Semana de emociones: el Gobierno saca adelante sus presupuestos generales del Estado con la ayuda del PNV, y el partido del Gobierno y los demás partidos no son noticia por lo dicen de esa votación, sino por cosas como la sentencia del “caso Gürtel”, la detención de Zaplana o el referéndum interno sobre los jefes Iglesias y Montero y su nueva casa. ¿La crónica de sucesos tapa el debate más esencial de cualquier democracia que mira por su futuro?
Van para veinte los años que llevo escribiendo y quejándome de que nuestro “modelo territorial” tiene su mayor problema en que descansa sobre el “sistema de partidos políticos".
Las Comunidades Autónomas se relacionan con el Estado mediante los partidos políticos, en lugar de -como debiera ser en uno de los Estados más descentralizados del mundo- participando en instituciones como el Senado. Reitero una vez más una idea que hoy es más clara que en 1997 (cuando estuvimos a punto de reformar el Senado): la Cámara de “representación territorial” no es el Senado (artículo 69 de la Constitución), sino el Congreso de los Diputados, lo que ocurre que está sólo al alcance de los partidos nacionalistas.
Los diputados del PNV, en este crucial asunto para el Estado y para los ciudadanos de toda España, han actuado como si fuesen senadores, unos representantes de su territorio. Lo que los nacionalistas vascos han obtenido en el presupuesto del Estado es verdaderamente notable, podríamos calificarlo de fabuloso, sino fuera porque no es justo ni solidario con las demás regiones españolas y con sus ciudadanos.
Pero de esa concesión gubernamental, a cambio de los 5 votos de los diputados del PNV, los representantes de las demás Autonomías no tienen una institución común donde manifestar su opinión. Si hubiera un Senado que fuese la expresión de todas las Comunidades Autónomas, lo que ha pasado esta semana no sería concebible sin un profundo debate. Además, tampoco sus representantes de las Autonomías, de sus gobiernos y de sus oposiciones, han mirado para otro lado, por diversos motivos, el principal, que están en perpetua situación electoral, y hoy por hoy, todos los partidos políticos no quieren un adelanto electoral (que sería necesario para corregir este navegar sin rumbo).
El País Vasco contempla el futuro con mucho dinero, y el PNV, agradecido a los dioses (no a Rajoy y a los impuestos de los demás españoles), acaba de apoyar un proyecto de nuevo Estatuto de Euskadi que contiene el reconocimiento del “derecho a decidir”. Y el resto de los españoles, además de que sienten ese atraco parlamentario, no se creen lo que se dice de estos presupuestos.
Para empezar, no tienen en cuenta un petróleo más caro que cuando Montoro presentó el proyecto. El aumento de gasto en pensiones y en remuneraciones de funcionarios públicos, acompañado de una nueva rebaja impositiva (estamos en modo electoral), y una reducción en inversión pública (excepto en el País Vasco), va en dirección contraria a una economía que asegure la educación, la sanidad y la protección social. El modelo de una España de empleos precarios y mal pagados, socialmente malhumorada, se refuerza con estas cuentas públicas. Es como si Rajoy y su partido estuviesen pensando en dejar a un próximo y distinto Gobierno la tarea horrenda de corregir la situación actual.
No sólo el “modelo territorial” descansa anómalamente en el “sistema de partidos políticos”, sino que los partidos políticos, a causa de sus estructuras “territoriales”, cada día se muestran incapaces de representar a la sociedad actual. Los partidos políticos incumplen su función democrática que define el artículo 6 de la Constitución de 1978. No sirven para controlar el poder. El primer control es con sus propios jefes. El PP es un ejemplo de esa inaudita incapacidad. ¿Ningún órgano partidario supo nada de dónde venía el mucho dinero que se gastaba? ¿Nadie preguntó por qué Dolores de Cospedal, la responsable máxima del partido de Rajoy, justificó el despacho y los pagos del sospechoso Bárcenas con palabras estúpidas? En el PSOE, el órgano de control, el Comité Federal, ha quedado reducido a una asamblea que ya no ejerce el control. Es lógico, pues tras un año sin salir de una negativa absoluta a Rajoy, la abstención de última hora liquidó su prestigio ante los militantes. De Podemos, todo es previsible, como toda secta. Iglesias y Montero, una pareja del poder, como Perón y Evita, como Néstor y Cristina Kirchner, Daniel Ortega y Rosario Murillo, y otros populistas latinoamericanos, de esta historia de su casa, saldrán con su poder más absoluto, después de triunfar en su consulta. Ciudadanos está apuntando a una democracia sin partidos, con líderes únicos y con un carisma virtual: la selección de sus candidatos la van a hacer unos gabinetes privados, externos y contratados en nombre del partido, y los militantes ya no sirven para eso. Tampoco habrá control sobre el jefe máximo. Sólo los nacionalistas avanzan en esta sociedad post-partidos políticos.