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El limbo jurídico y político de Cataluña

martes 06 de febrero de 2018, 13:59h

Los letrados del Parlamento catalán han vuelto a retrasar el informe sobre los plazos para investir al presidente de la Generalidad tras el aplazamiento del pleno que decretó el presidente de la Cámara, Roger Torrent. Se prolonga así la incertidumbre sobre los mecanismos para elegir al nuevo presidente.

Según el reglamento, el Parlamento tiene dos meses a partir de la primera sesión de investidura, pero no está claro si el tiempo empezó a correr el día que se suspendió el plenario o si aún no ha empezado la cuenta atrás al no celebrarse el debate.

Mientras tanto, los representantes de ERC y JxC peregrinan a Bruselas para intentar pactar con Puigdemont una salida del laberinto en el que se encuentran los separatistas y poder presentar un candidato sin procesos judiciales pendientes para que arranque la legislatura antes de poner en riesgo la mayoría parlamentaria con unas nuevas elecciones.

El expresidente de la Generalidad parece conformarse con una salida digna que suena a estrafalaria: ser elegido por la Asamblea de Cargos Electos (los alcaldes independentistas) como presidente del Consejo de la República, con sede en Bruselas. Pero exige presentar él mismo al candidato que, tras ser elegido presidente de la Generalidad, debería consultarle todas las decisiones en su despacho de Waterloo

En realidad, los dirigentes de ERC y JxC solo quieren quitarse de encima a Puigdemont con el regalo envenenado de “presidente simbólico” para evitar que bloquee la investidura con los veinte diputados que controla. Y pese a lo descabellado de la nueva propuesta del ex presidente, estudian la posibilidad legal de complacerle con alguna fórmula que no obstruya la investidura efectiva de un candidato separatista.

Mientras tanto, pasa el tiempo y Cataluña vive en un limbo jurídico y político. Los partidos separatistas negocian a cara de perro una salida del atolladero y los constitucionalistas parecen haberse olvidado del pacto que firmaron para hacer frente al secesionismo. Todavía no se sabe ni cuándo ni cómo arrancará la legislatura. Y todavía no hay que descartar que la megalomanía del prófugo termine en unas nuevas elecciones. El esperpento continúa. El artículo 155 sigue y seguirá vigente por culpa del empecinamiento de Puigdemont. Pero nadie se atreve a decírselo a la cara. Y así, ¿hasta cuándo?
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