alcohólico, la dureza con que recayó la responsabilidad de mantener a su familia tras la pronta muerte de su madre. Y, junto con estos recuerdos, se perfila el retrato de una sociedad en la que muchos niños, que no jóvenes, debían asumir trabajos en los que encorvar la espalda durante toda la jornada ante familias de un estrato superior.

Grace relata, ante la atenta mirada del doctor Jordan, su paso por diferentes casas señoriales. En todas ellas había cumplido su trabajo con creces, y de ahí que fuese recomendada con buenas palabras por las familias a las que servía cuando se veía en posición de cambiar de escenario. Sin embargo, la trágica muerte de su única amiga, la criada Mary Whitney, la deja marcada de por vida. Aunque intenta superar su pérdida, en un mundo en el que se siente abandonada, la figura de Mary no se ausentará por completo de su vida.

Las sesiones que comparten el doctor Jordan y Grace están relatadas, en su mayor parte, en primera persona por esta última. De esta manera, el lector se asoma a sus pensamientos, que no siempre se corresponden con las palabras que pronuncia ante su supervisor. No obstante, una tercera persona sigue los pasos del doctor fuera de las reuniones con la reclusa, narrando un comportamiento que, a medida que se intensifica la confianza entre él y Grace, pierde pie en otros aspectos cotidianos de la vida.

Es así cómo Atwood consigue completar ese estudio de las relaciones sociales y la hipocresía inherente a las personas, en una época donde la posición de la mujer (perteneciese a la clase que perteneciese) nunca podía estar a la par que la del hombre. Incluso a pesar de que se creyese lo contrario. Por estos motivos, Alias Grace no es solo una novela de tintes históricos y policíacos, ni un libro con mensaje feminista, sino un alegato impetuoso que imposibilita olvidar una crueldad que, aún a día de hoy (disfrazada bajo otras apariencias no tan distintas), se aferra a las entrañas de la sociedad contemporánea.

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