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TRIBUNA

Otra mentira sobre América

Natalia K. Denisova
sábado 03 de marzo de 2018, 19:30h

El siglo XIX fue el siglo del positivismo. Los estudiosos, los historiadores se empeñaban en buscar y rebuscar en los archivos, llenaban sus obras de citas extensas de los textos antiguos. La arqueología llegó a dar base más tangible a la historia: las excavaciones comprobaban o echaban a perder las teorías de los historiadores. Se suponía que con la tecnología se realizaría el paso determinante para que la historia quedara ajustada a la realidad histórica y podríamos conocer las civilizaciones antiguas y las épocas pasadas con máxima claridad y objetividad. No obstante, quedan ciertas dudas.

Hace poco ha saltado a la prensa una noticia sobre una ciudad antigua con más edificios que Manhattan y que tuvo más de cien mil vecinos. Esta ciudad fue construida por los purépecha, indios de Michoacán, pero el verdadero asombro es que una urbe de tales dimensiones no aparece en ninguna fuente escrita de la época. Sí, que están mencionadas otras ciudades como Patzcuaro y Ihuatzio. La ciudad recién descubierta se llama Angamulco y su descubridor es Chris Fisher. Su descubrimiento, si fuera verdadero, cambiaría por completo la visión de Mesoamérica. Sólo pensando en la cantidad de productos de primera necesidad, como maíz, podemos imaginar la potente agricultura que debía haber mantenido esta población.

La exageración y la lectura inapropiada de los resultados de indagación pueden ser la razón de estas comparaciones desafortunadas para un historiador. Pero es sólo una parte del problema. La prensa internacional para explicar quiénes eran los purépechas ha incurrido en repetir los tópicos de siempre. Por ejemplo, los periódicos británicos subrayaron que fue el centro más grande de la resistencia a los aztecas, pero las dos culturas colapsaron en el siglo XVI con la introducción por los europeos enfermedades como tifus. La insistencia de los medios en el destrozo de las civilizaciones indias por los europeos-españoles se vuelve cansina.

Si vemos qué fuente utilizan para ello, resulta casi inexplicable esta interpretación sumamente exageradamente trágica de la época. Los antropólogos y arqueólogos citan una fuente fundamental para conocer a los purépechas, Relación de la Michoacán, la que llaman “testimonio desesperado” y “la constancia de una cultura que se evapora”. Este testimonio “indígena” se debe al fraile franciscano que llegó a Nueva España en 1530, aprendió la lengua purépecha y fue encargado por el virrey Antonio de Mendoza a escribir una relación sobre los tarascos, es decir, purépechas. Lo que quiso el virrey fue conocer las costumbres de este pueblo para poder gobernarlo mejor. La Relación es editada muchas veces como anónima y su autor, Jerónimo de Alcalá, declara en el texto que él interpretó los testimonios de los indígenas tarascos y presentó el manuscrito al virrey en su nombre.

Los supuestos científicos, historiadores y arqueólogos, igual que la prensa mundial, se esfuerzan en mantener una visión determinada de la época del descubrimiento. Ni siquiera las nuevas tecnologías ayudan a matizar los resultados para acercarnos a la realidad histórica. Todo está al servicio de un tópico según el cual el contacto entre los españoles e indígenas fue letal para los segundos. Nada se quedó de las espléndidas civilizaciones como mexica o purépecha. La realidad de aquella época poco importa donde se quiere mantener un nuevo mito. Como hace siglos, fray Marcos de Niza vio las siete ciudades de oro, donde estaban unas aldeas indias, el señor Fisher se empeña hoy en ver un “Manhattan”.

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