Entendiendo que siempre hay que dar una oportunidad a los que acaban de llegar, el principal peligro de ceder la responsabilidad de Gobierno a quien no tiene ninguna experiencia previa en esas lides son las conocidas “ocurrencias”. Peor aún resulta que esa idea nada beneficiosa por poco meditada llegue realmente a materializarse. Es entonces cuando todos pensamos aquello de “ya veréis cuando haya que volver a votar”.
La última idea de Podemos en el Ayuntamiento de Madrid, donde siempre hay que recordar que gobiernan gracias al apoyo inestimable del PSOE, es despenalizar la venta ambulante de productos falsificados –hay que suponer que se refieren a cualquier venta, no solo la de los manteros– cuando el beneficio obtenido sea inferior a 400 euros.
Y digo yo: ¿De verdad se han parado a pensar lo que están proponiendo? ¿Piensan alguna vez en las consecuencias de lo que dicen? ¿Y si mañana muere un inmigrante que vendía hachís qué hacemos, legalizamos el menudeo?
Me van a perdonar, no sé si la “brillante” iniciativa formaba parte del programa electoral de Podemos en las elecciones al Ayuntamiento de Madrid o se les ocurrió mientras arengaban a los antisistema a protestar frente a la Policía por una noticia falsa, lo que tengo claro es que hay un sector de la pequeña y mediana economía madrileña a la que no le va a hacer mucha gracia la propuesta y tiene claro a quién no van a votar la próxima vez.
Y es que, al margen de lo bonito y ‘progre’ que resulta sacarse de la chistera proyectos de ley para los colectivos más desfavorecidos, las moradas cabezas pensantes no han tenido en cuenta que despenalizar la venta ambulante potencia en grado máximo el capitalismo más salvaje, es decir, ese en el que la parte más débil de la cadena, el inmigrante al servicio de las mafias, es explotado sin límites.
No hablamos ya de la inseguridad jurídica que provocaría esta práctica, hablamos de cómo peligraría, además, el empleo de miles de trabajadores y empresarios que pagan impuestos, cotizan a la seguridad social y que generan una riqueza que permite que el país funcione.
Si se quiere ayudar a los inmigrantes podrían proponer reformas a la Ley de Extranjería para que puedan obtener antes unos papeles que les permita trabajar en un puesto regulado. Pero no, siempre es mejor para Podemos y todas sus confluencias apostar por el conflicto como seña de identidad y argumentario de trabajo. Para eso, qué mejor que permitir la venta ilegal de productos ilegales.
En cualquier caso, siempre es más fácil retirar una improvisada proposición de ley “en caliente” que reconocer la culpa sobre cómo afrontaron la muerte de Mbaye por causas naturales y los posteriores altercados contra las Fuerzas de Seguridad de Estado. Pobre aportación de esta intelectualidad de izquierdas ante problemas reales, de verdad, que importan y afectan a la gente. En la gestión de Gobierno no hay lugar para teorías desfasadas ni para ocurrencias de medio pelo ni memeces dictadas siempre a golpe de tuit.