La justicia alemana jamás limpió su mancha. La Unión Europea ha intentado ayudarle, pero se lo ha pagado, como acostumbra la mala gente, con la traición. Sí, durante los años treinta y cuarenta, el grueso de jueces y fiscales fue nazi. El grueso de las Facultades de Derecho fue nazi. Y, por supuesto, el grueso de la Academia Jurídica alemana fue nazi. Como todo el mundo sabe, el proceso de desnazificación fue lento, pesado y casi inexistente. La vieja Academia alemana y el antiguo aparato judicial se incorporaron en el Este, en la DDR, al Partido Comunista, y en el Oeste, en la BRD, al sistema levemente democrático que le impuso el mundo libre en general, y EEUU en particular. La Unificación de las dos Alemania tampoco ha mejorado mucho la visión que la gente seria tiene de la justicia alemana. Su principal tradición, a pesar de los grandes juristas demócratas que ha dado este país, sigue siendo la nazi. Esta mancha jamás se la quitarán y mira que la UE los trata con mimo.
Nadie, pues, se llame a engaño sobre cómo es la Justicia Alemana. Su arrogancia y falta de sindéresis es lo mejor que puede decirse de ella. Intenta siempre que puede ocupar el ámbito del poder y del saber. Así pues, lo peor que puede decirse de ella es que ni es justicia ni es alemana. Son decisiones de carácter totalitario (nazi o comunista) los principales “argumentos” que determinan sus resoluciones y sentencias, como puede comprobarse fácilmente con la sentencia sobre el prófugo de la Justicia Europea por llevar a cabo un golpe de Estado en España.
La sentencia de ese juzgado de Schlewig-Holstein sobre Puigdemont ha puesto a la “justicia alemana” en su sitio. La Justicia es, en efecto, lo que dicen los más fuertes y poderosos. Si Karl Schmitt resucitase y viese el espectáculo actual de un juzgado de primera instancia alemana, reiría a mandíbula batiente y exclamarían: “Deutschland über alles” y, además, se alegraría porque todos, nazis y comunistas, vuelven por sus fueros y costumbres a lo que fueron y son: totalitarios.
¿Exagero? Sin duda, amigos, exagero, pero no tanto como esos jueces de origen nazi que ponen en cuestión nuestro Estado de Derecho. El auto de Llarena vale más que toda la justicia alemana. Sí, después de la derrota del nacional-socialismo, la Ley Fundamental de Bonn, “Constitución” que le otorgaron las potencias Aliadas ha sido el eje del Derecho alemán, que naturalmente la tradición de jueces y fiscales, Universidades y Academia alemana ha tratado de saltarse siempre que ha podido. El último ejemplo es de libro. Unos jueces de orígenes nazis no tienen legitimidad ni para impartir justicia en un patio de colegio.
Pero si hubiera dudas sobre la diferencia entre España y Alemania, aquí les dejo una que no tiene objeción. Mientras que los españoles nos matamos entre nosotros, los alemanes tienen la fea costumbre de matar a los que no son alemanes. En fin.