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NOVELA

Penelope Mortimer: Papá se ha ido de caza

domingo 10 de junio de 2018, 19:36h
Penelope Mortimer: Papá se ha ido de caza

Traducción de Alicia Frieyro. Impedimenta. Madrid, 2018. 320 páginas. 22,50 €.

Por Marta Rózpide

¿Qué es ser mujer? ¿Qué significa para una mujer haber sido socializada de una determinada manera y en un momento histórico concreto? ¿Y para los hombres? Estas y otras muchas preguntas encuentran respuesta en Papá se ha ido de caza, una de las grandes obras de Penelope Mortimer (Reino Unido, 1918-1999) que se edita por primera vez en castellano este año por Impedimenta.

Ruth, una madre joven de tres hijos y esposa de un reputado odontólogo, padece el mal común de la época en Occidente: ser mujer. Mientras su marido pasa los días entre la clínica y los dormitorios de sus amantes, Ruth sobrevive cada minuto entre compras absurdas y altas dosis de ginebra. Su hija mayor, harta de la situación, busca escapar desesperadamente del hastío y la monotonía de su hogar, cuando se queda embarazada de un chico al que aborrece. La lucha de ambos personajes por cambiar la situación a la que se veían relegadas abre paso a numerosas reflexiones sobre cuestiones de género, como el aborto, la violencia hacia la mujer o el machismo como eje central social en una Europa de finales de los años cincuenta en pleno auge de los baby boomers.

La falta de libertad de la mujer en la época es el tema principal de todas las novelas de Penelope Mortimer, como The Bright Prision (1956) o El devorador de calabazas (1962; Impedimenta, 2014). Ella misma atravesó diferentes situaciones críticas a lo largo de su vida. Tuvo tres hijas y un primer marido, Charles Dimont, antes de casarse con el también escritor y reconocido mujeriego John Mortimer en 1949, del que adoptó su apellido y con el que firma esta obra. El fracaso de sus dos matrimonios, un aborto natural a los 42 años, sus seis hijos de cuatro padres distintos, un segundo aborto y su posterior esterilización hicieron de las novelas de la galesa un mundo oscuro, introspectivo y sorprendente. La escritora y columnista del New Yorker expurgaba su conciencia con su pluma.

A pesar de no ser una escritora suficientemente reconocida, todavía hoy, su obra continúa siendo una lupa en la memoria de las mujeres. Penelope Mortimer tenía un don especial que tienen algunos pocos escritores: la capacidad de expresarse y narrar como un cirujano inspecciona debajo de la piel humana. Sus reflexiones, de rabiosa actualidad, van calando en el lector de forma inconsciente con lo que no está escrito, con lo que queda entre las líneas de esta novela singular y crucial en la historia del feminismo.

“No podía explicarle a Jane, a nadie, y aún menos a Angela cómo se sentía. Una mujer puede tener un hijo de cincuenta años, calvo, barrigón, con un rollo de grasa en la nuca y manos blandas y sudorosas como la arcilla; o una hija vieja, con las piernas artríticas y la nariz mocosa pregonando su deterioro a los cuatro vientos, un saco de músculos atrofiados y huesos raquíticos. Hueso de tus huesos; insólita carne de tu carne. No hay ni un solo pelo, ni una sola uña, ni una sola partícula de piel que se mantenga igual que en el momento del nacimiento, pero el envejecido cuerpo que otrora fue una palabra de lo que dice, quizá te haga sentir desconcertada o recompensada u hostil; la sustancia física del niño es todavía, aunque mudada hasta el punto de resultar irreconocible, la tuya propia”.

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