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ENSAYO

Catherine Millot: La vida con Lacan

domingo 13 de mayo de 2018, 16:56h
Catherine Millot: La vida con Lacan

Traducción de Alfonso Díez. NED Ediciones. Barcelona, 2018. 108 págs. 13,90 €.

Por José Antonio González Soriano

“La memoria es precaria, pero la escritura resucita la juventud de los recuerdos. Mientras escribía he recuperado algunos días antiguos, y por destellos me era devuelto, enteramente, su ser.”

“Destellos de Lacan” podría ser el título que llevara este pequeño libro, que seduce desde el primer párrafo y se lee de un tirón. Su estilo cuadra bien con el del género (hoy un poco olvidado) de los “libros de memorias”, en los que no se trata de ofrecer una reconstrucción íntegra del pasado, sino de transmitir el brillo emocional de ciertos pasajes de una trayectoria vital. A través de la recuperación de algunas huellas temporales se intenta descifrar el sentido de todo el trayecto. Y lo que esta rememoración nos comunica es, a partes iguales, la admiración de la autora por Lacan y su declaración de amor por el psicoanálisis, desenvueltas ambas en un clima de honda pero serena melancolía.

Catherine Millot (1944) se nos presenta como la última compañera sentimental que tuvo Jacques Lacan, la figura más eminente de la historia del psicoanálisis después del propio Freud. El brillo intelectual y personal de Lacan refulge en todas las páginas del libro, que registra una crónica colorida de sus últimos nueve años, cuando ya se había convertido en una auténtica celebridad con la que procuraban contactar todas las figuras de la alta cultura europea.

Millot tuvo que esforzarse por ganar su lugar privilegiado junto a Lacan, compartiendo sus días y sus noches en ardua competencia con una nutrida pléyade de amigos, amigas, admiradores y amantes. A través de su relato, asistimos a la vertiginosa actividad del Maestro, que recorre el mundo y aprovecha para visitar los tesoros artísticos de las ciudades por las que pasa. Le seguimos a los restaurantes, a las villas señoriales de sus acaudalados anfitriones y a sus selectos hábitos de ocio; también observamos su infatigable trabajo preparando sus seminarios, conferencias, labor clínica y organización de su Escuela.

La extravagancia e intemperancia en la vida cotidiana del genio contrasta con su concentración en una obra que marcaría época en la evolución teórica del psicoanálisis. Este es el paisaje al que remiten las múltiples referencias intelectuales y artísticas que asoman en el texto: por medio de la figura de Lacan la autora consigue hacernos testigos de los más variados nexos que enlazan la teoría y práctica del psicoanálisis con otras manifestaciones de la vida espiritual de nuestro tiempo.

Aunque hay escenas cargadas de irresistible humor (desternillante el encuentro con un desfalleciente Heidegger), el libro transita por una senda crepuscular: sabemos que se trata de los últimos años del Doctor, marcados trágicamente por la muerte en accidente de su hija en 1974, siete años antes de su propio fallecimiento. Pero la principal fuente de tristeza proviene de la relación de la autora con el personaje: una relación atravesada por la conciencia apesadumbrada de sus límites infranqueables, que se plasma en cada párrafo con los bellísimos trazos de una escritura reflexivamente apasionada. Al fin y al cabo (y tal como se manifestaba transparentemente en la enseñanza de Lacan), esta es la condición propia del devenir vital de todo sujeto: “Siempre nos conducía hasta aquello que en la soledad nos recuerda nuestra exacta equivalencia a cualquier otro”.

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