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LETRAS DESDE MÉXICO

Divagaciones pre-electorales

sábado 17 de febrero de 2018, 19:49h

Miremos, como en una interminable sucesión de imágenes contrapuestas entre sí, el país de la redentora democracia electoral (hasta ahí ha llegado) en medio de un paisaje teñido, cada vez más, con el escarlata de la violencia y la sangre.

Estamos, señores, diría el gran orador de la triste ceremonia, en plena democracia electoral en los tiempos del horror.

Nada puede hacerse contra la sangre derramada, pero sí se puede hacer algo contra la blandura ineficaz de la política. Quizá no ahora, pero sí algún día, cuando con sensatez se pongan las cosas en su sitio y los procesos electorales sean nada más eso y no imposibles sucedáneos de la organización nacional entera.

La democracia debe ser un sistema equilibrado y justo de convivencia y no –gracias, Thomas Carlyle--, “el caos provisto de urnas electorales”, como hasta ahora sucede en México. Ese mismo pensador dijo de la democracia (al menos en el anhelo de su tiempo), “…es la desesperación de no encontrar héroes para dirigir al pueblo”.

Pero el pueblo, dicho así, como la indefinible masa de conciencia sin conciencia, la multitud irreflexiva y urgida nada más por las acuciantes necesidades del día a día; la masa sin ideas ni pensamientos, es quien eleva al demagogo y otorga poder al miserable. La culpa es de la masa, no de quien la amasa.

Vuelvo a Carlyle:

“…El peor pecado es el diletantismo, la hipótesis, la especulación, la búsqueda de “la verdad”, como pasatiempo, jugando y tomándola a broma, raíz de todos los pecados imaginables, que se agarra al corazón y al espíritu del hombre que nunca veneró la verdad, sino que vive de apariencias, que no solo dice y origina falsedades, sino que es una falsedad todo él…”

Las palabras de los políticos –como lo hemos visto entre la resignación y la burla-- forman interminables ríos de aire. La palabrería vacua, insulsa, sin m

érito más allá del tiempo radiofónico, los spots o la nada expuesta como nueva ideología. Humo, vaho sucio en el espejo de cada mañana.

Nadie aporta algo, cuando más señala vicios ajenos, virtudes propias. Vituperios en la boca de cada quien, lanzas de verbo sin calidad en los momentos actuales porque las precampañas (prepatrañas) no permiten abrir la capa de la frase o la oración, pero mucho menos evitan el escudo de la apariencia.

La forma como se ha estructurado la ley electoral es un bodrio absoluto.

Y todo se debe a la mentira original: todo fue una moneda de cambio, cuando el Pacto por México no era un acuerdo constructivo de voluntades políticas en un sentido estricto, sino un casino donde las monedas de la ruleta fueron chantajes abiertos a los cuales el gobierno cedió para lograr sus fines, sin reparar en el costo de entregar por una parte cuanto por la otra se lograba. Así nació la nueva ley con todo y el Instituto Nacional Electoral. Una maniobra; no una obra.

Pero si el sistema electoral es defectuoso, no guarda responsabilidad en los defectos congénitos de los competidores.

Las tres alianzas son francamente inexplicables e impresentables. Quizá la menos antinatural sea la del PRI con el Verde y la Nueva Alianza, pues estos dos nacieron, desde el poder, como parte de una estrategia atomizadora del voto. Uno en tiempos de Salinas y la otra después, pero con una inspiración cupular de la maestra Gordillo.

Pero los maridajes y los injertos de variedades, la cruza de burras y caballos, nos dará las mulas con cuyo cansado trote debemos arar o bogar en el mar de las ilusiones mientras la realidad habla con pistolas y granadas.

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