José Zorrilla adquirió fama al recitar un improvisado poema elegíaco en el entierro de Larra. El martes moría Tom Wolfe, y algunos de sus herederos escriben sus elegías en prosa. Botones de muestra:
Antonio Lucas: "Desenvainó una forma de contar asombrando con el punto de vista y a la vez adornó el desafío con una sastrería que alcanzaba un refinamiento pasado de rosca donde lanzaba destellos de hombre que se mantiene del resto a siglos de distancia".
David Gistau: “Tom Wolfe hizo otra cosa más ambiciosa después de acuñar la frase de que el periodismo era la cabaña en la que pernoctar camino del destino anhelado: la GNA (Gran Novela Americana). Intentó el asalto de la ficción, lo cual le valió el ataque combinado de los tres mandarines de las letras que a finales del siglo XX custodiaban su territorio meándolo como los leones cuando era preciso: John Updike, John Irving y el más impetuoso y bronco de ellos, Norman Mailer”.
Victor de la Serna: “Alguna crítica publicada en España recalcaba que lo de Wolfe ya lo hacía en España, y en la misma época, Paco Umbral”.
Julio Valdeón: “Socarrón, ácido, irónico y vitriólico, el periodista bomba de lengua untada en estricnina, maestro de varias generaciones de periodistas”.
Diego Manrique: “El hombre que personificaba el revolucionario movimiento del Nuevo Periodismo era, en el fondo, un conservador”.
Manuel Jabois: “Wolfe, que no se libró de los profetas cuyo sitio en la historia del periodismo ocupan casi tanto espacio como los periodistas —‘no será leído con agrado, o leído a secas, dentro de unos años, quizá el año que viene’—, fue el que encontró el personaje más fascinante, el oído más fino, la polémica más ruidosa”.