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TRIBUNA

Lecciones de la política italiana

Alejandro San Francisco
viernes 09 de marzo de 2018, 20:19h

Este domingo el mundo occidental se vio nuevamente sorprendido por los resultados de unas elecciones que provocan sorpresa, interpretaciones y preocupaciones. Hay aspectos que están bastante claros, como la derrota de la centroizquierda liderado por Matteo Renzi, que llegó a un magro 18% de los votos. Esto ha significado, rápidamente, su dimisión y su paso a la oposición.

Sin embargo, el resultado es menos claro en relación a los vencedores. Queda bastante claro que el Movimiento 5 Estrellas, que fundó Beppe Grillo y que ahora dirige Luigi di Maio, logró un excelente 32% de los sufragios. En la derecha el resultado también fue novedoso: la Liga Norte, de Matteo Salvini, obtuvo un 17,5%, superando a Forza Italia, del ex gobernante Silvio Berlusconi, quienes sumados obtienen una mayoría parlamentaria.

Como suele ocurrir en los regímenes parlamentarios, esto no da un ganador claro, y tanto 5 Estrellas como la Liga reclaman su mejor derecho a gobernar. Sin embargo, esto un trabajo adicional, pues requiere acuerdos, alianzas más amplias que no siempre son bien vistas por los electores. Por lo mismo, está claro que se termina una etapa en la historia reciente de Italia, pero no queda igual de claro cuál será la etapa que comienza.

Del proceso vivido por los italianos podemos obtener algunas lecciones importantes.

La primera es que hubo una gran participación electoral, que superó el 73% de los electores. En un momento en que las democracias aparecen algo gastadas y la población emerge especialmente crítica, es valioso el nivel de participación alcanzado en la península, que permite dotar de legitimidad al sistema y fortalecer a quienes han obtenido escaños parlamentarios y aspiran a gobernar a ser oposición.

Sin embargo, hay otro tema que no siempre es bien analizado, y que ya había mostrado antecedentes en comicios anteriores. En lo esencial, se ha producido en Italia una especie de rebelión electoral, que ha determinado la caída de corrientes tradicionales, como el socialismo, mientras emergieron con fuerza el populismo y las posturas antisistema. La Liga y 5 Estrellas son críticos con el modelo sociopolítico italiano, por lo que su crecimiento y alta representación es un factor de indudable de inestabilidad del sistema político italiano, pero también es muy representativo del pensamiento y los sentimientos de los ciudadanos de estos tiempos. En la práctica, hay un rechazo de los partidos históricos, que ya había afectado a la Democracia Cristiana de manera inapelable a fines del siglo XX, y que encuentra otras víctimas políticas en los socialistas, que han sufrido resultados iguales o peores en otros lugares de Europa, e incluso del mundo.

La decadencia del socialismo tradicional, de la socialdemocracia -o de la Tercera Vía, como la llamó Anthony Giddens-, es una de las novedades más importantes de la política mundial en el siglo XXI. Esto es algo que se ha repetido en distintos lados, lo que no deja de ser llamativo, considerando que esta izquierda fue, aunque no solo ella, un factor decisivo en la consolidación de las democracias europeas en el siglo XX; además representó un factor de moderación en medio de la vorágine revolucionaria y totalitaria que por momentos fascinó a grupos amplios de la población y controló a numerosos países; al finalizar el siglo XX y frente al derrumbe de los socialismos reales, fueron una alternativa seria dentro de las democracias liberales triunfantes en gran parte del mundo.

Por lo mismo, llama la atención la incapacidad -o falta de interés- de la izquierda tradicional para revertir esta tendencia. El auge de los populismos, como ellos mismos se llaman dentro de la crítica al sistema liberal, o de movimientos nacionalistas, debería ser mirado con atención y, en el caso de los socialistas, podría significar un desafío intelectual y político, como lo significó el comunismo y el fascismo en la primera mitad del siglo XX, o diversas alternativas políticas desde la Segunda Guerra Mundial en adelante. Curiosamente, los socialistas parecen abrumados con la situación, más que motivados a la acción.

Dentro de la izquierda, los iconos de esa tendencia en el cambio de siglo, que en su momento eran símbolos de renovación y futuro, hoy son escasamente recordados y muchas veces incluso incomprendidos o despreciados. Tony Blair en Inglaterra, Gerard Schoeder en Alemania, Fernando Henrique Cardoso en Brasil o Ricardo Lagos en Chile son ejemplos representativos de los éxitos de hace un par de décadas. Hoy, a falta de referentes mundiales en la política práctica, quizá estos socialistas deban mirar a la teoría, replantear desde su propio mundo cultural cuáles serían los desafíos de la democracia y la economía en una sociedad muy distinta a la de hace un siglo y también muy diferente a la de finales de la Guerra Fría.

Después de todo, las elecciones en Italia no sólo representan una interesante fórmula de análisis político local, sino que nos muestran algunos fenómenos que se están repitiendo con fuerza en distintos lugares del mundo. Y, por lo mismo, vale la pena mirarlos con atención, estudiarlos con inteligencia, sacando las correspondientes conclusiones hacia el futuro.

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