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ORIENT EXPRESS

Churchill con París al fondo

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 13 de mayo de 2018, 20:39h

El 13 de mayo de 1940 el III Reich parecía invencible. Hacía tres días que la Batalla de Francia había comenzado y las tropas alemanas avanzaban. El ejército francés combatía -perderían más de noventa mil hombres en la lucha- pero las cosas pintaban bastante mal. La caída de los Países Bajos y Bélgica era inminente. Así lo contaba el periodista Ismael Herráiz, que cubría la guerra desde el lado alemán: “Todo el Mosa desde Maestrich a Sedán -por Lieja, Huy, Namur, Dinant, Givet, Monthermé, Carleville y Mezières- era vadeado limpiamente. Bruselas venía a manos del invasor como un fruto maduro”. Apenas diez días después, los cuerpos Panzer de Guderian romperían el frente precisamente en Sedán.

Así evolucionaba la guerra cuando Churchill reemplazó a Chamberlain como Primer Ministro. Fracasada la política de apaciguamiento con los nazis y los fascistas, el Rey se volvió al único que, a menudo solo, había advertido de la amenaza nazi. El tiempo había dado la razón al Primer Lord del Almirantazgo. Había que combatir a Hitler hasta el final y a toda costa. Ya se lo había advertido a Chamberlain tras la firma del Pacto de Munich del 28 de septiembre de 1938, que consumó la traición a Checoslovaquia y la entrega a Hitler de los Sudetes: “Se os dio a elegir entre el deshonor y la guerra. Elegisteis el deshonor y ahora tendréis la guerra”. Churchill dio pruebas de ser un gran líder que no dijo a los ciudadanos lo que querían oír, sino lo que debían saber. La verdad sería su mayor fortaleza en esos tiempos de zozobra.

Aquel 13 de mayo Churchill dirigió a la Cámara de los Comunes un discurso que ha pasado a la Historia. Sería el primero de los tres que pronunció durante la Batalla de Francia. En él, sentó las bases de un modo de enfrentarse a Hitler que aún hoy nos admira: luchar contra él en todos los frentes, de todas las formas, hasta la victoria final y la derrota total de los nazis. En 1940 los nazis parecían el futuro. Churchill se negó a aceptarlo:

«Diré a esta Cámara, tal como le dije a aquellos que se han unido a este Gobierno: “No tengo nada que ofrecer, sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.

Tenemos ante nosotros una dura prueba de la naturaleza más penosa. Tenemos ante nosotros muchos, muchos largos meses de lucha y de sufrimiento. Me preguntáis: ¿cuál es vuestra política? Os lo diré: hacer la guerra por mar, tierra y aire con toda nuestra potencia y con toda la fuerza que Dios nos pueda dar; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en el oscuro y triste catálogo del crimen humano. Esa es nuestra política.

Preguntaréis: ¿cuál es nuestro objetivo? Puedo responderos con una palabra: victoria, victoria a toda costa, victoria a pesar del terror, victoria por largo y duro que sea el camino, porque sin victoria no hay supervivencia. Que quede claro: no habrá supervivencia para el Imperio Británico, no habrá supervivencia para todo lo que el Imperio Británico ha defendido, no habrá supervivencia para el estímulo y el impulso de todas las generaciones, para que la humanidad avance hacia sus metas. Pero asumo mi tarea con ánimo y esperanza. Estoy seguro de que nuestra causa no se malogrará entre los hombres. En este momento me siento capacitado para reclamar la ayuda de todos y por eso digo: “Venid, pues, y avancemos juntos con la unión de nuestras fuerzas”»

Cuenta Boris Johnson, en su biografía del Primer Ministro británico, que Churchill movilizó a la lengua inglesa. La gramática, la semántica, la aliteración propia de su poesía latían en sus líneas como resonaban los ecos de la Biblia -el verdadero libro de Inglaterra en palabras de Borges- al invocar a Dios y a su fuerza. En estas palabras y en las que vendrían semanas después -aún estaba por llegar el desastre de Dunkerque- palpitaba la verdad:

«[…] continuaremos hasta el final […] lucharemos en Francia […] lucharemos en los mares y los océanos […] lucharemos con cada vez mayor confianza y mayor fuerza en el aire […] defenderemos nuestra isla cueste lo que cueste […] lucharemos en las playas […] lucharemos en las pistas de aterrizaje... lucharemos en los campos y en las calles […] lucharemos en las colinas […]. No nos rendiremos jamás»

Y la verdad surtió efecto. Augusto Assía, cuyas crónicas desde Londres publicó Libros del Asteroide en 2015 con prólogo de Ignacio Peyró, describió así la reacción del pueblo inglés cuando llegaron los evacuados de Dunkerque:

«El inglés, cuyo genio consiste en la improvisación, y cuyo carácter solo revela todas sus “virtudes en la adversidad, se ha superado a sí mismo. A grandes ocasiones, grandes gentes. Una taza de té, un paquete de sándwiches y otro de chocolates esperaba a cada hombre. Pero los organizadores, en vez de pretender entregárselos a todos en el momento de llegar, sobre los mismos puertos o las playas, lo cual hubiera provocado inevitablemente aglomeración y confusión, dispusieron la distribución a lo largo de las estaciones de cada trayecto. A una unidad le correspondía hacer su refrigerio aquí; a otra, allá. Así, gracias a la disciplina y la paciencia, la tarea ímproba, y nunca llevada a cabo con éxito antes de ahora, consistente en imponer orden a un ejército en desbandada, ha sido ejecutada sin una sola falla».

Al igual que la cobardía, el valor también se contagia.

Mientras escribo estas líneas, llega información de París. Un joven francés de origen checheno ha matado de una puñalada en el corazón a una persona y ha herido a cuatro. El Estado Islámico lo ha reivindicado a través de su servicio de propaganda Amaq. La Fiscalía de París ha dado información preliminar sobre las investigaciones: “Sobre la base de los testimonios que afirman que el hombre gritó Allah Akbar (Alá es grande) y en vista del modus operandi, hemos encomendado [la investigación] a la sección antiterrorista de la fiscalía de París”. Según algunos medios franceses, el terrorista estaba fichado por los servicios de inteligencia, aunque carecía de antecedentes policiales y penales.

De nuevo los terroristas golpean en Francia. Otra vez volveremos a escuchar los votos de firmeza ante los terroristas y las promesa de no ceder en nada. Volverán a resonar las condolencias. Tal vez tengamos otra oleada de lazos negros con banderas de Francia o los “hashtags” más o menos conmovedores. Me temo que después volverán los llamamientos a “comprender” las circunstancias y todos estos mensajes que tienden a culpar a la víctima de lo que hace el victimario. De la decisión pasaremos, una vez más, a la equidistancia o la vacilación, para terminar de nuevo en la culpa y la confusión. En Europa necesitamos cada vez más escuchar la verdad de lo que está sucediendo en el continente más allá de la corrección política, la falsa tranquilidad y el miedo.

En días como éstos, uno añora la claridad moral y el coraje de líderes como Churchill, que se atrevieron a decir la verdad en tiempos de zozobra.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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