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TRIBUNA

Archivos de historia

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 22 de marzo de 2018, 20:13h

Me dispongo a ir a Calahorra para investigar en su archivo catedralicio si existen noticias de un personaje vizcaíno que nació a mediados del siglo diecisiete, y después de una vida como uno de los más influyentes miembros del Consulado mercantil bilbaíno, comprometido él y sus hijos con la nueva dinastía del rey Felipe V (y que fue clave para que Vizcaya no se rebelase como Cataluña durante la Guerra de Sucesión), se convirtió en vicario eclesiástico de Bilbao, cuando tenía más de sesenta años.

A ese personaje, que me fascina, y que él y sus hermanos militares tienen una calle dedicada en Bilbao, lo estoy persiguiendo en varios archivos históricos, y me apetece esta semana hablar de los archivos históricos que conozco y trasmitir a mis lectores mi experiencia, que, para mí, fue siempre gratificante.

Cuando me fui a la Universidad de Valladolid a estudiar Historia, lo hice con la intención de dedicarme al periodismo, pues cursar una segunda carrera era la recomendación que me dieron cuando antes me había graduado en periodismo. Pero en Valladolid sentí la vocación de investigar el pasado histórico, y teniendo en cuenta que en Valladolid están dos de los archivos históricos de la Edad Moderna más importantes de España (y aún de Europa), el Archivo General de Simancas y el de la Real Chancillería de Valladolid, el contacto con esos archivos decantó mi vocación de historiador.

Me especialicé en Historia Moderna. Después de los dos cursos de los llamados “Comunes”(de la carrera de Filosofía y Letras), los tres de la especialización nos permitían un conocimiento de la materia muy completo. El grupo que estudiábamos Historia Moderna era reducido, me parece que no llegábamos a quince alumnos. Con algunos de ellos, mantengo amistad desde entonces, y además son autoridades en el saber histórico: Carmen Delgado, Juan Helguera y Luis Ribot, entre otros. Dependíamos, básicamente, de la cátedra de Historia Moderna y Contemporánea, que dirigía Luis Miguel Enciso, y junto con sus entonces profesores adjuntos y ayudantes, José Luis Cano de Gardoqui, Jesús María Palomares y Teófanes Egido, y algunos otros, nos trasmitieron el instinto del historiador, y ese instinto ha conformado mi manera de razonar, y creo que ha modulado mi pensamiento político, en el sentido de ver los acontecimientos con alguna distancia, y las acciones de los seres humanos, incluso las malas o estúpidas, comprendiéndolas antes de juzgarlas.

Nuestra relación técnica con los archivos históricos se produjo con las clases de paleografía que nos dio una profesora inolvidable, María Soterraña Martín Postigo. Ella pertenecía al cuerpo de archiveros del Estado, unos profesionales de grandísima altura científica y técnica, y trabajaba en el archivo de la Real Chancillería de Valladolid, de cuya historia Martín Postigo escribiría el libro que consideramos un clásico.

Con María Soterraña Martín Postigo prendimos a leer papelotes antiguos. Yo me interesé por una revuelta social que hubo en Vizcaya a comienzos del siglo dieciocho. La caligrafía de aquella época no era tan enrevesada como la de siglos anteriores, así que la paleografía que enseñaba nuestra profesora me servía de sobra para entender los documentos de ese siglo, pero gracias a Martín Postigo entré en contacto con los fondos documentales de la Sala de Vizcaya, una Sala que, durante más de tres siglos, fue la última instancia judicial de los vizcaínos, que entonces poseían todos el rango de hidalgos o nobles de sangre.

Me parece que he sido el historiador que más ha investigado en los legajos judiciales de la Sala de Vizcaya, en el archivo de la Chancillería de Valladolid. La Sala me condujo al Archivo Histórico Provincial de Vizcaya, donde se encuentran las sentencias en primera instancia, las dictadas por el corregidor vizcaíno.

He trabajado en archivos como el de Simancas o el Histórico Nacional, donde se encuentran los documentos más importantes para investigar la historia política, social y económica de España. Pero en los papeles judiciales y notariales de los archivos de Chancillería y del Histórico Provincial de Vizcaya, en los que a veces saltaban los polvos de talco con los que el escribano de hace tres siglos secaba su caligrafía al pasar de folio, sentí aquella historia escrita como algo cercano. La vida de aquellas personas, sus testamentos, sus demandas y pleitos, sus abusos con los desprotegidos, destacadamente con las oprimidas mujeres, sus negocios, sus obras de arte y de imaginación, en fin, hechos lejanos, que el historiador resucita para entender mejor nuestro presente. En Calahorra espero encontrar algo así.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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