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Sin novedad en el Parlament

viernes 02 de marzo de 2018, 08:21h

El primer Pleno del Parlamento de Cataluña de la nueva legislatura resultó un calco del celebrado el pasado 27 de octubre. Los separatistas presentaron unas propuestas ilegales, Ciudadanos denunció la tropelía, Torrent, al igual que Forcadell, desoyó y despreció a la Oposición, Arrimadas pronunció un brillante discurso contra las mentiras del procés, los portavoces secesionistas volvieron a intentar engañarse con sus fantasías de independencia, Podemos mantuvo su siniestra equidistancia y a Albiol nadie le escuchó. El cuento de nunca acabar.

Pero nadie habló de desbloquear la situación, nadie propuso un programa de Gobierno y nadie presentó un candidato para presidir la Generalidad. Ya de noche, el prófugo Puigdemont renunció “provisionalmente” a esa presidencia que ni tiene ni podría nunca tener y señaló con su dedazo a otro inelegible, el preso Jordi Sánchez, acusado de rebelión, sedición y malversación de fondos. En resumen, sin novedad en el Parlamento catalán y sin novedad en el futuro del Gobierno catalán. Los separatistas mantienen el bloqueo incapaces de ponerse de acuerdo en proponer y elegir a un presidente sin causas judiciales pendientes. El artículo 155 sigue vigente.

Dos meses después de las elecciones autonómicas, los independentistas solo han sido capaces de pactar el guión de un nuevo esperpento: rendir un sentido homenaje al cobarde que huyó a Bélgica, pero para que se aparte de en medio, desbloquee la situación y pueda arrancar la legislatura. Y Puigdemont les ha dejado un regalo envenenado llamado Jordi Sánchez para prolongar ad eternum la parálisis. Ahora, en unas semanas o unos meses, el Parlamento catalán se dispondrá a votar la investidura imposible del diputado preso para volver a escenificar un aburrido vodevil, para mantener el bloqueo del Gobierno de la Generalidad y para desafiar al Tribunal Constitucional.

Mientras tanto, Cataluña sigue en un limbo político y jurídico, la gestión de las Instituciones se encuentra paralizada, los ciudadanos se sienten abandonados por la clase política y el Gobierno de Rajoy sigue esperando que los Tribunales resuelvan el embrollo. Es posible que el Tribunal Constitucional acuse de desobediencia a los miembros del Parlamento catalán que votaron a favor de admitir la moción propuesta por la CUP para reafirmar la declaración de independencia. Pero tampoco así avanzará nada. En último caso, eligen a un nuevo presidente del Parlamento catalán que siga la hoja de ruta de Forcadell y Torrent, para proclamar a Puigdemont presidente del Consejo de la República en el exilio. Nadie gobernará la Generalidad, pero los separatistas creerán tener dos Gobiernos. Uno, en Bélgica y, el otro, en Soto del Real. Y vuelta a empezar. Queda 155 para rato.

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