Intercambio de muertos
jueves 17 de julio de 2008, 23:16h
Israel y Líbano son dos países donde habitan personas. Seres humanos; ese parece ser el único rasgo en común. Y es que la obviedad no es tal, si tenemos en cuenta la consideración que en uno y otro lado hacen de los muertos. A principios de semana tenía lugar el intercambio de los cuerpos de dos soldados israelíes, en poder de los terroristas de Hizbolá, por otros 197 de guerrilleros libaneses y de otras naciones árabes. Además, Israel hacía entrega de cinco terroristas confesos de Hizbolá, vivos, que fueron recibidos como héroes. Las calles de Beirut eran un hervidero de gritos de alegría y celebraciones. Hasta el líder de Hizbolá, Sayed Hassan Nasrallah, aparecía en público -cosa nada frecuente- para dar la bienvenida a los recién llegados. El Líbano pro sirio -que no es, desde luego, todo el país- era una fiesta
No así Israel, que lloraba a sus dos muertos. De hecho, ha llorado a demasiados ya. La reacción de sus habitantes choca frontalmente con la de sus vecinos del norte. La llegada de dos personas jóvenes que han tenido una muerte violenta no debe ser nunca motivo de júbilo. Antes al contrario, el dolor que embarga a sus conciudadanos es lógico, ya que se trata de dos vidas truncadas por el odio. Curioso contrasentido. Líbano recibe casi doscientos cadáveres y se echa a la calle para celebrarlo. Israel vive en estado de amargura por dos de sus caídos. Amén de lo siniestro de algunas comparaciones -parecen valer más dos muertes israelíes que casi doscientas árabes, o al menos ese valor les da Hizbolá-, resulta evidente el sentido de la vida para unos y otros. El fundamentalismo islámico entroniza a sus mártires, pero para ello han de morir primero, y a poder ser matando. Es la cultura de la destrucción. Por su parte, Israel tiene en alta estima la vida de los suyos, e intenta protegerla por todos los medios. Igual que cualquier persona civilizada, tenga el credo o la nacionalidad que tenga. Parece cobrar vigencia el brindis tradicional judío, le jaim -“por la vida”-. Ojalá tal brindis surtiera efecto de una vez.