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TRIBUNA

El Día de la Mujer y el internacionalismo

Juan José Laborda
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viernes 09 de marzo de 2018, 20:16h

La huelga mundial que el movimiento feminista internacional convocó por primera vez tiene un gran significado histórico. El Día de la Mujer, “el 8 de Marzo”, tiene una génesis paralela al Día de los Trabajadores, “el 1º de Mayo”. Ambos días conmemoran unos hechos que afectaron, respectivamente, a obreros y obreras de Estados Unidos en el último cuarto del siglo diecinueve. En uno y otro caso fueron la Internacional Socialista, en sus Congresos celebrados en Europa, la que inició la conmemoración reivindicativa de aquellos acontecimientos norteamericanos.

La huelga exigiendo jornadas de ocho horas en Chicago, y su posterior brutal represión, fue considerado un hito por la Internacional Socialista, dos años después que los dirigentes de aquella huelga fuesen ejecutados, reconocidos desde entonces como “los mártires de Chicago”. Desde 1889 el movimiento socialista conmemora el 1º de mayo como el Día Internacional del Trabajo, y en nuestros días es día festivo en buena parte del mundo (en Estados Unidos y en Canadá, sin embargo, se celebra en otra fecha), y está reconocido por la ONU.

El Día de la Mujer tardó más tiempo en ser reconocido por la Internacional Socialista. Aunque existían precedentes del último cuarto del siglo diecinueve de trabajadoras mártires por la represión policial norteamericana, no fue hasta 1910 cuando la Internacional de Mujeres Socialistas, en su congreso de Copenhague, propusiese el 6 de Marzo como Día de la Mujer, en memoria de las obreras del textil en Nueva York, que se manifestaron exigiendo mejores condiciones laborales, y también derechos políticos como los varones.

El 1º de Mayo fue reconocido pronto por varios países, y su reivindicación original de ocho horas de jornada se implantó progresivamente. Federico Engels, ya muerto su amigo Karl Marx, mostró por escrito su entusiasmo por la capacidad de los sindicatos para reducir los horarios laborables, y ese documento indica que Engels, al final de su vida, apoyaba y creía en el reformismo de los partidos y sindicatos socialistas.

El Día de la Mujer está recorriendo parecida trayectoria, sólo que mucho tiempo después. Empezó como fecha reivindicativa en Alemania y otros países del norte de Europa, allí donde la socialdemocracia era una fuerza social poderosa. Pero la Primera Guerra, y después la Segunda Guerra Mundial, hicieron que Europa perdiera parte de su prestigio cultural y político. De ser el Continente centro del mundo, allí donde pasaba la Historia Universal, pasó a ser un Continente ocupado por dos ejércitos, el americano, de Noruega a España, y el soviético, de la Alemania oriental a Bulgaria. Con la desaparición de la Unión Soviética, Europa se ha ido unificando política y culturalmente, aunque con las dificultades que proceden de un pasado terrible.

Creo que el retraso conmemorativo del Día de la Mujer respecto del Día de los Trabajadores se debe a una historia de división y de pérdida cultural de Europa. No es la única causa, aunque opino que explica su demora en convertir el 8 de Marzo en algo equivalente al 1º de Mayo. Al fin y al cabo, Estados Unidos y la Unión Soviética, las dos potencias dominantes y ocupantes, se caracterizaron por no compartir, o rechazar abiertamente, respectivamente, el internacionalismo de matriz socialdemócrata.

La convocatoria de la huelga es el signo de que en Europa y América empieza a surgir una colaboración para construir un futuro mundo mejor, que se hizo imposible desde hace más de un siglo. Recuperar el internacionalismo de las grandes causas democráticas -y la lucha por la igualdad y la dignidad de las mujeres es una de las principales-, es un proceso lento, pero que ya está en marcha. Además, ahora, como hace ciento y pico años, aparecen fuerzas contrarias a esas causas, y que una vez más se disfrazan ideológicamente con apelaciones a la nación excluyente, y que repudian al extranjero como amenaza para el pueblo. El nacionalismo populista, que se extiende desde Estados Unidos, hasta Italia y los países del norte de la Unión Europea, tiene en la mujer su mayor problema para dominar sus sociedades, pero también en las mujeres puede encontrar su coartada electoral más eficaz.

El feminismo es la tarea cultural y política del futuro. Hay que impedir que sea trivializado, mercantilizado, o convertido en instrumento de discriminación. La parte intolerante de las confesiones cristianas repudian el feminismo, como hace tiempo repudiaron el socialismo. En vez de aceptar el 1º de Mayo, intentaron suplantarlo con la fiesta de San José Artesano. Pero esa torpeza de la Iglesia Católica se puede explicar en parte por los errores innecesarios del movimiento obrero del sur de Europa, no así en países protestantes, donde no hubo un anticlericalismo semejante. Aprendamos del pasado.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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