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TRIBUNA

Conquistar la reactivación económica

Fernando Zamora Castellanos
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fzamoraabogadosorcr/7/7/16/19
martes 13 de febrero de 2018, 20:40h

Tal como se sabe, lo importante no es necesariamente urgente, y a la inversa. Si bien es cierto la prioridad política importante es la elevación de la cultura de las naciones, usualmente la prioridad urgente, o inmediata, es la reactivación de las economías nacionales. Toda reactivación económica debe impulsarse sobre seis pilares. El orden en que los analizaré, no implica el de su importancia. El primero de ellos radica en la simplicidad legal o bajo costo de legalidad. ¿Qué es esto? La complejidad legal se refiere al costo en tiempo, recursos y dinero en el que incurre quien desea iniciar o sostener una empresa. En su estudio sobre las restricciones al entorno competitivo de las empresas latinoamericanas, el investigador Emilio Zevallos documentó profusamente las estadísticas que demuestran cómo el alto costo de complejidad legal incide negativamente en la activación de la economía doméstica. Así, uno de los parámetros para reactivar las economías nacionales, consiste en implementar una política pública que promueva una baja complejidad legal de operación. Para ello, es indispensable aprobar medidas hacia ese objetivo, como lo son por ejemplo, una simplificación del silencio positivo contemplado en nuestras legislaciones administrativas, o también levantar un inventario desregulatorio que permita medidas tendientes a minimizar dicha complejidad y su costo. El segundo parámetro se refiere a los bajos costos operativos generales de la actividad empresarial. Con excepción de los salarios, que preferiblemente deben ser crecientes, todo gobierno debe priorizar políticas públicas que promuevan la reducción del costo de los recursos no humanos, como lo es la energía y demás recursos de capital que son indispensables para operar. Léase recursos financieros, o por ejemplo el precio de los diferentes instrumentos y herramientas de operación, entre otros. Esto porque los bajos costos en esos rubros son un elemento determinante que hace que el inversionista decida asentarse en un país, o bien mantenerse en él. Y algo que incide gravemente en la operatividad de una empresa nos refiere al tercer pilar de toda reactivación económica, que estará condicionado por la constancia en la inversión y modernización de la infraestructura nacional. El esfuerzo sostenido en infraestructura es casi tan importante como la educación del pueblo. Tan fundamental lo es, que éste representa un rubro en el que incluso amerita que el país se endeude, pues siempre devolverá con creces el dinero destinado en ello. Y adviértase algo en este aspecto: además de que esencial invertir en infraestructura, esto debe hacerse siempre con celeridad. En materia de infraestructura los atrasos en tiempo resultan exponenciales en aumento de costos, perjuicio para la sociedad y obstáculos para su ejecución. Anoto esto porque, a la hora de invertir en infraestructura, no basta una mera valoración de costos, sino además debe justipreciarse qué tan ágiles y rápidos son los mecanismos de ejecución y contratación de los proyectos. La experiencia nos ha demostrado la inoperancia de algunas figuras contractuales cuya demora en la ejecución no solo encarece la obra, sino que finalmente la torna inviable.

El cuarto pilar es una sostenida política de atracción de inversiones. Vale advertir que los países no deben limitarse exclusivamente a la promoción de inversión en alta tecnología. Debe existir un régimen laboral que regule la industria en alta tecnología, y otro diferenciado para la industria de bajo impacto tecnológico. Esa que contrata trabajadores de baja escolaridad. En las sociedades latinoamericanas existen aún importantes segmentos poblacionales con bajos índices educativos, y pese a ello, debemos reconocer que hemos menospreciado las inversiones de baja tecnología, como lo es por ejemplo la industria textilera y maquiladora de poco valor agregado en conocimiento. Muchísimas jefas de hogar y ciudadanos de baja escolaridad viven de la industria de bajo impacto tecnológico. Un gran causante del aumento de nuestro desempleo es el hecho de que prácticamente toda esa industria ha emigrado a otros continentes, pues tenemos una política hostil hacia ellas. A ese tipo de industria se le puede ofrecer zonas económicas con un régimen de carga social diferenciado por ejemplo.

El quinto pilar de la reactivación tiene que ver con un viraje de la política vocacional en la educación. Las estadísticas nos indican que la fuerza centrífuga de nuestra vocación educativa sigue siendo la formación para el empleo. Y además, usualmente dirigida a actividades asociadas a la ciencia social: léase docentes, administradores, abogados, economistas y contadores, entre un largo etcétera exclusivamente dominado por dicho entorno del conocimiento. Sin embargo, otros aspectos que hoy son indispensables para insertar a Latinoamérica en la competitividad mundial, como lo es el estímulo de la vocación emprendedora, o el fomento de los currículos referidos al entorno tecnológico, científico y de ingenierías, todavía son prácticamente inexistentes en este país. Ofreceré solo un ejemplo para ilustrar. Si bien es cierto un país como Costa Rica cuenta con excelentes ingenieros especialistas en estructuras o en hidrología, contamos con poquísimos especialistas en carreteras. Y es imposible dar el salto al desarrollo, con una vocación curricular orientada al limitado epicentro de la ciencia social. El sexto pilar, el más importante de todos, es el que tiene que ver con las culturas nacionales. Cuando escribo de cultura nacional no me refiero a la acepción referida a las bellas artes, sino a la cultura que fundamenta los preceptos de vida cuya finalidad es forjar el carácter humano. La cultura es la que nos enseña a vivir, pues es la que forja los criterios que son indispensables en el camino de la existencia. Las sociedades cultas no lo son porque estén informadas. La cultura es algo superior a los datos; implica principios anteriores al conocimiento. Es la formación que nos permite entender el valor, -o no- de todo cuanto percibimos y experimentamos. Sin ella, las sociedades no tienen posibilidad alguna de prosperidad económica.

fzamora@abogados.or.cr

Fernando Zamora Castellanos

Abogado

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