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TRIBUNA

Cómo Sócrates enseña que Puigdemont no es europeo

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 25 de enero de 2018, 20:08h

Sócrates (Atenas, 470-399) ha sido el fundador del pensamiento moderno, del que surgirá la filosofía, el lenguaje matemático, las ciencias exactas y la crítica intelectual, etcétera, y todo eso surgirá en Atenas durante unos pocos años, los que vivieron el mismo Sócrates, sus discípulos Platón (427-347) y Aristóteles (384-322), y también Tucídides (460-396), el primer historiador científico que nos da cuenta de la crisis de la democracia ateniense con Pericles (495-429), a partir de las Guerras del Peloponeso. Pensamiento moderno y democracia aparecen simultáneos y esa simultaneidad o unidad es consustancial al pensamiento europeo, y por eso el pensamiento moderno es tributario del genio europeo, algo que merece tener en cuenta ante tanto adversario (reaccionario) del universalismo y de la globalización (como Puigdemont).

Sócrates no escribió nada, pero una parte de su pensamiento lo conocemos gracias al testimonio de sus muchos discípulos, sobre todo gracias a lo que nos trasmitió Platón. Cuando digo que Sócrates funda el pensamiento moderno me refiero a su método para llegar al conocimiento de la verdad, a partir de una actitud de ir avanzando mentalmente mediante la crítica de las opiniones y percepciones convencionales, las que están siempre en la raíz de los dogmas. Si sus dos continuadores, Platón y Aristóteles, construyeron los dos sistemas filosóficos fundamentales, Sócrates sigue teniendo, en mi opinión, la misma libertad intelectual que cuando se defendió ante los jueces de la democracia ateniense, que al final lo condenaron a morir bebiendo la cicuta.

La defensa que hace Sócrates de acusaciones fruto de prejuicios politizados (que hoy nos recuerdan las condenas en internet, y de paso nos explican que la democracia ateniense desconocía los Derechos Humanos, como el derecho a discrepar de la mayoría y de sus creencias), y su coherente aceptación de las leyes -que le costaría la vida-, son páginas esenciales del pensamiento y de la moral universales, europeas en su origen, pues se actualizaron con el cristianismo, el Renacimiento y la Ilustración. Sócrates pensaba que la virtud humana era resultado del conocimiento, y que el vicio era consecuencia de la ignorancia. Pero, ¡atención!, el padre de la dialéctica sostenía que “Sólo sé que no sé nada”.

Leamos lo que dijo Sócrates cuando sus amigos le ofrecieron huir de Atenas para escapar de la Justicia (una asamblea le condenó a morir por 280 votos contra 220).

SÓCRATES: “Te lo diré de otra manera. Si cuando fuese a salir de aquí o a fugarme -llámalo como quieras- se me aparecieran las leyes y la mayoría de los atenienses, y poniéndose delante de mí me dijeran: -¿Qué vas a hacer, Sócrates? ¿No es cierto que con la acción que vas a realizar tratas, en la medida de tus posibilidades, de destruirnos a las leyes y a toda la ciudad?”- (cambien por: “al Estatuto y a toda Cataluña”).

“Y en cuanto a ti, primero, si te vas a alguna de las ciudades cercanas, como Tebas o Megara (cambien por: “Dinamarca u otros países sin nacionalistas xenófobos”), que se rigen por buenas leyes, serás recibido como enemigo de su orden político (cambien por: “orden europeo”) y todos los que respetan a sus ciudades sospecharán que en cualquier momento puedes violar las leyes.”

“Pero, segundo, supón que te vas más lejos, que te marchas a Tesalia (cambien por: “Bruselas”), donde viven los amigos de Critón. Es cierto que allí son más indisciplinados y licenciosos, por lo que tal vez te escuchen divertidos cuando les cuentes de forma chusca cómo te fugaste, poniéndote un disfraz, cubriéndote con una piel o utilizando cualquiera de los recursos propios de los fugitivos, para que nadie te reconociera. ¿Ibas a vivir, entonces, adulando a todo el mundo y rebajándote ante cualquiera? ¿Qué harías en Tesalia, darte la buena vida, como si no hubieras ido allí a otra cosa que a comer y a beber? ¿Qué quedará de todos los discursos sobre la justicia y las demás virtudes?”

Critón fue un discípulo de Sócrates muy rico y que fue el que le ofreció dinero para huir de Atenas. Al final del diálogo entre ambos, Sócrates se dice a sí mismo: “De modo, Sócrates, que no te dejes convencer por Critón, sino por nosotras, las leyes.”

Entonces, Critón dice: “Realmente, Sócrates, no tengo nada que decir”.

Y Sócrates concluye: “Entonces, mi querido Critón, dejemos así las cosas y sigamos la senda que el dios nos ha trazado” (la coherencia moral de aceptar las leyes aunque suponga sacrificar la vida).

Este es el fondo moral del pensamiento europeo, y por eso Puigdemont está fuera de él.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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