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TRIBUNA

España restituida. La crónica de las crónicas

jueves 18 de enero de 2018, 20:11h

Son muchas las noticias que diariamente, desde una u otra España, nos hielan el corazón. Pero esta semana hemos encontrado donde hacer pie para sostenernos sobre la roca viva de la España real, frente al oleaje desolador que agita esta España demediada. Fundamento sólido el de aquella España universal que se atrevió a ensayar experimentos de nuevo mundo. La Fundación Universitaria Española publica, en su colección de tesis doctorales “cum laude”, un trabajo abrumador y formidable, adecuado a la enormidad que fue la norma de la vieja España. Se trata de “Filosofía de la historia de América: los cronistas de Indias en el pensamiento español” que firma Natalia K. Denisova. En el seno de este trabajo se esconde un abundantísimo diccionario de cronistas de Indias que recoge, aunque sólo “materiales básicos y fuentes fundamentales”, el número de casi trescientos cronistas hispanos de Indias, desde 1492 hasta alcanzar incluso el siglo XIX. Hay que tener la vista acomodada a los vastos horizontes de la interminable estepa rusa para alcanzar un panorama de tan formidable vastedad. El caudal literario al que Natalia Denisova ha dado cauce posee una potencia incalculable y, como sucede tan a menudo, ha sido inicialmente contemplado desde fuera, acaso porque sólo desde el exterior de esa vertiginosa corriente histórica puede cobrarse conciencia de su enorme, aunque lejano, vigor. Pero Natalia Denisova no se limita a su contemplación, sino que ahorma tan abundante materia en el esbozo, breve pero suficiente, de una filosofía de la historia de Hispano-América. Denisova ha elegido el modo desmesurado de ser española.

No agradeceremos bastante la investigación serena e imperturbable de la autora que nos ofrece, con su llana parsimonia, una idea de la dimensión que tuvo el ensayo hispano de un Nuevo Mundo. Su paciente y meticuloso trabajo contrasta con el ridículo perfil de esta España menguada y triste, con su folletín tragicómico del presidente huido y el presidente atónito, del gobierno a distancia en un horizonte virtual de banderitas estrelladas. Las conclusiones que se derivan de semejante trabajo doxográfico tienen un valor singular porque lo presuponen. Con dos ejemplos, concluye Natalia K. Denisova que son, sin duda, modelos del abuso ideológico del sentido histórico de la Monarquía Católica. Por una parte, el mito oscurantista del apóstol de Chiapa precisado de un incesante ejercicio de desmitificación que decante su figura de las adherencias sublimes que lo elevan, todavía hoy, entre los numerosos, y desgraciadamente eficaces mitos de nuestra leyenda negra. Aunque, a decir verdad, se trata de viejos fantasmas que parecen inmunes a la crítica. En los últimos tiempos han aparecido obras de gran valor y amplia difusión que sitúan en sus quicios estos mitos historiográficos y, sin embargo, su fantasmal presencia resiste hoy, como resistió en el pasado la crítica de eminentes maestros, conservando su función deformante en el combate ideológico en el que indefectiblemente seguimos envueltos. Signo, por otra parte, de la existencia positiva e indudable de España e Hispano-América. Sea como fuere, esos fantasmas no se plasmarán en realidad alguna para cualquier lector de esta obra que podría, por tanto, convertirse en piedra de toque para estimar el valor de todo ensayo de aproximación a la historia hispanoamericana.

La crítica de la llamada "visión de los vencidos", según el éxito editorial de Miguel León Portilla, es el segundo momento ejemplar del mismo abuso ideológico. Se trata de la "visión" que enarbola el indigenismo contemporáneo y que se extiende desde el mito maniqueo en el que los elegidos señalan a sus oyentes la línea de demarcación que opone al absoluto mal español la soñada bondad de los señoríos de Anáhuac, hasta formas más insidiosas, por sutiles, de hacer valer el simple juego binario del bien indígena y el mal español. Esta alucinatoria visión de los que se autodenominan "vencidos" es, de hecho, hegemónica en la opinión pública, tanto como en una academia muy satisfecha de sí misma. Denisova muestra la peculiar explotación que los grandes visionarios, próceres del indigenismo, han hecho del viejo texto de Bernardino de Sahagún el cual – efigie de la misma España - queda, después de cornudo, apaleado.

Esperemos que Dios conserve a esta autora la locura de afrontar nuevas empresas, tan desmesuradas como la que alcanza conclusión con esta obra, porque tememos que, como le sucedió al de la Triste Figura, su medida racionalidad podría resultar señal de su acabamiento.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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