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DESDE ULTRAMAR

Chináfrica

Marcos Marín Amezcua
jueves 25 de enero de 2018, 20:14h

Que exista el vocablo Chináfrica nos advierte que China ha desbordado sus fronteras, que hay un imperialismo chino como lo hay ruso o yanqui, y que se ejerce. Por si algunos siguen viéndola así sea de lejos, únicamente como pagodas, dragones y su Gran Muralla, como persisten. Seré justo: para algunos más, China se complementa con su comida barata al dos por uno o para dos y su horóscopo.

Es urgente rectificar de una vez por todas lo que se piensa de ella. Ya luego más nos vale tenerla presente por lo que es: la segunda potencia comercial e inversora del globo, pisándole los talones a los Estados Unidos en muchos rubros (lo que decirlo jode a los yanquis mismos y a los proyanquis, a quienes mando un saludo aunque nieguen que me leen) y desde luego que China no quiere ser segunda potencia militar y trabaja en ello a pasos agigantados. 2035 es su meta.

Y en este último rubro deje usted que China sea una potencia nuclear, que participe de la carrera espacial y que incursione atolondrada en la especulación monetaria mundial, insistiendo en que su moneda, el yuan, sea una de referencia poniendo en jaque a los mercados que no se dejan quitar el monopolio prevaleciente de monedas duras. Es que China está presente y no puede obviarse más.

En 2017 China dio un paso firme en su expansión planetaria, instalando una base militar en Yibuti, en pleno Cuerno de África –estratégico para el paso del comercio mundial– y es una advertencia de que no se van a detener, pero disfrazándola apologética y eufemísticamente de cooperación discreta –una cara de varias de su múltiple imperialismo– como la describen los medios de comunicación chinos en idioma español. Esos mismos que de manera constante exaltan a su líder Xi Jinping, que contrasta con el petulante y racista Trump. El ardid se entiende, pero no cuela. Parca, China ha expresado que no se trata de una base militar y aclara que ya hay otras bases en ese país, cosa cierta. Faltaba más. Se trata de un verdadero “centro de operaciones”, de apoyo logístico que facilite la cooperación, la vigilancia, combatiendo piratas y fomentado Misiones de paz. Una base militar, pues. La primera fuera de su territorio. Desde luego que se agarró al más tonto para endilgársela, Como suele decirse: lo difícil es la primera vez o como también se afirma: lo difícil no es meterlos, sino luego sacarlos.

Es que China apuesta a un rol más activo en la geopolítica internacional, colándose por la parte más débil: África. Es un paso relevante. Su presencia allí ha de alertarnos. Juega su carta y no cede. China ha negado sistemáticamente que se expanda, mientras recogía África, ajuarándola con soporte material en el nombre de la buena voluntad, como marcan las formas; una infraestructura al continente africano a cambio de sus recursos naturales con que alimentar crecimiento chino y así van granjeándose los favores, los votos, los apoyos, de países que, dejados a su suerte por el imperialismo europeo, encontraron un nuevo cobijo en Pekín. Pekín, como que solo hay perros pequineses y no beijineses. Porque la saqueada África da todavía para mucho, mientras no la juzga con la memez y el desatino de Trump, que ha llamado “países de mierda” a varios africanos –cosa condenada por la ONU y la Unión Africana– evitando roces innecesarios ni tener que negarlo, como cobardemente lo hizo el yanqui.

Y con este panorama ¿cómo va la cosa con Washington? Mal, como no podía ser de otra forma, estando Trump al frente, ya con un año de tropiezos y mentecatez. El desencuentro Washington-Pekín es real. Con China, EE.UU. ha chocado en todos los temas: Siria, Jerusalén, Corea del Norte, apoyándola, por el apoyo estadounidense a Japón, deplorándolo, o por las medidas económicas proteccionistas de EE.UU., la definición de derechos humanos y hace valer su postura rebatiendo imposiciones unilaterales. Es lo correcto. En la apertura de las sesiones de la OMC en Buenos Aires, en diciembre pasado, China ha rechazado las acusaciones burdas de Estados Unidos contra prácticas desleales que se “aprovechan” de su país. China ha respondido que “apoya la globalización económica y el sistema multilateral de comercio, condenando el proteccionismo estadounidense”. Sabiendo que Estados Unidos suma derrotas y abandonado por antiguos aliados, China se anota varios tantos al conocer, además, que no ha podido imponerse en las negociaciones del TLCAN y mientras escribo esto se va a la sexta ronda que augura entre otros escenarios, que EE.UU. termine por levantarse de la mesa.

La postura estadounidense de cuestionar el avance de los demás países tildándolos de abusivos, evidenciando no ser ya más un país competitivo y rechazando las reglas que impuso al mundo –cuando estas ya no le favorecen– las responde un mundo que no está para amenazas ni para recriminaciones en medido de esta crisis, y si sacan raja será porque nuestro mundo es una zopilotera, en que muchos países aplican la misma política bien aprendida a los EE.UU.

Se comprende así porqué la intelectualidad estadounidense no le quita el ojo de encima a China. Pasa. La denosta, la critica, la cuestiona y emite sesudas alusiones ramplonas repitiéndose que China jamás alcanzará a los Estados Unidos. Y lo importante es que ya no duerme tranquila. China lo ha conseguido.

Desde luego que yo no soy pitoniso ni adquirí los derechos reservados del oráculo de Delfos, pero sí tengo la capacidad de observar y admitir la decadencia de los EE.UU. y del ascenso chino, más rápido de lo pronosticado, imparable, no sé si imbatible. Mas en esta década casi terminada atestiguamos la consolidación china, en tanto ponderamos el embrollo estadounidense centrado en si eligen una mujer y en cómo mantener el tren de vida capitalista, basado en el sobreendeudamiento gastándose la trillonada de la que carecen, apoyados en el despilfarro y el desperdicio. Los chinos nos advierten que hay otras maneras de desarrollo sin tanto aspaviento y van ascendentes, haciendo gala de la milenaria paciencia china.

Si fuera verdad la cifra dada por la Federación de Comités de Solidaridad con África Negra, el comercio China-África creció en una década, de 10 a 115 mil millones de dólares y un millón de chinos se trasladó a África. No es poco, entretanto cae aquel continente en su órbita.

En el reciente noveno foro China-CELAC, Pekín ha expresado su intención de construir puentes de acercamiento comercial con la región latinoamericana, que contrasta con la política de confrontación de la zona con EE.UU. y de contención antichina emprendida por países recelosos de su poder, como México y Chile. Es un reto a Estados Unidos en su zona de juego, no olvidándonos de que ningún país de la región ha sancionado la burda expresión “América para los americanos”. Dicen algunos que México buscará ayuda rusa o china si Trump persiste con sus desplantes y majaderías. Desconozco si eso será posible y positivo, porque desde luego no será gratuito, pero con tal de darle en la cara al yanqui, la medida será adecuada.

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