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ORIENT EXPRESS

Cervantes evacuado del Aula Magna

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 10 de junio de 2018, 20:18h

El jueves pasado fue un día lamentable para la libertad en España. Sociedad Civil Catalana, una de las pocas organizaciones cívicas que ha plantado cara a los nacionalistas y los separatistas en Cataluña, había organizado un acto de homenaje a Miguel de Cervantes en el Aula Magna de la Universidad Autónoma de Barcelona. Estaba prevista la intervención del catedrático de Historia Moderna de dicha universidad Ricardo García Cárcel y el gran hispanista y cervantista francés Jean Canavaggio, catedrático de Literatura Española en la Universidad de París X Nanterre. Unos 200 asistentes se habían dado cita en aquella docta casa para escuchar a dos de los mayores talentos del Hispanismo de nuestro tiempo y celebrar al genial autor del Quijote.

Sin embargo, la violencia de unos cincuenta manifestantes de la CUP, Arrán y los autodenominados Comités para la Defensa de la República interrumpieron el acto con bocinas, pancartas y gritos en el exterior de la sala vociferando “¡Fuera fascistas de la universidad!”. Los asistentes al homenaje quedaron encerrados bajo llave y al final hubo que escoltarlos por una puerta lateral para que pudiesen abandonar la sala sin sufrir daño. Los que gritaban y daban voces siguieron en libertad e impidieron por la fuerza que se rindiese homenaje a Cervantes.

He aquí el verdadero rostro del nacionalismo y el separatismo en Cataluña.

He aquí la tristeza infinita de la España de nuestros días.

Una universidad debería ser el lugar de encuentro de la inteligencia y el talento, pero estos bárbaros que reventaron el homenaje al genial escritor que quedó manco en Lepanto la convirtieron en un lugar desolado. No son García Cárcel ni Canavaggio quienes salen dañados de ese altercado. Por ellos hablan sus libros, sus artículos científicos y sus conferencias. Por ellos hablan las tesis que han dirigido y los cursos que han impartido. Por ellos hablan, en fin, sendas obras académicas que han arrojado luz sobre la obra y el tiempo de Cervantes.

Tampoco queda mancillado el honor de esos asistentes que resistieron en un acto que unos ignorantes boicotearon. Esos estudiantes, esos profesores y esas personas interesadas, en fin, por lo que allí se dijese son, repárese bien, la prueba de que España aún no se ha perdido y de que la dignidad y la decencia no han desaparecido por completo de esta tierra. No fueron ellos quienes ordenaron desalojar el Aula Magna ante la presión de los salvajes.

No sale maltrecho, en fin, el nombre de Sociedad Civil Catalana, que sigue siendo uno de los pocos bastiones de la libertad en un territorio de España del que la libertad y el Derecho parecen ausentarse cada día que pasa como si la razón y la justicia se batieran en retirada ante el asalto de los bárbaros. Ellos -y otros junto a ellos- siguen aguantando las puertas que contienen a esa minoría que sólo sabe abrirse paso a gritos, voces y golpes. Esa minoría aspira al control total de de los medios de comunicación, el sistema educativo, los servicios sociales, la sociedad civil, los sindicatos, los Mossos d´Esquadra y, en fin, toda organización que vertebre la convivencia. Esa minoría, esta semana, ha añadido un clavo más al ataúd de la libertad en Cataluña, es decir, en España.

Esta semana la inteligencia, la razón y la justicia han sufrido una afrenta nada menos que en una institución universitaria a manos de quienes encarnan todo lo que la universidad no debe ser: gritos, violencia, barbarie.

Así están las cosas. Hoy es “fascista” homenajear a Cervantes en Cataluña. Hoy es “fascista” defender la Constitución y el Derecho frente al golpismo de los separatistas y los nacionalistas. A la lista de “fascistas” como Serrat y Boadella, hay que añadir hoy a los cervantistas.

¿Cómo no recordar al Unamuno del 12 de octubre de 1936? El catedrático de Griego y rector toma la palabra. Alguien grita “Muera la intelectualidad traidora”. Las palabras que, según el relato de Luis Portillo, pronunció Unamuno: “Este es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho”.

Me niego a creer que los nacionalistas y los separatistas vayan a vencer. Por lo pronto, no han logrado convencer a la mayoría de sus conciudadanos a pesar de contar con la tibieza -cuando no la cobardía- del Gobierno de Madrid y con todos los recursos de las administraciones local y autonómica.

Sin embargo, esos mismos que han impedido el homenaje a Cervantes son los que han dividido a Cataluña, enfrentado a los catalanes y extendido la pobreza, la violencia y la mentira. Frente a ellos, deberían alzarse la dignidad, la razón y la justicia, que este jueves fueron evacuadas del Aula Magna de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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