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El ocio es siempre estéril

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 01 de mayo de 2018, 19:41h

El ensayo moderno, rotundo, nuevo, fresco vive hoy en la colección de pensamiento crítico Akal. Jorge Moruno, sociólogo y escritor, responsable del área de Discurso de Podemos (hasta febrero de 2017) publica una joyita que se lee en un catarro (aquella maldad que Vivanco decía de Aleixandre: “La biblioteca de Aleixandre se lee en un catarro”): No tengo tiempo. Geografías de la precariedad. La tesis viene a ser que vida y trabajo se integran, no se concilian como quieren los cursis, y las relaciones sociales capitalistas, siempre tan hábiles, colapsan las arterias sociales mediante ese colesterol llamado “mercancía”. Somos “esclavos de la coyuntura”, al depender siempre de lo que pasa, estar siempre disponibles, por lo que el laberinto actual es el tránsito que va del “no tengo tiempo” a la sociedad de tiempo garantizado.

Lo crucial del estudio, a mi juicio, y de alguna manera un texto que conectaría a su modo con el de Remedios Zafra (El entusiasmo) sería aquel que intenta definir nuestro ocio. Laberinto que, serpenteante e incansable, viene desde Aristóteles: “El problema principal es saber con qué clase de actuación hay que llenar el ocio”. Sociedades campesinas donde la densidad de las relaciones sociales fuera del ámbito doméstico de la producción eran muy limitadas. Sociedades de trabajadores hoy para quienes la fuerza de trabajo con tal de obtener un salario vive encerrada en un cepo. La miga pura de capitalismo: el trabajo como mediación social que funciona como fundamento constitutivo del orden social. Moruno es contundente: “Solo en la sociedad moderna, es decir, la capitalista, se instala el fetiche donde el tiempo social humano gastado en producir un objeto define el valor de dicho objeto. Ese tiempo de trabajo humano gastado –da igual en qué se gaste siempre que lo producido se venda- se convierte en el atributo objetivo que le confiere valor al objeto. Ese atributo, el tiempo invertido que genera valor, es una relación social que se expresa en la forma de dinero”. Y ese dinero, es el final de la tesis, hace equivalente o mide cosas de naturaleza distinta, pero siempre el gasto indiferenciado de trabajo humano pasa desapercibido.

La diferencia de toda la vida entre valor y precio: “El valor ni se toca ni se ve, pero opera como ley social que dinamiza la finalidad de la producción. Esto no sucedía en sociedades no capitalistas. La mercancía es nuestro tótem moderno, nuestro fetiche”. La lucha entre capital y trabajo, el primero siempre desplazándose a través de otra lucha, la de clases, entre espacio y tiempo: “La lucha de clases es el motor que fuerza la innovación del capitalismo”. Todo muy bien. Ahora bien: ¿el libro también valdría para Picasso, ya rico e hipermillonario, cuando pinta catorce horas días? El ocio es siempre estéril: la única dictadura real es la del tiempo que pasa y el trabajador, joven o adulto, especialmente dedicado al santo martirologio de la vocación obstinada, quien siente cómo la vida ya le queda pequeña para todo lo soñado. ¿Dónde hay ocio en periodismo? Pedrojota lee su periódico a las cinco de la mañana desde la cama, el día solo es querer volver a leerlo.

Diego Medrano

Escritor

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