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La violencia, último recurso de los separatistas

viernes 13 de abril de 2018, 08:22h

Los protagonistas del desafío secesionista centran ahora sus acciones en una permanente escalada de la tensión, una vez desguazada toda su estrategia para proclamar la independencia. Las acciones violentas de los CDR en las calles, coordinados y alentados por los líderes de los partidos separatistas, pretenden mantener la ensoñación soberanista entre sus militantes más fanatizados y llamar la atención de los dirigentes internacionales con la pretensión de favorecer la situación judicial de los dirigentes fugados. Es el recurso al pataleo de los perdedores. Pero esa escalada de la tensión resulta muy peligrosa.

No es casualidad, que el presidente del Parlamento catalán Roger Torrent convocara para este viernes el pleno de investidura de Jordi Sánchez, a sabiendas de que el juez Llarena no le iba a permitir asistir y con la segura abstención de la CUP, por lo que su nombramiento era imposible. Pero la prohibición del magistrado suponía una gran oportunidad de calentar el ambiente ante la concentración a favor de “la libertad de los presos políticos” prevista para este domingo.

Con el de ayer, Torrent cosecha ya cuatro intentos fallidos de investir presidente: Carles Puigdemont, Jordi Turull (que se sometió a una votación, perdida por la falta de apoyo de la CUP) y dos de Jordi Sánchez. Pero los líderes de los partidos separatistas han aprovechado sus intervenciones en el Parlamento catalán para seguir insuflando ánimo a sus seguidores, justificando y alentando la “kale borroka” catalana. De hecho, Torrent ha convocado para este viernes una reunión extraordinaria de la Mesa “para abordar las actuaciones políticas y legales que se puedan derivar” como presentar una querella contra el magistrado del Tribunal Supremo. Una querella que no prosperará, pero servirá para extender la demagogia separatista de la represión del Estado español. Sin ir más lejos, este mismo jueves, tras la decisión del magistrado instructor y la confirmación del aplazamiento “sine die” de la investidura, Josep Costa y Elsa Artadi, portavoces de JpC, compararon al juez Llarena con el golpista Antonio Tejero: “Es un golpe de Estado togado, han cambiado el Ejército por los jueces. Tejero entró en el Congreso en 1981, Llarena entró en el Parlament en 2018”.

En realidad, Roger Torrent y los líderes de los partidos independentistas son conscientes de que nunca podrán investir ni a Jordi Sánchez ni a Carles Puigdemont por muchas veces que insistan. Pero así creen espantar la frustración de sus votantes que no quieren reconocer que han sido derrotados por el Estado. Y, peor: esa permanente escalada de tensión, que para muchos se ha convertido en terrorismo callejero, está alterando la seguridad y la tranquilidad de los catalanes que sufren el miedo y las molestias por los cortes de carreteras, las barricadas y la violencia desatada.

La manifestación del domingo se presenta como una nueva oportunidad para que los radicales de la CUP y los batallones de los CDR extiendan las algaradas por las calles de Barcelona. Es imprescindible que el Ejecutivo de Rajoy, responsable del Gobierno de la Generalidad y por lo tanto de la seguridad, tome las medidas necesarias para evitar que la manifestación derive en una explosión de violencia.

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