www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Semana Santa

Juan José Vijuesca
miércoles 04 de abril de 2018, 20:07h

No seré yo quien ponga orden en la fe de cada cual. Cada religión a lo suyo, faltaría más. Sin embargo, la cristiandad ha vuelto a tener en esta Semana Santa la ofrenda del misterio religioso que la identifica. Un año más, cientos de miles de personas se han acogido a su entera voluntad de participar en la libre exclamación fervorosa que se ha representado. Tanto dentro de los templos, como en las numerosas procesiones que han recorrido las calles abarrotadas de gente, el sentir religioso se ha manifestado alrededor de ese hálito de esperanza que el ser humano guarda para casos de primera necesidad. Sería de buena ley que aquellos discrepantes con este sentimiento religioso tuvieran el gesto de la elegancia respetuosa, máxime cuando hay quien ocupando cargos públicos se ha significado con otras convicciones distintas. Pablo Iglesias, Ramón Espinar, Alberto Garzón y hasta Pedro Sánchez tuvieron a bien enviar abrazos y saludos a la comunidad musulmana con motivo del Ramadán. Ni que decir tiene que nada está reñido con nada cuando impera el respeto mutuo. Esa es la clave.

En España hubo etapas en las que convivieron religiones de distinta naturaleza. No olvidemos que en diferentes períodos de la historia han coexistido gentes de tres religiones y tres culturas desiguales: musulmanes, cristianos y judíos; y a pesar de las rivalidades en muchos momentos históricos estas tres grandes tradiciones culturales supieron combinarse permitiendo la creación y desarrollo de una civilización. El Dios de cada cual, el que mora en los cielos de cualquier religión sabe que la convivencia en paz es una e igual para todos, los que fallan son los dioses de la tierra.

Y si por dioses terrenales tomamos a quienes hoy representan a colectivos y mañana se vuelven de secano, pues estaremos ante unas cuantas páginas escritas con tinta de poca historia. El ser humano camina por suerte o por desgracia en función del pastor de turno, de manera que el orador que toma púlpito y enardece con sus ideas a cuantos débiles de espíritu guarda en redil, consigue con ello emancipar al individuo de toda costumbre o tradición y al tiempo erradicar el razonamiento propio a cambio de crear dudas en su identidad. La convivencia entre religiones de diferentes idolatrías no viene a significar más que el respeto a las omnipotencias de cada versión y el plácet de las costumbres asociadas. Sobra lo extremo, lo radical, en definitiva, la parte amarga de cualquier fervor que convierte la deidad espiritual en herramienta de agresiva conducta.

No renieguen de las emociones ni del hondo sentir en aquellas maneras de entender la fe. Nada ni nadie tiene el poder de convertir lo libre en el vasallaje de un solo pensamiento. Las ideas contrarias, al igual que deben existir, también deben discurrir entre las diferentes culturas como armónicas maneras de entender nuestra propia existencia. Hoy en día el racionamiento de ideas de mérito hace que el populismo invada la intimidad de la persona que defiende su libertad de culto, su libertad individual y su propiedad privada. Son las ideas absolutistas, el despotismo contumaz, los sistemas dictatoriales y totalitarios los que cercenan la convivencia e intentan degradar el bienestar de una filosofía espiritual como lo es el cristianismo.

​El Estado de Derecho obliga a gobernantes y gobernados a respetar las reglas, impidiendo el ejercicio arbitrario del poder, y esto, por extensión de responsabilidad constitucional, debe ser acatado por quienes forman parte del sanedrín de los diputados. No se les pide que simpaticen con el hacer de los cristianos, ahora bien, tampoco el rivalizar frente a otras manifestaciones religiosas mientras ocupen cargos públicos. En su vida privada, como si adoran a la papaya de Papúa Nueva Guinea. Allá cada cual.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (24)    No(0)

+
0 comentarios