Vaya, ¿es tan evidente?
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 13 de julio de 2008, 21:08h
Silvio Berlusconi es un “diletante político que llegó al cargo sólo mediante el uso de su considerable influencia en los medios nacionales”. No se trata de una posible acusación realizada por la oposición o por un periódico extranjero con ideas políticas diferentes a la del Primer Ministro Italiano. No. Il Cavaliere era descrito de esa manera en la biografía oficial distribuida por la Casa Blanca a los periodistas que acompañaban al Presidente estadounidense, George W. Bush, durante su visita a Japón para el G8.
El texto, ciertamente poco halagüeño, considera a Berlusconi como “uno de los líderes más controvertidos en la historia de un país conocido por su corrupción gubernamental y su vicio”. En el pequeño dossier de prensa, se describe a la carrera política del mandatario italiano como dudosa, poniendo incluso en discusión la legitimidad de su cargo y su integridad personal. La misma biografía, que cita como fuente de origen Encyclopedia of World Biography, se refiere al líder italiano como un empresario con grandes propiedades e influencia mediática: el dinero le sirve para financiar su campaña con la promesa de “purgar de corrupción el notoriamente apático gobierno italiano”. Finalmente, la presencia en el texto de “algo insólito” ha sido descubierta a causa de las carcajadas y las caras de estupor de los periodistas estadounidenses, provocando las disculpas oficiales de Washington y una “carta de amor” de su amigo tejano.
Pese a que efectivamente algunas declaraciones resultan fuertes e indocumentadas, lamentablemente, la mayoría de las informaciones corresponden a la realidad. Muchas de las afirmaciones son “verdades como puños”: que Berlusconi sea un empresario “prestado” a la política no resulta nada nuevo. Tampoco constituye un descubrimiento la atracción por el dinero que sentía desde su juventud, tanto que vendía sus apuntes a sus colegas o trabajaba por las tardes: insólitamente, Berlusconi se ha mostrado molesto por esas revelaciones y por la descripción de algunos trabajos realizados al inicio de su carrera.
Sin embargo, no hay vergüenza en haber empezado la propia carrera empresarial vendiendo aspiradoras puerta a puerta o cantando “La vie en rose” en cubierta de un crucero por el Mediterráneo. Ni siquiera se puede negar su poder mediático: Berlusconi es el dueño de la mayor red televisiva italiana con cuatro canales nacionales y goza del poder de control sobre los tres canales públicos en cuanto Presidente del Consejo. Hasta aquí, no se trata de valoraciones sino de hechos y anécdotas que pertenecen a su subida al poder. Las dudas sobre sus adquisiciones económicas (y políticas) presentes en el documento, quizás sean determinadas por las 2500 citaciones judiciales o por el interés provocado en 789 fiscales y jueces; pero ya nos adentramos en un terreno peligroso.
Más discutibles parecen las acusaciones al país: que Italia esté viviendo una crisis en todos los órdenes, es un dato incontrovertible. Sin embargo, pese a que efectivamente la corrupción o el vicio pertenecen al mal hábito italiano de los últimos tiempos, Italia sigue representando un país conocido en el mundo por su cultura, la calidad de su moda, la belleza de sus ciudades y monumentos, el valor de su historia y la bondad de su comida. Los estereotipos siempre son negativos al par que las generalizaciones. El incidente parece surrealista, provocando perplejidad e hilaridad, aunque más que nada debería generar preocupación que semejantes valoraciones aparezcan en un documento oficial estadounidense. Posible que haya iniciado una etapa de ocaso-decadencia para Italia: por extraño que resulte, ¿y si se han enterado los estadounidenses antes que los italianos mismos?
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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