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DIARIOS

Salvador Pániker: Adiós a casi todo

domingo 25 de febrero de 2018, 18:22h
Salvador Pániker: Adiós a casi todo

Literatura Random House. Barcelona, 2017. 352 páginas. 19, 90 €. Libro electrónico: 9,99 €. El pensador barcelonés, de padre hindú y madre catalana, no llegó a ver publicada esta última entrega de sus diarios. La muerte se lo impidió. Nosotros podemos acompañarle en sus reflexiones, no exentas de dureza pero llenas de lucidez, sobre el sentido de la vida, la inevitable decrepitud y el recuerdo a los amigos que se fueron. Por Carlos Abella

Este es un libro demoledor y su lectura exige un alto grado de concentración, de capacidad de superar la angustia vital que sugiere su autor y un inmenso grado de ternura hacia la tremenda y lucida descripción del final del ciclo vital.

Salvador Pániker, (Barcelona, 1927) de padre hindú y madre catalana, no llegó a ver publicado Adiós a casi todo porque falleció a los 90 años en su ciudad natal el 1 de abril de 2017, justo cuando la editorial ya tenía terminada la edición, que incluía las dedicatorias del autor y la portada, que expresamente él había sugerido, un solitario ciprés proyectado sobre un horizonte de atardecer, una banda de pájaros y un entrañable camino de tierra de su querido Ampurdán, y en concreto de Pals, donde pasó tantos momentos a lo largo de su vida. Este diario ofrecía continuidad a la serie de libros autobiográficos Primer testamento, Segunda memoria, Cuaderno amarillo, Variaciones 95, Diario de otoño, que tanta relevancia tuvieron.

Esta obra es de recomendable lectura porque sugiere la inquietud del sentido de la vida, aborda la sinrazón de la muerte, se pregunta por la incomprensible e injusta decrepitud del cuerpo humano y son esas y otras palabras como vejez, sufrimiento, dolor, enfermedad, envejecimiento, las que llenan con una intensidad ejemplar las páginas de este diario que es un adiós a casi todo y un ejemplar ejercicio de análisis, de comprensión, de conocimiento de uno mismo, y de sensibilidad para el otro, y de comprensión del duro sentido de irse yendo lentamente de este mundo sin poder precipitar uno mismo el final.

Son muy reveladoras las páginas que dedica a la necesidad vital de relatar: “Mi vida si no es contada, comentada, resulta esencialmente incompleta. Mis mismos achaques si no son verbalizados, quedan opacos y en consecuencia, resultan todavía más siniestros. La escritura le da ventilación a la jaula de mi vivir disminuido” (págs. 31-32). Y también resulta duro el relato de contemplar el envejecimiento de sus hermanos, en una celebración navideña a los que “la devastación de la vejez no parece haber alterado su visión del mundo. Ambos se tienen en pie con un cierto empecinamiento, agarrados a su fe cristiana heterodoxa” (página 162).

O la descripción que le produce la muerte de su hermano, el también filósofo y sacerdote, Raimundo, con el que manifestó estar distanciado a lo largo de la vida, ya que primero estuvo en el Opus Dei, de donde fue expulsado para instalarse en la India y del que escribe: “Fue una pieza importante de mi vida en mi primera juventud, Raimundo. Dejó de serlo. Chocamos luego en diversas ocasiones -por temas, me temo más materiales que intelectuales. Pero, claro está, era mi hermano, le quería y no estoy muy seguro de expresar lo que ahora siento. No sé lo que siento. Tampoco me reprimo, sencillamente no sé” (pág. 322).

Su funeral en la abadía de Montserrat rodeado de la parafernalia oficial, le produce esta reflexión: “A duras penas he resistido la vaciedad del espectáculo, embebido en el feo templo, soportando unos ritos de los que todo arte estaba ausente, todo misterio evaporado, porque Montserrat -aparte la espectacularidad de la montaña- es como un decorado de cartón piedra que refleja escasa sacralidad” (página 321).

Pániker fue en la segunda mitad de los sesenta y principios de los setenta, un referente de la vitalidad cultural catalana, hoy jibarizada por el fanatismo independentista, y su editorial, Kairós, editó libros tan curiosos y diversos como el Manifiesto subnormal, de Manuel Vázquez Montalbán; Las Rumbas, de Joan de Sagarra, o El sadismo de nuestra infancia, de Terenci Moix. En esos años sesenta publicó dos libros que fueron muy controvertidos: Conversaciones en Cataluña (1966) y Conversaciones en Madrid (1969). Un singular resumen de conversaciones con las principales figuras políticas e intelectuales de la época.

Pániker fue el impulsor definitivo y presidente de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), y en palabras de su hijo Agustín al fallecer: “Se fue tranquilo, en su casa y sin sufrimiento”, aunque no como él había elogiado murió Hegel en la página 28 del diario que comentamos: “Hegel tuvo una muerte rápida y pacífica, a los sesenta y un años, en medio de un plácido sueño, sin haber conocido las afrentas de la decrepitud”.

Libro esencial y decisivo, escrito con una pluma precisa, rica, que disecciona como un cuchillo el sentido de la vida, la observación cruel del paso del tiempo, y la progresiva pérdida de amigos, gentes, contemporáneos que van desapareciendo, y a los que con ternura, la mayoría de las veces, dedica una semblanza y una bien urdida revelación de su vínculo afectivo, intelectual o generacional.

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