Dice que ver cine en digital es como ver cadáveres en una pantalla, que el dinero ha acabado con el arte y los ordenadores con la habilidad de escribir. El entrevistador hace pasar a Paul Adams Sitney por heterodoxo. Y parece serlo. Historiador del cine experimental y de vanguardia, este reputado profesor de Princeton acaba de impartir un seminario de análisis fílmico en el Museo Reina Sofía.
Su entrevista, breve y jugosa, me pica la curiosidad. De modo que busco el programa oficial de su intervención. Pero es material para especialistas y me desinflo un poco; la sintaxis cinematográfica, así a palo seco, no es mi fuerte. Sin embargo, las declaraciones de Sitney en ABC sí me transmiten esa autenticidad heterodoxa de pelea a la contra: “Entender el arte es entender lo difícil que es tomar decisiones morales”. O bien: “Ahora la universidad no para de preguntar a los estudiantes su opinión. ¡Pero si no saben lo que quieren!”.
Total, que el tipo debe tener algo más en la rebotica. Así que me pongo bucear un poco por la red y efectivamente me salta al primer vídeo: abril de 2016, Sociedad Fílmica del Centro Lincoln. P. Adams Sitney presenta a su amigo Bruce Baillie. El tema del encuentro es “Buscando héroes”, y Baillie tiene dos películas experimentales tituladas Parsifal y Quixote. “Héroes especiales”, introduce Sitney: “Héroes locos y divertidos que debemos amar. Tú los amas, ¿verdad?”, le pregunta a Baillie. “Yo los he hallado a mi manera”, responde el otro derivando: “De hecho, el Papa... Es que esta mañana he ido a misa…” “Yo también”, le interrumpe Sitney: “Yo también he ido a misa esta mañana”.
Anda, me digo, qué simpático. Y tras escucharlos tiro del hilo y me encuentro una entrevista perfecta para acompasar esta Semana Santa: “Cine y Religión: una conversación con P. Adams Sitney”. En ella, un profesor de la Universidad de Coimbra exprime la veta religiosa del teórico estadounidense, que le cuenta cosas como estas:
“Es razonable que mis escritos sobre cine y religión sean poco conocidos (…) Mis ensayos sobre religión en los trabajos de Hitchcock, Scorsese y Allen, o mi ensayo general para el Diccionario de las religiones de Mircea Eliade, han sido escritos a lo largo de treinta años y nunca se han compilado en un solo volumen. Quizá por eso este empeño de mi obra ha pasado desapercibido (…)”.
Sitney se define en el diálogo como un católico excéntrico: liberal en términos morales, pero ultraconservador en lo litúrgico. Y a la pregunta sobre la influencia de su fe en su trabajo teórico responde: “Por supuesto que mi devoción por el culto y mis lecturas teológicas han influido mi crítica fílmica. Pero también mi estudio de textos protestantes, la religión de los antiguos griegos, la filosofía estoica y epicúrea, Nietszche, etc. Yo echo mano de todo aquello que arroja algo de luz a las películas que ocupan mi pensamiento. Pero no estoy seguro de comprender a lo que se refiere con lo de mi “estética teológica”. Yo parto de la base de que toda estética tiene implicaciones teológicas. Aunque nunca he explorado conscientemente este ámbito como una disciplina académica”.
Un obvio heterodoxo, este Sitney, que hasta se confiesa incómodo cuando se percata del sesgo protestante de su sensibilidad. De lo que se disculpa explicando: “En esto, como americano, no estoy solo. Hasta nuestra narradora católica más grande, Flannery O’Connor, se decanta por temas sureños radicalmente protestantes. El pensamiento católico no ha tenido mucho impacto en el arte estadounidense”.
Bueno, me digo, el mismo que tiene hoy por aquí entre nuestros académicos y periodistas, al parecer más interesados en divulgar los experimentos fílmicos y la sintaxis cinematográfica. Lo que no está nada mal. Pero quizá sería interesante tener en cuenta algo de todo esto a la hora de recibir en España a P. Adams Sitney, pionero y decano de la historiografía fílmica de la vanguardia useña, y hasta lector de un doctor de la Iglesia como San Juan de la Cruz.
Me pregunto, por cierto, si a San Juan lo habrá leído en las traducciones de Roy Campbell, el sudafricano que mejor vertió al inglés los versos del fraile del Carmelo. Pero eso ya es harina de un costal demasiado heterodoxo. Y aunque Aquilino Duque bien pudo decirlo de Campbell, reconozco que ignoro si la sangre de los toros atrae a Sitney tanto como el humo de los altares.