www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

MENÚ DE POBRE

Ser diferente es más intenso

Diego Medrano
x
diegomedranotelefonicanet /12/12/23
miércoles 23 de mayo de 2018, 20:15h

La diferencia, en lugar de la ejemplaridad, puede ser divisa. Vivir en los márgenes puede ser más caro pero también más intenso y divertido. A muchos les asquea la tribu, la manada, la mesnada, la grey, etc. Ser singular es un atrevimiento que tienen mucho de íntegro y honesto, menos corrupto. El ilustrador, diseñador gráfico y escritor Carlos Cubeiro pone en circulación un compendio maravilloso de rayos y truenos: Raros, radicales y rebeldes (Modernito Books). Se trata de la fórmula conocida como “microbiografías ilustradas”: una vida sintetizada en una página, clavada de un solo martillazo, e ilustrada con otra página añadida donde la ilustración es una segunda novela, otra explicación, la mayor poesía en devastación.

Borrachos, eremitas, soñadores, ácratas, obsesivos, arrogantes, lunáticos, visionarios, vagabundos, locos, suicidas, ladrones, homicidas… todos, según Cubeiro, viven sin burladero, a costa de retorcerle el brazo al destino. Trata algo muy literario: la autodestrucción en legítima defensa. Todo cuanto discurre en sentido contrario a eso tan horroroso conocido como la inercia de la tribu: “Llamas rebeldes contra la espesa oscuridad, forman parte de este mundo que, como deja dicho don Enrique santos Discépolo, fue y será una porquería”. La calamidad es modo de vida, incendio interior, insistencia azul en el error, siempre extrañeza para el contemporáneo. Cubeiro explica su poética de espadas y viento en contra: “Los hombres y mujeres convocados aquí han sido vistos como extraños por sus contemporáneos: sólo su habilidad para escribir un poema, pintar un cuadro o bailar sobre un ring les ha podido otorgar la bula de perseverar en su diferencia. (…) Es necesario que alguien rompa los cristales para que el viento circule indómito, fresco y renovado”.

Antonin Artaud: esclavo de las drogas, poeta atormentado, saña doliente frente a laberinto de lápiz o palabras. Charles Baudelaire: místico arrebatado de la inmoralidad, cabeza rapada sin sombrero o melena tintada de verde, sospechoso habitual entre putas y borrachos, ladrón de los suyos, monstruo para la moral pública y los tribunales. Roberto Bolaño: la rebeldía como movimiento literario, las mofas y abucheos a Octavio Paz, arte y desastre de cruzar las calles sin mirar, trago que se llevará el hígado por delante, lavaplatos por épocas, camarero, vigilante nocturno en un camping, basurero, descargador en el puerto, vendedor de bisutería por los pisos. David Bowie: andrógino enigmático y magnético en vía estelar y marciana. Georges Brassens: ironía letal, lenguaje soez, pornógrafo del fonógrafo, polizón de la canción, acracia vital como mala, malísima reputación. Jacques Brel: monotonía parisina, humo de tabaco de sus mayores, silencio y sirvientas, sin más compañía que su guitarra. Charles Bukowski: cara oscura del sueño americano, luces de neón y caca, botellas sucias, camisas con olor a gato, biografía de rincones sórdidos y apestosos, realismo sucio y otro vino más. Facundo Cabral: indigencia, reformatorios, vida de delincuente y alcohólico precoz, lamento o rasgueo de guitarra herida: “No soy de aquí ni soy de allá/ no tengo edad ni porvenir/y ser feliz es mi color de identidad”.

Es prodigioso el álbum del desastre, las radiografías minuciosas de la basura, el oro en el charco, el turbión de fango enmarcado por el que nos pasea de la mano Cubeiro sin soltarnos de la mano y en silencio atroz. Lewis Carroll: pedófilo culpable, pedófilo perturbado, obseso de la niña “con un vestido hecho de nada”. Félix Franciso Casanova: barco ebrio hacia la muerte, la belleza como fruto breve, destino literario con hedor a fin y gas butano. Cernuda: dandi apátrida, dandi marica y maldito, dandi pesimista y atildado, jamás la alegría de la fiesta. Emil Cioran: eterna buhardilla parisina de estudiante en el Barrio Latino donde el miedo es vértigo y el humor un chispazo de la tarde por culpa de los cafés. Camille Claudel: manicomio ensimismado mientras araña las puertas y ventanas de sí misma. Cohen: depresión, depresión, depresión y un violín puntiagudo que en ocasiones nos saca de la luz. Cortázar, Cravan, Dalí, Dickinson, Duncan, Gainsbourg, Genet, Satie, Ferlosio, Rimbaud, Salinger, Poe, Piaf, Pessoa… las páginas de Cubeiro son una cuerda por el brocal hasta el final del pozo donde solo queda trepar y sonreír. Absoluta obra de arte.

Diego Medrano

Escritor

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+
0 comentarios