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TRIBUNA

Castellano

domingo 18 de febrero de 2018, 19:51h

El idioma español, que un día sirviera para unir pueblos, hoy divide a los españoles. El Gobierno de España, que a través del Instituto Cervantes defiende la difusión del castellano en todo el orbe, no sabe cómo defenderlo en la nación. El PSOE menos aún. Ciudadanos sí parece tenerlo claro. Los independentistas catalanes arrinconan el castellano e imponen el catalán (otra lengua española), a sabiendas de que no es la lengua de Messi, ni de Suárez ni de Coutinho.

Los países latinos siempre tuvieron una mentalidad semejante que nace de análogos sentimientos religiosos, de idiomas del mismo tronco, de parecida concepción de la vida, como brotado todo en la misma fuente de la Roma eterna. Por eso, Europa fue un tiempo Cristiandad. Pero con la Reforma y la Guerra de los Treinta Años se rompió aquella unidad arraizada en valores cristianos. Entonces se inició el culto polimorfista a las nacionalidades, a los sedicentes genios de las razas, a las lenguas, como factor de diferenciación. Siglos más tarde, sacaría provecho de todo eso Molotov, el ministro soviético de Exteriores, un hombre que sabía decir “no” en cincuenta y seis lenguas. Como el insigne Fray Juan de Pineda, archimillonario del idioma. El examen que León Van Vassenhove hizo de la evolución de Suiza demuestra cómo las diferencias geográficas, étnicas y de lengua, que se aducen como obstáculos para la unidad europea, concurren igualmente en la Confederación Helvética. Vassenhove colocaba en su proyecto de Constitución europea al cristianismo como base de la civilización occidental, ya que consideraba indispensable una mínima unidad moral. Hoy los europeos creen más en la Champions League y en Eurovisión que en la propia Unión Europea.

Nosotros, los españoles, que supimos proyectar una comunidad de naciones con nuestros hermanos de ultramar, quizás la más fuerte y flexible de la Historia, sabemos lo importante que es el lazo espiritual del idioma. Rezar a Dios en español sobre las dos orillas del mar de la Hispanidad ha generado con el correr de los años un vínculo familiar entre los pueblos hispánicos, un mismo sentido de la vida y de los valores éticos. Conservamos el sentimiento de servir a un ideal colectivo. Cuentan las crónicas que en diciembre de 1949 partieron de Cádiz rumbo a América Leopoldo Panero, Luis Rosales, Antonio de Zubiaurre, quienes, juntamente con Agustín de Foxá, que había de unírseles en La Habana, constituían la embajada poética que España envió a los países hermanos de aquel continente. Poetas a América. Poetas de América. Común a todos, un espíritu: el espíritu de la lengua de Cervantes. El idioma español debiera ser otra vez la proa verdadera de nuestras misiones de anchura universal. Y para eso nos bastamos cada uno de nosotros como españoles de verdad cuando viajamos por el mundo. Nos sobran el Gobierno y el 155. ¡Ya está bien de pusilanimidad!

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