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TRIBUNAL

El almirante y la intolerante

domingo 22 de abril de 2018, 19:45h

Lo mismo que Goebbles sacaba su revólver al oír la palabra intelectual, la camar-Ada Colau escupe facha a todo el que honra a España. Al cambiar la denominación de una calle de Barcelona, la alcaldesa ha tildado de facha al almirante Pascual Cervera, héroe de la Guerra contra EEUU en 1898, quien ensalzaba con su nombre el callejero de la Ciudad Condal. Lo ha hecho con el dogmatismo propio del fervor comunista: o sea con absoluto desprecio a todo el que no piensa como ella y sin confrontarlo demasiado con la realidad. Pero ya se sabe que la especialidad del comunismo ha sido siempre generar odio, propalar mentiras y embaucar a las masas, para que entiendan que no hay parangón entre un marino fascista y el intelectual demócrata Rubianes. Entre rufianes y rubianes, ya nadie duda de que las calles de Barcelona serán la tumba del fascismo.

A su intolerancia, ya exhibida contra el Ejército en el Salón de la Enseñanza de Barcelona, Colau suma ahora su ignorancia. El almirante Cervera tenía de facha lo que ella de opositora a registradora de la propiedad. Además, los nuevos comunistas resultan ser demasiados repetitivos y cansinos en el empleo de insultos: O facha o fascista; de ahí no salen, evidenciando su parquedad idiomática. En materia de insultos, el comunismo soviético desarrolló una técnica propia. Envileció el diccionario en la búsqueda afanosa de adjetivos denigrantes hasta la náusea. Pero al menos, los soviéticos mostraron gran riqueza de vocabulario en forma de epítetos. Vichinsky, fiscal del pueblo y luego Procurador general de la URSS en los 10.000 procesos de depuración en los que actuó, solía decir al juez durante el juicio: No podemos dejar con vida a esos perros. He ahí un calificativo de original categoría para que tome nota la camar-Ada Colau.

En la Colección de documentos referentes a las operaciones de la Escuadra de las Antillas, puede leerse lo que escribe Cervera, almirante de la Escuadra, respecto del vencedor: “Nuestros enemigos se han conducido y se conducen actualmente con nosotros con una hidalguía y una delicadeza que no cabe más; no solo nos han vestido como han podido, desprendiéndose de efectos no solo del Estado, sino de propiedad particular, sino que han suprimido la mayor parte de los hurras por respeto a nuestra amargura. Hemos sido y somos objeto de entusiastas felicitaciones por nuestra acción”. Igual a los comunistas cuando pierden una batalla.

Bajo la añagaza de la memoria histórica se modifica el callejero de nuestras ciudades. Además de cometerse barbaridades y disparates contra la precisión histórica, también se hace estéril el sacrificio y se poda la esperanza que hicieron posible la Transición. No es memoria, sino recuerdo amañado. No es historia, sino puro subjetivismo carente de rigor; resentimiento más que sentimiento. Una farsa en la que el cinismo y la ignorancia alcanzan proporciones que ponen cada día más de manifiesto hasta donde llega la honestidad intelectual de algunos.

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