Esta vez nuevamente pongo sobre la mesa el tema olímpico. Los JJ.OO. de invierno ya transcurren y están en su recta final y van revestidos de sus particularidades, lo que no es novedad per se, que ameritan atenderse, porque pueden movernos al inmerecido despiste y al equívoco en nuestras apreciaciones más empíricas estrujando nuestros corazones, un pelín manipulados. Quizás ya sucede.
Tengo presente la lejana designación de la sede a Corea del Sur. Después de los exitosísimos Juegos Olímpicos de verano Seúl’88, los sudcoreanos se encaramaron al deportivismo, en serio: organizaron conjuntamente el Mundial de 2002 con Japón, en el mismo año en que acogieron los Juegos Asiáticos en la ciudad de Busan. El país ha efectuado la Expo Internacional de 2012 en Yeosu, luego de perder la sede de la Universal de 2010, organizando también los Juegos Asiáticos de Incheon 2014 y ahora estos, sus juegos olímpicos de invierno. Suma a los países que han hospedado tanto la edición olímpica estival como la invernal. Enhorabuena por su tesonero esfuerzo sostenido, que va en serio sin concesiones.
Ya luego viene el jaloneo dentro del Comité Olímpico Internacional (COI), menos brillante, pero igual de llamativo. Lo expresé en este espacio cuando arribó a presidirlo Thomas Bach: su llegada sonada a poner orden y todo indica que sí. Adelantaba que sería rudo y por ende, ni habrían de salir avantes las zalamerías buscando ser sedes olímpicas ni el permitir que el tironeo entre potencias o los intereses comerciales desbordados terminasen por doblegar el organismo que preside. Y todo apunta a que así ha sido. Bach ha impuesto la visión del COI, no exento de asegunes y enfrentamientos.
El mazazo más reciente se lo ha propinado el COI a los rusos. Sí, en efecto, la potencia deportiva y militar que es Rusia ha hecho que el COI rectifique, pero no en lo sustancial: los rusos al final han participado después de ser expulsados de la justa olímpica por actos de corrupción del control antidopaje ruso –con el cual obtuvieron preseas y récords indebidos– mas han acudido marcados como “olímpicos de Rusia” y sin uniforme oficial, debiendo tragarse la humillación de que bandera e himno sean los olímpicos en sus presentaciones. Algo inusitado, pero severo. Bach ganó la partida a Putin, pese a que el Tribunal de Arbitraje Deportivo anulara las sanciones a 28 de los 42 atletas señalados por dopaje, por falta de pruebas. Y es verdad, el cabildeo ruso no cesó. En aras de que los deportistas no fueran afectados por su ausencia, Rusia apoyó que acudieran, pero bajo los estrictos condicionamientos del COI.
Que detrás de estas sanciones pudieran estar los Estados Unidos, que si los intereses comerciales, que si la bendición, sí...todo eso ya es lo de menos. Porque nada de eso minimiza que Rusia como el resto de las potencias deportivas, han permitido dopajes y cuantas triquiñuelas se propinen y procedan para encumbrar a sus deportistas. Independientemente de que sea una competición desleal, dejan a los países más pobres ajenos a tales beneficios. Eso es inequitativo. Subyace una inequidad antiolímpica, evidente, después de todo. ¿Cuántos podios se han alcanzado sin derecho real a ello? Bach ha apuesto el dedo en la llaga. Y tengo la impresión de que no será Rusia la única que resienta las respuestas del COI. Y me alegro.
Las bolas de nieve arrojadizas al rostro de Putin, lo han enfurecido, pero no ha tenido de otra más que aceptar las sanciones del COI a la delegación rusa. Quedaron ambas partes a espadazos parejos y si me apura, considero que el triunfo es del COI.
Luego vienen las otras bolas de nieve lanzadas entre sí por las Coreas. La sede sudcoreana y el superior discurso de la posible unificación de las Coreas son un paliativo hipócrita que desvía el punto de conflicto subyacente. Es una película que ya vimos por tercera vez y nada pasa cuando se unifican equipos y banderas para despertar falsos sentimientos mundiales de solidaridad y esperanza de que se unifiquen y haya paz y armonía. ¡Pamplinas! Efímeros como amores de antro. La tensión persiste y ahora con la locura de que ya puede haber armas nucleares de por medio. Me molesta esas manipulaciones que en el nombre de la bonhomía, plantean que las Coreas se reúnen supuestamente por el olimpismo. Ni se reúnen ni nada. Pura pose, pura ficción, pura simulación y pare usted de contar.
Nos queda China a la vista como la receptora de la estafeta de los JJ.OO. de invierno 2022. Pekín es la sucesora de Pyoengchang. Qué sintomático me resulta que Asia lidere competencias. ¿Es que el dinero se ha marchado hacia allá? ¿o es que saldrá más barato el tinglado? Amén del aun tambaleante Mundial de Qatar 2022, aún en ciernes, advierten los conocedores, y de la Expo Universal de 2020 a efectuarse en Dubái, junto con los Juegos Olímpicos de verano de 2020 en Tokio, el deporte campea por Asia. No sé si porque el resto del mundo carezca de recursos, pero lo asiático se impone y de manera indubitable. Muy sintomático, no me cabe la menor duda. Nos dice mucho.
Los chinos van atentos, como los japoneses, a la justa surcoreana. Por razones similares. Serán los anfitriones albergando las sedes de las siguientes competiciones olímpicas. Ambas prometen ser un despliegue tecnológico arrollador, de órdago, que nos entusiasma y nos intriga.
Nos han electrizado estos juegos y nos entregan esperanzas de mejores versiones en un futuro próximo. Al menos en eso, han cumplido.