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TRIBUNA

Un mundo convulso

sábado 05 de mayo de 2018, 19:41h

El mundo actual ya no se divide de una manera tan simple como después de la segunda guerra mundial, entre el imperialismo yaqui y el comunismo soviético, o entre los estados pertenecientes al sistema capitalista y los del sistema comunista. Al binomio de los dos sistemas políticos que condujeron a la caza de brujas, respectivamente, tanto en los EE.UU. como en las purgas de la Rusia soviética estalinista, cuyo máximo punto de fricción se produjo con la instalación de los misiles soviéticos en la Cuba castrista y posterior desinstalación, tras la amenaza de intervención de los EE.UU. por Kennedy, ha sucedido un mundo más heterogéneo. Desde entonces, han acontecido muchos cambios en el orden político mundial: la caída del marxismo soviético, la caída del muro de Berlín, el cambio de rumbo de la política económica y social en China, hasta el actual entente de urgencia entre las dos Coreas tras la amenaza de Trump frente a la impertinencia de Corea del Norte con la escalada de las pruebas de misiles nucleares, desafiando incluso a los EE.UU.

Además de todas esas afrentas de políticas, nuevas y viejas a la vez, entre estados, derivadas de concepciones dialécticas entre sistemas tan dispares con sus raíces en el liberalismo y en el comunismo, se alzan actualmente otras variantes provenientes de ciertos grupos musulmanes que se han erigido en defensores de su propia cultura del islamismo y que no aceptan las exigencias del imperialismo de los EE.UU. ni de otros, pero en especial de los estados occidentales, convirtiendo el área del Oriente Medio, como base de su primacía, en cuartel general del pretendido nuevo califato que añora el antiguo poderío islámico, e intenta crearlo de nuevo con el denominado ISIS, con profusión de adeptos y de su influencia en auge no sólo en los estados de su entorno, sino a lo largo y ancho de los países occidentales, donde pretenden su intromisión a través de sus células de acción directa mediante todos los medios, incluso los de acción viral. En ello están metidos, no sólo por intereses meramente de influencia política sino sobre todo por los réditos económicos que puedan obtener, las grandes potencias como EE.UU. con el apoyo de sus colaboradores de la OTAN, como Francia y Reino Unido, y, de otra parte, Rusia; cada uno por su lado, metidos en los intríngulis de la guerra que se debate en dichos territorios, ricos en petróleo y gas natural, así como por otras secuencias desconocidas por la mayor parte de la humanidad, al ser dirigidas en los ámbitos del secretismo de la diplomacia y de los servicios de inteligencia de cada potencia, estando la mayoría de los mortales, que no tenemos acceso al teléfono rojo, simplemente al albedrío de los tejemanejes de las voluntades de las altas esferas del poder y del dinero.

Otros ámbitos, que también revolotean en el barrizal de las directrices de los poderosos, son los países del hemisferio de Latinoamérica, con estados todavía en sistemas democráticos débiles o sin democracia real, y de África, sobre todo subsahariana, abandonada a su suerte, donde millones de seres humanos mueren de hambre y salen, tras atravesar el desierto, en pateras hacia Europa para unirse a los refugiados que también huyen de la miseria y de la guerra. Mientras unos dilapidan el dinero, echando en una sola noche cien misiles sobre Siria con un coste de millones de dólares, otros se mueren de hambre y por las heridas de la guerra, incluso con las graves consecuencias de las armas prohibidas de gases tóxicos, sin que se salven siquiera ni los niños ni los enfermos en los hospitales de tal brutalidad.

Estamos todavía muy atrasados en cuanto a poder establecer un sistema de convivencia mundial lleno de paz y de bienestar. Algunos creían que con la dialéctica histórica y la evolución científica hacia un sistema comunista inevitable se solucionarían para siempre los problemas de la humanidad, pero lo cierto es que aquello no ha sido más que un bluf de ciertos personajes que indujeron a seguir sus pretensiones doctrinarias y revolucionarias a los pueblos que fueron sometidos por la dictadura correspondiente, en nombre del proletariado, y que, al final, dicha farsa se les ha vuelto al revés, rebelándose contra ello cuando han podido los sufridos ciudadanos que han visto con decepción tal tomadura de pelo. Las revoluciones comunistas en Rusia o China no han conducido a los sistemas esperados y al bienestar definitivo de sus pueblos. Otros regímenes del mismo calado, como Cuba o Corea del Norte, tampoco han conseguido el fin perseguido, e intentan solucionar su situación como mejor pueden, una vez que sus máximos dirigentes, que se han sucedido por la dedocracia de la saga familiar, ya no responden al fin que esperaban conseguir con sus mandatos, aunque tales dictadores se resistan a caer como gato panza arriba. Ni siquiera los integrantes de la Internacional comunista han llegado a impregnar con sus programas revolucionarios a la clientela, sino que tan sólo ha quedado, como signo de su fracasado presagio, el famoso himno de la Internacional (con la música mucho mejor que la letra) y el puño en alto, como premonición de las revoluciones catastróficas sin sentido.

Será difícil conseguir una paz universal, cuando ni los estados en la ONU llegan a ponerse de acuerdo. Siempre hay alguno, de los que conforman el grupo de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, que da la nota desafinada en el acorde final, por prevalecer siempre el interés propio antes que la paz mundial. Todo eso, por no hablar de los que dirigen la primacía en las distintas religiones, que predican la paz pero no la consiguen; pues, aunque insisten en su intento de la unión ecuménica in sécula seculórum, no hay forma de aclararse en lo que respecta a sus dogmas. No sé cómo se conseguirá un mundo mejor, tras esas decepcionantes historias de la humanidad; pero, no perdamos la esperanza, que algo nos quedará. Digo yo. De las virtudes cristianas, la esperanza es lo último que nos queda, siempre que conserven la prudencia, por supuesto, los que tienen el poder en sus manos. Amén.

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