Lo ha declarado el comité de Inteligencia de dicho estamento.
La Cámara de Representantes de Estados Unidos ha tirado una importante soga a Donald Trump este viernes, al concluir su comité de Inteligencia que el actual presidente del país, ni su equipo de campaña, tuvieron nada que ver con la presunta trama que permitió al Kremlin influir en las elecciones presidenciales pasadas. Las pesquisas, que arrancaron en enero de 2018, han tratado de determina si la "trama rusa" ocurrió y si tuvo lugar con el apoyo del equipo de trabajo de acompañaba al magnate en aquel entonces.
"Al ser preguntados directamente, ninguno de los testigos entrevistados dio pruebas de una conjura, coordinación o conspiración entre la campaña de Trump y el Gobierno ruso", proclama el informe. En ese texto se esclarece que no ha sido posible localizar "evidencias" sobre los presuntos vínculos entre el grupo de colaboradores del presidente, en su ascenso hasta la Casa Blanca, y los acólitos a Vladimir Putin. Esto es, la confabulación no se desarrollo.
Trump, enérgico en sus reacciones como siempre, usó su cuenta de Twitter para celebrar lo que entendió como un triunfo. "El informe del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes ha sido divulgado. 'No hay evidencias' de que la campaña de Trump conjurara, se coordinara o conspirara con Rusia. (...) ¡Guau! ¡Una absoluta caza de brujas! ¡DEBE TERMINAR YA!", escribió el habitante del Despacho Oval en las redes sociales.
El problema es que el texto aprobado por el comité de Inteligencia de la Cámara Baja estadounidense sólo ha gozado de la aprobación de sus miembros republicanos. La sombra de la sospecha relacionada con los negocios del multimillonario como abono para las posterior injerencia rusa no se ha disipado del todo, ni mucho menos. No obstante, el líder de la junta demócrata calificó de "deficientes" y "superficiales" las conclusiones mencionadas.
Y es que, entre esas ideas finales, el comité expone que "en 2015 Rusia inició una campaña que tenía por objetivo las elecciones presidenciales de Estados Unidos". Una maniobra, prosigue, que fue implementada por orden del presidente Vladímir Putin, dirigente que "buscaba crear discordia entre la sociedad estadounidense". El Kremlin quería "socavar" la confianza del pueblo "en el proceso democrático", añade. Y denuncia que los moscovitas han usado el "aperturismo y la libertad de expresión" de EE.UU. desde "hace al menos una década" con el fin de generar caos.
La polémica en torno a este informe ha encontrado otra mata en Devin Nunes, presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes. El militante republicano de California atacó a las agencias de inteligencia nacionales por su respuesta a la injerencia rusa. Esos cuerpos de seguridad habría, según sus palabras, ejecutado una censura "excesiva e injustificada" del texto. "Objetamos el número excesivo e injustificado de supresiones, muchas de las cuales no están relacionadas con información confidencial", denunció en un breve comunicado. La rivalidad ideológica de los miembros del comité ha sido otro de los argumentos polémicos que ha rodeado al informe. La oposición considera las conclusiones del documento "partidistas".
Este nuevo capítulo en torno a la "trama rusa" ha llegado en el mismo día en que una jueza federal ha desetimado la demanda de Paul Manafort, exjefe de campaña del presidente Donald Trump, contra el fiscal especial que investiga la supuesta injerencia rusa en los comicios, el afamado Robert Mueller. La magistrada Amy Berman Jackson entendió que la demanda civil no era "el vehículo apropiado para abordar lo que un investigador ha hecho en el pasado o lo que hará en el futuro".
Asimismo, Berman aduce que un tribunal no debe ejecutar sus poderes "equitativos" para "interferir o participar en una investigación criminal en proceso" cuando el acusado tiene la oportunidad de "retar" cualquier "defecto" en la investigación. "Por todas estas razones, el caso civil de Manafort será rechazado y sus preocupaciones sobre la investigación del fiscal especial serán abordadas en el caso criminal", zanjó. El que fuera mano derecha de Trump presentó en enero una demanda contra el fiscal y contra el Departamento de Justicia. Adujo que se violó la ley al nombrar a Mueller como gerente de la investigación porque esa elección excedía la autoridad de aquel que dio la orden.
Ese hombre es Rosenstein, quien instó a Mueller a investigar "cualquier aspecto que emerja o pueda emerger directamente" de la causa. Manafort, sobre el que pesan 30 cargos criminales, quiso hace semanas rebajar ese peso retirando algunos de los cargo que interpuso contra el fiscal, pero le va a costar no ser condenado a decenas de años de prisión. De momento sigue en arresto domiciliario -desde que se entregara al FBI- y a la espera de comparecer en dos juicios que determinarán su futuro. Al tiempo, Mueller casi va a cumplir un año restreando esa presunta "trama rusa" y sus implicaciones con Trump.