Esta modesta tribuna pretende ser un guiño visionario, ácido catálogo de profecías y, si algún día cobran vida todos los artículos en forma de libro, ese será su subtítulo: Mapa de modernos. El ensayista de la modernidad, muy ágil y pop, es para mí Brad Stone: responsable de la sección de tecnología en Bloomberg News, especializado en la crónica acerca de Silicon Valley, más de quince años escribiendo sobre las principales compañías tecnológicas, las “startups” y las tendencias globales en internet. Dos libros de mucho éxito: La tienda de los sueños. Jeff Bezos y la era de Amazon (2014) y Lo que viene. Cómo Uber, Airbnb y las nuevas empresas de Silicon Valley están cambiando el mundo (2018). Escribe desde San Francisco, es graduado por la Universidad de Columbia y está al cabo de la calle, ya digo, páginas de viento y media sonrisa en un presente cogido por la cola y a la carrera.
Lo que viene (Deusto) trata de cómo el fundador de Uber se inspiró en una película de James Bond para crear este revolucionario servicio de taxis; otros jóvenes empresarios de San Francisco idearon la aplicación para el alquiler de apartamentos turísticos (Airbnb) para así poder pagar mejor su propio piso. Fueron dos empresas (Uber, Airbnb) modestas, improvisadas, con dificultades para convencer a inversores de su viabilidad, con una oposición férrea por parte del sector, enfrentados a gobiernos locales o nacionales. Nada se les puso por delante: las trabas inmovilistas fueron aniquiladas, la resistencia al cambio pronto una necesidad de ese mismo cambio, llegaron grandes réditos para el sector económico y calidad de vida para el pobre, sí, señores, absoluto espejo para los emprendedores que aspiran a lo máximo, transformar el mundo desde muy pocos euros en su consumo.
Otros quisieron ocupar su lugar (Uber, Airbnb) pero fracasaron, les faltó osadía, la expansión demasiado rápida les hizo poner antes la llama que la mecha. ¿El momento cumbre? La narración de cómo el gigante Silicon Valley marca el futuro, lección de magia a la hora de emprender tu negocio, las dificultades constantes, esa esencia del tiempo actual que también lo es del que está por llegar. Es economía digital pero no tecnológica: no es Facebook en su opción de identidad en línea y fundada en una residencia estudiantil en Harvard, mucho menos Google como linterna de búsqueda o integrador de otras empresas a nivel geográfico (Google Maps) pero si ambas compañías de San Francisco (sedes situadas a menos de dos kilómetros entre sí) están entre las empresas de crecimiento más rápido de la historia tanto por valor de mercado global como de número de empleados. Airbnb y Uber como la tercera fase de historia de internet: era pos-Google y pos-Facebook en una innovación que no conoce fisuras ni caídas.
¿El gancho? Airbnb, la mayor empresa hotelera del planeta, no cuenta con una sola habitación. Uber, uno de los mayores servicios de taxi del mundo, no tiene contratado a ningún chófer profesional. Dicho de otro modo: no hay activos físicos. No solo nuevas oportunidades sino nuevos tipos de riesgos. Ambas empresas están en controversia permanente, esquivando leyes, haciendo frente a la legislación de trabajadores, objeto de violentas protestas, objetivo de cientos de demandas. De Airbnb se llega a decir en los medios que “empeoran la carencia de viviendas de las zonas urbanas de gran demanda, disparan los precios de alquiler y evaden los impuestos hosteleros”. Ambas empresas fuerzan a los gobiernos locales a plantearse su adherencia a los regímenes regulatorios del pasado.
Las licencias municipales para conducir taxis fueron un invento de principios del siglo XXI destinado a evitar un exceso de vehículos en las congestionadas arterias urbanas y a garantizar a los pasajeros que los conductores habían recibido formación, contaban con credenciales comprobadas y sabían cómo moverse por la ciudad. La legislación urbanística y las ordenanzas sobre alojamientos turísticos mantenían la actividad comercial fuera de los vecindarios residenciales y garantizaban que las habitaciones hoteleras cumplieran con la normativa de seguridad. Airbnb y Uber sustituyen todo eso por herramientas de autocontrol introducidas por mercados virtuales (eBay) donde los pasajeros puntúan a sus conductores y los huéspedes evalúan a anfitriones y viceversa. Para muchos, capitalismo salvaje y “tecnoélite”; para otros, jinetes sin cabeza en desbandada, incapaces de hacer frente a las consecuencias que ni ellos mismos previeron.
La golosina del texto: los jóvenes ricos, carismáticos, innovadores, paladines de la tecnología en Silicon Valley (TravisKalanick y Brian Chesky). Desconocidos que copan hoy la vanguardia de los negocios mundiales. Ambición, audacia, ausencia de perspectiva de fracaso. La singular historia de cómo se vino abajo el viejo régimen, se formaron nuevos contratos sociales entre extraños, la topografía de las ciudades fue otra y unos advenedizos dominaron el mundo. Imposible de conciliar el sueño o dejar de roer, roer, roer… a ver si, como todos, salimos de pobres y lo petamos.