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RELATOS

Yasutaka Tsutsui: Lo que la criada vio. Ocho cuentos psíquicos.

domingo 25 de marzo de 2018, 17:57h
Yasutaka Tsutsui: Lo que la criada vio. Ocho cuentos psíquicos.

Traducción de Jesús Carlos Álvarez Crespo. Atalanta. Vilaür (Gerona), 2018. 192 páginas. 19 €.

Por José Pazó Espinosa

Uno de los temas claves de la novela universal ha sido siempre el punto de vista, el narrador. Este puede ser en primera o tercera persona; y subjetivo u omnisciente. Normalmente, la primera persona se asocia con el posicionamiento subjetivo, más acotado en cuanto al punto de vista; la tercera, por el contrario, con un narrador omnisciente, alguien a quien Vargas Llosa ha equiparado alguna vez con Dios. Un Dios que sabe todo sobre los personajes que aparecen en el relato, un Dios total. En definitiva, el novelista como creador y director de sus personajes, ese con quien Unamuno se peleaba.

Los japoneses no tienen un Dios absoluto, sino que por el contrario tienen dioses menores, seres muchas veces relacionados con la naturaleza y los espíritus de las cosas o personas. Son, en ese sentido, un pueblo panteísta, que tiende a una relatividad en lo inmanente y en lo transcendental. Y, de alguna forma, ese punto de vista se manifiesta en su literatura que con frecuencia rechaza los presupuestos de la omnisciencia y abraza una subjetividad intensa, el relato en primera persona, desde el yo, la shishosetsu o novela del yo.

Yasutaka Tsutsui se enfrenta a esos problemas en su libro Lo que la criada vio. Ocho cuentos psíquicos, recientemente publicado por la editorial Atalanta. Esta editorial ya ha publicado antes tres recopilaciones de relatos de este polémico y mediático autor. En esta ocasión, la estructura de la obra es relativamente simple: una joven, Nanase, decide trabajar como criada. Pero Nanase no es una chica normal ya que tiene la capacidad de leer la mente de las personas que la rodean. De esa forma, además de las miserias físicas de las familias en las que sucesivamente se va empleando, descubre sus miserias morales. Y gracias a ese poder, en ocasiones tiene también la capacidad de alterar el futuro.

Tsutsui, con este artificio formal, resuelve el dilema narrativo al que nos referíamos al principio. Por un lado, la narración se lleva a cabo desde el punto de vista subjetivo de la criada, de Nanase; a la vez, Nanase tiene acceso a la mente de las personas que interactúan con ella, por lo que se convierte en un narrador omnisciente. El juego de Tsutsui es de esa forma interesante y muy literario: un personaje cuenta todo y a la vez puede saberlo todo. Y lo hace encarando una variada muestra de familias niponas, algo en principio muy atractivo.

Ahora bien, ¿funciona? Y la respuesta es ambigua. Funciona como idea, funciona a ratos. Interesa e incluso divierte a veces, pero no fascina. No está claro si esto ocurre por la repetición del mecanismo narrativo, o si encalla por un contenido que quiere ser muy crítico con la sociedad pero que se acaba quedando en bosquejos más o menos caricaturescos.

Lo que la criada vio interesará a los lectores de Tsutsui y quizá a amantes de la ciencia ficción psicológica. Es un divertimento a veces moralista que no llega a la altura de Los hombres salmonella en el planeta porno o Paprika. Tras su lectura, sabemos que las familias japonesas son agujeros negros, pero seguimos sin saber tan poco sobre su protagonista, Nanase, como antes de abrir el libro. En ese sentido, la criada es una cámara con poderes pero sin alma, un mero robot literario.

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