El presidente Emmanuel Macrón restablecerá la mili en Francia. El “servicio nacional universal” durará un mes y afectará a los jóvenes, según algunas fuentes, tanto a los hombres como a las mujeres. El presidente subrayó la necesidad de educar a los ciudadanos a enfrentar las catástrofes naturales, los atentados terroristas y saber proteger su país en caso de conflictos armados. La encuesta realizada en 2016 por Le Parisien reveló que más de 70 % de los franceses estaban a favor de restablecimiento del servicio militar. Esta medida es una de la muchas que Macrón anunció en la base naval de Tulón (Toulon) el viernes pasado. Por ejemplo, planifica aumentar el presupuesto de la defensa hasta 2% del PIB en 2015, renovar el sistema de disuasión nuclear y desarrollar los servicios de información. Además, uno de los puntos clave es la colaboración más estrecha en los asuntos de la defensa con Alemania y Gran Bretaña a pesar del Brexit.
Ojalá que la decisión de Macrón traiga el fin de una época estúpidamente pacifista. Los decenios pasados se nos olvidó la sencilla verdad de que el deseo de la paz no “produce” ni mantiene la paz. Los decenios de bonanza hicieron creer que las fuerzas de defensa son algo anticuado, un símbolo del belicismo implícito o de una autoridad opresora. Nada más falso que esto. Sin embargo, la mayoría de la población europea se lo ha creído y hasta tal punto que desde los años 90 la mayoría de los países de la Unión Europea abolieron o suspendieron temporalmente el servicio militar.
En caso de España, Aznar lo “suprimió” para conseguir el beneplácito de CiU y formar el gobierno en 2001. Esto causó grandes cambios en las fuerzas armadas y mayores todavía en la sociedad. Actualmente, algunos ideólogos de esta prohibición ahora reconocen el fracaso de la medida. El apasionado defensor de ella, Alberto Ruiz Gallardón, dejó caer que si supiera las consecuencias funestas de la abolición, verbi gratia la indisciplina y el botellón entre los jóvenes, no defendería esta medida con tal ahínco. Lo trágico es que algunos de los que reconocen este fracaso, siguen culpando los siglos de historia del reclutamiento forzoso. Sea como fuere, lo cierto es que el servicio obligatorio en España podría resolver algunos otros problemas de las generaciones jóvenes: paliar el desconocimiento del país y mitigar el desprecio por la nación. La geografía de España en su conjunto fue sustituida en las escuelas por los estudios de su comarca, mientras que la palabra nación y el patriotismo sigue siendo un tabú.
El gobierno de España ni otros partidos nada hacen para integrar al ciudadano en el Estado y la nación a través del restablecimiento de la mili. Se defienden diciendo que no existe ese debate en la sociedad. Mas, tal y como está la situación de Europa, sería conveniente escuchar la voz del vecino quien llama a la colaboración. Especialmente ahora, cuando el enemigo no es sólo un país belicoso, sino los propios ciudadanos que forman grupos de población completamente ajenos a los valores y comportamientos del hombre occidental. El impacto del terrorismo sólo puede ser disminuido cuando las fuerzas profesionales se apoyan en la colaboración y conocimiento de los ciudadanos de a pie.