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TRIBUNA

La Derrota

Natalia K. Denisova
sábado 05 de mayo de 2018, 19:43h

César Alonso de los Ríos ha muerto en la madrugada del 1 de mayo de 2018.

Aparecen los pésames y los artículos breves o largos sobre esta gran figura del periodismo español. Dependiendo de la orientación política del medio de comunicación le citan de una u otra manera. Todo vale suprimiendo el contexto, o mejor dicho, la circunstancia, como diría Ortega y Gasset. No se afanen con las citas. Ya me suena la voz, grave e inquieta, de César Alonso de los Ríos, pronunciando las palabras del filósofo español: “necesito hacer constar de la manera más expresa que rechazo que antemano toda interpretación de mis palabras que no se ajuste exactamente a estas y, sobre todo, a su conjunto”. Hay que reconocer que por muy distintos que sean los medios, todos coinciden en que César Alonso de los Ríos ha sido un hombre íntegro. Escribía y decía lo que pensaba, lo que sabía a ciencia cierta. Me atrevo a imaginar sus disgustos, causados por la lectura de los periódicos que optaron por cerrarle las puertas, y sus consuelos que venían de las charlas con algún incondicional amigo que siempre te escucha.

Se puede decir mucho de él, pero…

Me quedo con un libro. Un libro del tren, según la portada. Palencia. Alta es Castilla. Es un librillo que nos distrae de los asuntos endiablados de la política. Dicho esto sólo hasta cierto punto; pues quien rechace la política por completo, siendo ésta esencial para la convivencia de una sociedad, ora es un tirano ora es un mal ciudadano. La verdad es que este libro de César Alonso de los Ríos es igual de político como La verdad sobre Tierno Galván o Yo tenía un camarada. Sin embargo, aquí la política va mitigada por las sutilezas del paisaje, de las costumbres y de la buena gastronomía de Palencia. ¡Quién será capaz de rechazar un plato de la menestra que nos aconseja y describe el maestro César! El verbo fluye majestuoso, sin sobresaltos, igual que el paisaje palentino. Mas nos equivocaríamos si tomásemos este libro como mera lectura para un viaje, cuando uno va ya lanzado hacia su destino como si fuera una bala de cañón. El hilo sutil que pasa por cada página de este libro es la razón histórica de toda España. Cuando el autor dice que Palencia no ha variado mucho desde el siglo XVII, lo que se trasluce indiscretamente es el abandono no tanto de Castilla, sino de la idea de una España unida, íntegra, con el proyecto del futuro que aglutine las aspiraciones de todas las regiones en una. Una idea a la que no es fácil llegar, a veces el camino es tortuoso y duro, pero comprenderla es esencial para poder pisar este suelo erguido e independiente como siempre lo hizo Cesar Alonso de los Ríos.

Quizá esto también sea sólo una interpretación más de la gran obra que ha dejado César Alonso de los Ríos. Hay una cosa que no deja margen para las interpretaciones: viendo la situación en la que estamos, el único vencedor es César. César se fue libre y nadie le podrá reprochar la falta de criterio o mentira. Mientras los que quedan y los que quieren seguir su ejemplo sólo nos queda asumir la derrota. La derrota de quien se empeña en mantener la independencia del criterio y la libertad de su opinión.

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