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DESDE ULTRAMAR

El Tío Sam estrellándose al sur

Marcos Marín Amezcua
jueves 15 de febrero de 2018, 21:23h

Rex Tillerson, el secretario de Estado estadounidense, ha emprendido su primera (atropellada) gira por América Latina, ya que no ha renunciado como se rumoreó meses atrás, al no cristalizarse las diferencias con su impresentable jefe, Trump, la peor cara del Tío Sam desde los tiempos del racista Teodoro Roosevelt, quien invoca igual la Doctrina Monroe, arrogándose el derecho a intervenir en la región que medio descuidó su país.

Tillerson acude a las vecinas repúblicas a plantar cara no como un procónsul a lo Cuba precastrista, aunque les fascinaría serlo a los yanquis, nunca resignados en Washington a no mangonearla más, como lo hacían; empero, viene para reivindicar los tiempos idos en que su país sí era competitivo y no como ahora, que nos advierte antes de emprender su no bienvenida visita, que hay imperialismos como el ruso o el chino que merodean la región (comiéndole el mercado) y, para más inri, dice la bobada de que tales imperialismos no ven por nuestros intereses, sino solo por los propios. Téngase mucha cara al decirlo.

¡Ja! Se le habrá pasado el güisqui del Tenesí al señor Tillerson o es que Rex ha tragado más hot-dogs de los necesarios, porque empachado nos está diciendo tres cosas entre tanto disparate: 1) que sí hay imperialismo yanqui (negado de siempre), 2) que este opera en la región a sus anchas –como el que la ha saqueado a su antojo– y desde luego, que 3) habla como si las empresas estadounidenses avaladas y solapadas por su gobierno, sí, el de Washington, solo hubieran venido y vinieran como hermanitas de la caridad a dar y no a llevarse. Darán, pero un pan por el costal de harina que toda la vida han sacado de estas tierras. Resulta ofensivo que Trump grazne farfullando que hay países que le roban al suyo. Será que ladrón que roba a ladrón... Y desde luego porque contamos con gente que pasa de la admiración al encandilamiento con los yanquis, que no es lo mismo. Útiles son para canalizar esos extraños intereses entre nosotros, por desproporcionados y leoninos que resultan. Esto mientras la CEPAL advierte que la región otra vez depende más de los precios de sus recursos, esos que malbarata y los yanquis compran a lo que se les antoja.

No solo es que Moscú le ha contestado al lenguaraz, que ellos construyen puentes y no muros (aplausos, sí), sino que Rex se ha dado de frente con una América que no necesariamente alcahuetea a su país en estos momentos, como también le habría encantado a Washington, mientras ve como pierden influencia regional. Porque…la relación de Estados Unidos con los países latinoamericanos hoy, es lejana y tira a mala, pues Trump la ha entorpecido, enrarecido y hundido. El cretinismo, la necedad, la estupidez de Trump abonan muy poco a favor, quedando lo visto: recurrir al chantaje y a la amenaza abiertas. Un verraco en toda regla el mandatario yanqui, si juzgamos a su conducta. Que le aplauda quien le deba algo. Allá cada quién. Conmigo no cuente. Eso sí: que no se adorne tanto.

La influencia yanqui a la baja en la zona obedece al menos, a tres factores: 1) La atención prestada al Golfo Pérsico apropiándose de su petróleo, 2) China y Rusia en ese juego de carambola a tres bandas que supone ser esa posible segunda Guerra Fría y 3) el desmerecimiento que su desatención provoca en una generación de latinoamericanos que no siempre tiene la necesidad de aplaudir todo lo que provenga de los Estados Unidos. Mientras, Trump dice que la lucha antidrogas ha fracasado y esos países se ríen del suyo, amenazando con retirar “su ayuda” dirigida al combate antidrogas, y llama como mal chiste al TLCAN, del que tanto se ha servido igual, amagando con que si no se acepta su locuacidad del muro no habrá más, revolviendo migración y comercio, amañadamente. Y que recuerde que su país se negó a incluir el tema migratorio en la negociación original y hoy pagamos todos las consecuencias de su irredenta ceguera. Lo que hay.

