Pedro Sánchez ha sabido maquillar su triste poderío parlamentario con una operación de imagen...
Pedro Sánchez ha sabido maquillar su triste poderío parlamentario con una operación de imagen perfectamente estudiada que ha despertado la ilusión popular en lugar del estupor que se presumía. Negar ese acierto sería negar la evidencia. Desde algunos nombres sonoros y una abrumadora mayoría de mujeres hasta la filtración gota a gota de las elegidas, ha demostrado conocimiento eficacísimo de las nuevas fórmulas del marketing.
Pero estamos ante un espejismo que durará solo unos días. Luego hay que gobernar. Y eso va a resultar muy complicado. Desde la fragilidad de 84 diputados será difícil atender, o desatender, las exigencias de los que consideran que se les deben especiales deferencias. Y más difícil todavía resultará encauzar los agrios problemas de Cataluña con sus acosos secesionistas y con el PNV al acecho, dispuestos todos a saltar a la yugular de un presidente del Gobierno que tiene los pies de papel.
La ciudadanía solo desea en estos momentos unas vacaciones tranquilas. Pero tras la dispersión veraniega, la actual imagen virtual se desconpondrá y la piragua socialista apenas podrá mantenerse a flote, azotada por el temporal que se avecina. Es necesario aceptar que el bien de España y de los españoles exige nuevas elecciones cuanto antes. Solo la voz del pueblo puede recomponer la situación a la que nos han conducido unos partidos políticos ineptos, preocupados por encima de todo del interés partidista y ajenos a la realidad del pueblo, al que deben atender solucionando sus problemas. En lugar de eso se han convertido en el tercero de los diez grandes problemas que agobian a los españoles.