Pues la cosa va de mal en peor en Washington. Trump en su afán proteccionista, con una actitud salpicada de arrogancia y fatuidad –demostrando una severa ignorancia de la condición real de su país– y con un deseo morboso por regresar a los años dorados que no volverán, aunque los prometió a sus electores y que con la caída en la competitividad de EE.UU. en todas sus manifestaciones, orilla al mundo a una guerra comercial en varios frentes sin volver a ellos; crea entonces una guerra comercial que sabemos y veremos perdida para la Unión Americana.
¿America first? (¿EE.UU., primero?) solo si el mundo se lo permite y ya se ve que no será realidad tal consigna supremacista y deleznable a costa del mundo, como ha resultado la intentona. Insistir en que sí, es necear.
Trump se habrá dado de topes contra la pared. Le han respondido tanto China como la Unión Europea. Con más tibieza, sí, Bruselas que Pekín. Es que no sabemos quién se piensa en la Casa Blanca que los bloques económicos afectados e insultados diciendo que roban a Estados Unidos por décadas, le van a tolerar a Trump sus desvaríos, sus manoteos, impertinencias y dislates.
Estados Unidos no está en posición de iniciar guerra comercial alguna, encubriendo su proteccionismo. Su déficit comercial, su sobreendeudamiento soportando su costosísimo armamentismo y su economía de ficción sobrecalentada, junto con su condición asumida de gendarme del mundo, pagada desde luego por sus contribuyentes, no le permiten un margen de acción significativo. Para mí su guerra comercial solo lo hundirá más. Es una guerra perdida o al menos, al menos, repito, no saldrá de ella con el maquillaje intacto. No se fíe usted a que todo lo calculan y lo consiguen.
Trump se queja de un enorme déficit comercial que achaca al mundo. Claro, su país dejó de ser competitivo hace rato. En salarios, horas de trabajo, capacidad creadora y constructora, sumado todo. No es cosa de si en EE.UU. hay internet en cada bañera. La competitividad se mide de múltiples y mejores maneras.
China le lleva la delantera a Europa en su respuesta a Trump. Va parsimoniosa, indomable y sin sobresaltos, pero tajante, y laboriosa ha respondido poniéndole a Estados Unidos aranceles a productos agrícolas estadounidenses y otros por estratosféricas cifras, de esos productos que quiere venderlos Estados Unidos a México y Canadá a precios favorables a sí mismos y que ambos países le pueden frenar, como lo han hecho cuando Estados Unidos hace trampas en la aplicación del TLCAN vigente. Es un golpe interesante y contundente el de los chinos, que llevan la delantera como manufacturadores de los Estados Unidos. Y no los hicieron esperar con una respuesta tan fuerte como la acción yanqui. Van parejos.
Este es un tema. Los empresarios yanquis se marcharon a China a fabricar barato, colocaron sus logos de marcas y las hicieron pasar cual producto originarios estadounidenses bajo reglas de origen burladas, con ventajas a obtener en el TLCAN y aún dice Trump que China le roba a Estados Unidos. Como lo hace México, afirma. Cuán equivocado. Sus propios empresarios han buscado evadir reglas y controles.
China se lo ha dicho a los Estados Unidos sin ambages: “(los yanquis) son aranceles que violan las reglas del comercio multilateral”.
Mientras China apuesta al crecimiento, Trump no parece ver cómo aguantarán en su propio país la irresponsable fiesta proteccionista que se montó.
Con la Unión Europea el choque se ha producido ya desde el año anterior. La UE ha sido más conciliadora y la Comisión Europea va cauta más que aparentemente firme al señalar áreas de afectación hacia la nación norteamericana, en respuesta a los llamados “aranceles punitivos” de los Estados Unidos.
Sin embargo la tibieza europea, sus titubeos, su pedir de últimas que EE.UU. la exente de esos aranceles al aluminio y al acero, la dejan en franca desventaja sobre una China que no se anda por las ramas y hoy responde de frente. Es que no es la China saqueada del siglo XIX.
Mientras Trump se empantana, urge a México y a Canadá a terminar ya las renegociaciones (actualizaciones, les dicen hipócritas los negociadores) del TLCAN, para finales de abril. Decía un conocido: la prisa solo es para los rateros y los malos toreros. En todo caso, suponiendo que el TLCAN no esté muerto como tuitea seguido Trump, para el caso mexicano el Senado cesa ya el 28 de abril y hay elecciones para sustituirlo al completo serán el 1 de julio, resultando una nueva composición que es de pronóstico reservado. Se antoja casi imposible que en plena campaña electoral y con medio Senado ya en ese proceso buscando nuevos puestos, se efectúe un periodo extraordinario de sesiones legalmente posible, antes del 1 de septiembre que entre en funciones la nueva cámara alta sustituta de la saliente, como para discutir y aprobar o no lo hecho por un gobierno saliente ya moribundo como el de Peña Nieto, cuyo partido parece que perderá las elecciones, por fortuna.
La antipatía que despierta Trump dando golpeteos en Oriente Medio en el tema sirio y defendiendo a Israel, dejando mal la cosa en la zona y con los rusos en la mira mutua, solo abunda a verlo como el troglodita que no da una. Y voy más, ahora avisa que no va a la Cumbre de las Américas a verificarse en Lima, mandando al vicepresidente. Muy bien. Le ahorrará a las Américas aguantar sus desplantes o quizás no, porque allí lo esperarían los mandatarios de Cuba, Bolivia. Venezuela no fue invitada y acaso otros iban a encararlo, amén de toparse a los de mandatarios de México y Canadá con el TLCAN de por medio. No acudir es lo primero acertado que hace el sujeto. América no lo requiere y no lo necesita.
Con este panorama tan desolador para los Estados Unidos, lo reitero, Trump la lleva perdida. No será forzando las relaciones comerciales como sacará a su país adelante, sino haciéndolo más productivo como podría salvarlo del hoyo y no viviendo del cuento. Entenderlo es sencillo para nosotros. Está visto que para el mandatario yanqui no y así va por la vida, dando coses a diestra y siniestra. Tan patético que es, diario se supera a sí mismo en su mentecatez y mezquindad. Ambas son reprobables, sin lugar a dudas.