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AMÉRICA

La inflación se desboca en Argentina y el valor de la moneda inquieta

La inflación se desboca en Argentina y el valor de la moneda inquieta
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sábado 05 de mayo de 2018, 02:49h
El dirigente atraviesa su peor momento como presidente de la nación.

La inflación sigue sin controlase y el peso argentino ha recuperado la tenebrosa apariencia de volatilidad. En consecuencia, Mauricio Macri se descubre en el tramo de mayor cuestionamiento desde que asumió el Gobierno del país. Y la relación entre la moneda local y el dólar no deja de generar desasosiego, pues esta semana que se cierra este viernes ha visto cómo en 7 días el dólar ha pasado de costar 20,80 pesos -el 26 de abril- a 23,30 este jueves.

La venta masiva de dólares ejecutada por el Banco Central de la República Argentina, hasta tres subidas de los tipos de interés -del 27,25% al 40%- y la reducción de la meta con respecto al déficit fiscal han sido las maniobras que, de momento, parecerían haber anestesiado el clima de incertidumbre que ya ha calado en una ciudadaníaque empieza a desconfiar de que el que fuera gobernador de Buenos Aires esté capacitado para revertir la marejada.

No en vano, en 2017 los precios subieron un un 24,8% y sólo en el primer trimestre de 2018 ascendieron un 6,7%. Para la población, que mayoritariamente cobra en pesos, el brete está convirtiéndose en el desempolvo de unos fantasmas que no son tan lejanos. Y los análisis de las diversas consultoras coinciden en el despeñar de la imagen del presidente. Desde noviembre la aceptación del dirigente había caído hasta en 15 puntos.

Lo que result más peligroso para la continuidad de Macri es la congelación de las perspectivas de futuro. La imagen de los ministros, erosionada, y la inflación están ahogando el margen de maniobra presidencial. Este último parámetro, problema endémico para Argentina, tuvo que ser repensado en 2018. La meta oficial fijada para este ejercicio económico era del 15%, pero de enero a marzo el ratio ya ha arribado casi a la mitad de esa expectativa. Las medidas que han aumentado los precios del gas y la electricidad han sepultado los cálculos.

El Gobierno se escuda en la herencia del kirchnerismo. El anterior régimen (2007-2015) dejó un déficit fiscal considerable que disparó la inflación al usar la inyección de moneda al mercado como tirita. Mas, el equipo de Macri defiende que la economía está creciendo y que la caída del peso -la mayor del mundo emergente desde comienzo del año, con la excepción de Venezuela- es el fruto de la subida en los tipos de interés implementada por Estados Unidos.

El caso es que la depreciación de la moneda es un epidosio perenne al que los ciudadanos están acostumbrados. La volatilidad en el valor del paso ha generado una educación que contempla como normal la dependencia fuerte del dólar. Y este viernes Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda, publicó la intención del Ejecutivo de ratificar las reformas impuestas y recudir la meta anual del déficit fiscal del del 3,2 % al 2,7 %. Todo ello para frenar la desconfianza.


Pero la temperatura social está comenzando a rebosar. La oposición ya cuerpea para sacar adelante un proyecto contra los aumentos tarifarios que se prevé que Macri vetará si es aprobado, ya que su equipo cree que las consecuencias de ese paso atrás serían millonarias. Esa tensión interna -entre la reforma fiscal gubernamental y el rechazo opositor- y la ampliación de la fórmula de creación de dinero han detonado una incertidumbre en los mercados que tampoco ayuda.

En la calle las colas en las casas de cambio aumenta tan rápido como las menciones al año 2001, la cumbre de las crisis argentinas, con el "corralito" como el peor de los recuerdos. Los analistas apuntan a dos vías para acometer el desequilibrio entre el déficit fiscal deseado (la referencia es el de la UE, menor a 3 puntos del PIB) y el propio (7 puntos): emitir moneda de forma masiva o ejecutar un pago de la deuda potente. Las dos medidas casarían con el gradualismo escogido por Macri y con el descontento de la ciudadanía afectada por la crisis que azota al país.

Se podría decir que la única buena noticia para el presidente de Argentina es la división árida entre las filas opositoras. Su papel como salvador de la economía lastrada que dejó Cristina Fernández de Kirchner -proteccionismo y restricción para el acceso a divisas extranjeras- ya ha caducado y la ausencia de resultados concluyentes que avalen los esfueros pedidos a la población le juegan muy en contra en la actualidad. Sólo el tiempo parece decidir cuándo prenderán las beligerantes calles argentinas.

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