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DESDE ULTRAMAR

Entre dos mundiales: 2018 y 2026

Marcos Marín Amezcua
jueves 14 de junio de 2018, 19:53h

Pues se ha llegado la fecha del inicio del esperado Mundial de Rusia 2018. En el camino, el país vio decrecer su ímpetu futbolístico o si se prefiere, su calidad de juego desde aquella visible en los días en que le adjudicaron la sede, en 2010. Rusia no es una potencia en el ramo, como lo prometía serlo hace casi 8 años.

Tantas cosas cambiaron desde entonces. Tantas como que la imagen del país mejoró y empeoró según los vaivenes de la geopolítica mundial, se esfumó su promesa futbolística, se eternizó Putin, hubo relevos generacionales, ocurrió el fin escandaloso de la desaseada era Blatter –un estercolero vergonzoso enlodando el balompié y a quienes lo regentean– y primaron otros intereses que impiden estar hoy en la justa futbolera a las escuadras de Italia o de los Estados Unidos y encima, con la tambaleante designación de Catar, que un día sí y otro no, sigue capoteando los rumores de cancelación. Y ahora el deporte universal va afrontando el desafío, un día antes del inicio del campeonato correspondiente a 2018, de mirar al futuro con la designación de una justa compartida en el año 2026, la llamada Unida.

Ha sido interesante ver que Rusia ha salvado el Mundial de posibles boicoteos –entiendo, sí, que inexistentes en esa clase de certámenes, pero tentadores– como que no es menos verdadero que hay cierto desánimo en torno a la celebración de la actual competición. Pueda ser por lo ajeno que a muchos resulte la cultura rusa o un mal mercadeo del producto, paradójicamente muy expuesto y muy repetido todo el tiempo y presente en muchas cosas. Yo no me aprendo aún ni el nombre de su simpática mascota y mucho menos, esa deslucida cancioncilla oficial que han lanzado, tan fea ella.

Con todo, el Mundial de 2018 promete ser un gran espectáculo. La gala de la noche previa a inaugurarse, efectuada en la Plaza Roja, ha sido formidable. Espectacular. Fue un despliegue digno del poderío ruso. No esperaba menos. Putin se juega una imagen de la que no auguro que obtenga mucho con el fútbol. Pero es que Rusia tiene la ingente oportunidad de hacer un Mundial memorable y con la seguridad necesaria a tope, luego de los desgraciados sucesos de terrorismo que ha padecido en la última década. La competencia internacional es un reto a la invulnerabilidad de su sistema de defensivo y de vigilancia.

El encuentro futbolístico nos deja una palabra nueva para tales ocasiones: videoarbitraje, una ayuda tecnológica para certificar los pormenores del juego y perfeccionar la tarea del árbitro. Es conducir a este deporte al siglo XXI.

Por otra parte, finalmente se impuso la candidatura norteamericana, la Unida, que no unificada, con el 67 % de los votos –con los evidenciadores emitidos en contra, por parte de Brasil, El Salvador y Guatemala– frente a Marruecos, para organizar la Copa Mundial de Fútbol de 2026, seguida de un apagado aplauso al efectuarse el anuncio oficial. España no votó.

La noticia fue recibida de manera muy ambivalente. La euforia ha convivido con el desinterés, para el caso mexicano. Los jóvenes que no vivieron el Mundial de 1986, la reciben con algo más de entusiasmo. Será que nos pilla en pleno proceso electoral con una crispación social natural o en un plano internacional, con la confrontación directa con Estados Unidos por la altamente probable cancelación del TLCAN y la consabida guerra comercial desatada por Trump, el más feliz por la adjudicación de la justa deportiva, a la que apoyó de manera más visible que Peña Nieto, incluso amenazando el mes de abril anterior a los países que no votarán por la propuesta estadounidense. ¿El amago surtió efectos? No lo sabemos. Es verdad que Marruecos no convenció con sus estadios desmontables, justo cuando se necesita más infraestructura por la nueva dinámica mundialista que propone la FIFA al elevar el número de participantes a 48. Un carnaval, por supuesto, que compromete la quintaesencia de la calidad clasificatoria.

Se ha criticado en México, acaso con cierto desconocimiento, que la mayor parte del pastel se lo lleve Estados Unidos. Bueno, era su propuesta y antes menos mal que los federativos mexicanos obtuvieron algo, tras de un proyecto fallido de ir solo México a la edición de 2026. Ese Mundial solo se verificaría en México, en tres sedes: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Al final, el público asistente en territorio de EE.UU., muy posiblemente sea en gran medida el mexicano. Cercanía y afición lo justificarían, como siempre. Así que por asistencia y garantía de éxito económico, a la Copa de 2026 no le veo problema alguno.

Ya las ganancias, pues según se vea. Pienso a 8 años: Estados Unidos tendrá que fomentar más a su incipiente afición y modificar criterios de admisión. Ya luego será otra clase de campeonato. En efecto, jugándolo 48 selecciones que podrían demeritar la calidad del fútbol como ya lo expresé, y hoy, desde luego, no menos cierto es que México tal vez tenía apenas la infraestructura suficiente para sostener un Mundial de altura, 40 años después del exitoso México’86. En cuanto a la calidad del fútbol mexicano, debería de plantearse si quiere seguir mediocre o en verdad darle la vuelta al tema y hacerlo un negocio redituable, incluso, para el prestigio nacional; o prefiera seguirse en el negocio facilón e inmediato y no de largo alcance. Esta frente a una oportunidad irrepetible.

Es paradójico que a Rusia 2018 solo asista México, descalificados los otros dos socios y al mismo tiempo, se convierta en el primer país que acogerá tres justas mundialistas. Usted puede valorar si Norteamérica debe mejorar su juego.

Decio de María, presidente saliente de la Federación Mexicana de Fútbol, afirmaba que el estadio Azteca sería como el abuelo testigo de tres Mundiales. Sin embargo, el jacalón de Santa Úrsula merece, requiere cirugía mayor. No está en condiciones óptimas frente a sus pares de Guadalajara y Monterrey, colosos nuevos. No es cosa de pintarle las butacas, como algunos extraviados creen que es una remodelación. Tiene ocho años para primar la imagen al negocio fácil.

Pues ya se ha dado el primer pitazo de este Mundial 2018 y solo resta cruzar quinielas y aguantar la presión planetaria en el desenvolvimiento de la justa deportiva más popular, mientras gana o no, nuestro favorito. Lo habitual cada cuatro años. Usted relájese en tanto se mantiene en tensión. Así es esto de las patadas.

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