TIRO CON ARCO
Un atropello del autómata
lunes 19 de marzo de 2018, 21:22h
Un estudio de la Universidad de Cambridge describe cómo se ordena la memoria durante el sueño, la manera inconsciente que tenemos de fijar lo importante y desechar lo intrascendente. De toda la información que recibimos durante el día, filtramos lo que consideramos ruido mientras dormimos. Retenemos pues, de lo que nos ha sucedido, la música, las notas que forman acorde con lo que somos o creemos ser. El sueño es un gran articulista, a la luz de este estudio.
Frente a este orden misterioso que opera en las sombras, Internet es el gran insomnio, el espectáculo ininterrumpido de la comunicación. Encontramos allí debates sobre la demografía, la longevidad y el empleo como factores que determinan el futuro de las pensiones. Después de algunos años dormido, se ha reactivado el dolor por la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas: mientras los precios suben por encima del 1%, la revalorización se mantiene al 0,25%. En la calle no hay debate, en la calle lo que hay es descontento. Es un problema estructural, pero si hay algo que se le da mal tanto a políticos como a votantes como a la opinión pública tomada en general son los problemas estructurales. Con la anécdota vamos sobrados y el reino de las anécdotas sin fin también es Internet.
En la madrugada de este domingo se ha producido el primer atropello mortal de un coche sin conductor. En Tempe, Arizona, donde Uber prueba sus vehículos autónomos, una mujer ha sido arrollada cuando caminaba fuera del paso de peatones, según la policía. Otras informaciones hablan de una ciclista. La máquina estaba funcionando en modo automático, pero había una persona dentro. Todo es confuso, pero Uber ya ha detenido las pruebas en todo el país y se ha comprometido a esclarecer los hechos.
El desgraciado suceso -¿quién es el responsable? ¿el robot? ¿la persona que iba dentro y tiene capacidad para desactivar el piloto automático? ¿el ingeniero? ¿la empresa? ¿todos ellos?- me ha recordado al debate sobre si los robots deberían pagar impuestos una vez se implemente esta cuarta revolución industrial en la que la máquina, se nos dice, va a entrar al mercado laboral con unas habilidades jamás vistas. Como las de conducir vehículos, sin ir más lejos. Ya hay quien se pregunta en serio sobre si los robots deberían pagar impuestos. Los cacharros contribuyendo a las pensiones. Qué idea tan rara. Pero ahí están sus defensores, entre los partidos de izquierdas y el propio Bill Gates. Pero todo es raro, también la idea del sueño como un autómata que nos configura sin ser la consciencia partícipe de ello.