Hablar de gobiernos colaboracionistas como el de Argentina o México, es desconocer o sintetizar sin más, una relación compleja entre la región y EE.UU. y no abona a lavarle la cara a gobiernos burdos como el de Maduro y de los cómplices de Chávez. Pero igual no aprende el funcionario yanqui, quien aún no había dejado su país cuando amenazó con la posible sanción petrolera a Venezuela, como si oyéramos al racista Teodoro Roosevelt y su política de las cañoneras. Un lenguaje tan estúpido y belicista desde el Potomac no habíamos oído desde la invasión de EE.UU. a Panamá (1989), la última sufrida injustamente por el vecindario a manos de su morador gandalla, rompebroqueles, abusivo y pandilleril. Y limitarse a decir que hay una geopolítica de militarización y petróleo es reducir mucho la visión de una intrincada relación bilateral, avocados a circunscribirla a tales fenómenos. Merece usted aquí otro enfoque y una lectura diferente, como la obtiene con estas líneas. Desde luego que no considero exitosa la gira, como prematuramente la han calificado. Hay visos de que no lo fue. EE.UU. no pudo.

Por otra parte, Tillerson encuentra una zona donde igual Ecuador por fin rechaza la reelección indefinida de lo que yo llamo el caudillaje impostado de democracia, que otros países sientan en el banquillo de los acusados a exmilitares miserables, u otros han depuesto presidentes. Cuán lejanos de la supuesta cultura política anglosajona, autollamada a dar lecciones que nadie le ha pedido, que deja mal parada a EE.UU., donde ni se atreven a juzgar a su presidente en su anquilosada democracy, quien no puede lavarse la cara del intervencionismo ruso en sus elecciones –porque equivaldría a que Trump se diera un balazo en el pie, cuán un lerdo mandatario que llama países de mierda a El Salvador y Haití (qué poquito hemos avanzado en sus mentes cavernícolas durante dos siglos) – como que no sancionan la fuerza bruta de sus militares interventores, mientras violan los derechos humanos en Guantánamo. América del Sur ha dejado atrás a EE.UU..

Y empezó por México el (tirano) Rex el 2 de febrero, en el 170 aniversario del Tratado de Guadalupe-Hidalgo –un mutis– con el que su país lo despojó de más de la mitad de su territorio, zanjando la guerra entre ambas naciones y días antes de cumplirse los 120 años de la misteriosa y provocada voladura del Maine. Con México la situación es ambivalente, en tanto que EE.UU. no ha podido imponerse en sus exigencias renegociadoras del TLCAN, siendo el país más insultado por Trump en Twitter. Por eso escalda y es indignante que el chiquilicuatro ministro de Exteriores mexicano, el aprendiz confeso en el cargo Luis Videgaray, colocándose de tapete dijera que la relación actual (que es mala) es mejor que cuando Obama. No cabe duda que el sujeto esta falto de entendederas. Lo normal perteneciendo a un gobierno moribundo vendepatrias como es el del PRI que, irresponsable, no frena ya la retardada renegociación del TLCAN, el TTP o la actualización del tratado con la UE –a meses escasos de las presidenciales mexicanas– hipotecando así nuestro futuro. El priista Peña Nieto demostrará su incapacidad y su ignorancia hasta el último momento, recordándonos porqué el PRI no es opción en nuestras preferencias electorales de 2018.

Tillerson amenazando desde México con la intervención en Venezuela (a lo que irá solo, todo indica, tras el titubeo argentino y peruano), luego ha mostrado algo de inteligencia apabullante reconociendo en Colombia que EE.UU. es el destinatario principal de droga producida en la región. ¡Vaya descubrimiento! Es más listo que una ardilla. Cololmbia le ha enumerado sus enormes pérdidas en la guerra antidrogas, recordándoselo. En Perú elogió al Grupo de Lima mediador en el tema venezolano y en Jamaica ha expresado que evaluarán el impacto petrolero al Caribe, ante las sanciones a Venezuela. Y recordemos que han retrocedido las relaciones con Cuba, proponiendo a un embajador, Goldberg, expulsado de Bolivia en 2008. Puros desaires como la indecisión de Trump de asistir a la Cumbre de las Américas en Lima. Así, EE.UU. se estrelló al sur. Lo normal y esperado ante tantas desconfianzas y recelos mutuos. Ya lo dijo Bolívar: Ese país está llamado a llenar de miserias a la América hispana. Y cuán acertado.

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