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TRIBUNA

Perplejidad y futuro

lunes 18 de junio de 2018, 20:10h

Aparte de la audacia de Pedro Sánchez para hacer política, me cuesta hallar razones y estrategias definitivas para explicar por qué hemos llegado hasta aquí. Es difícil asimilar el cambio político de los últimos veinte días. Quien diga lo contrario, miente. La “digestión” intelectual de esta transformación será asunto de los futuros historiadores de la España actual. Mil motivaciones, e incluso mil explicaciones, pueden hallarse para entender cómo pasa el poder de Rajoy a Sánchez, pero ninguna me convence, o mejor, la suma de todas ellas está muy de lejos de ofrecernos una sensata idea de todo el proceso. Entiendo algunas acciones y omisiones, pero se me escapa por entero la estructura argumentativa de este cambio promovido por una “moción de censura”.

No es fácil explicar cómo un Secretario General del PSOE sin acta de Diputado y con un débil grupo parlamentario, muy lejos de la mayoría, llega a la Presidencia del Gobierno de España, máxime cuando ese Secretario dimitió de su cargo, porque se negó a que el PSOE se abstuviera para que Rajoy fuera investido en 2016. No resulta sencillo argumentar cómo se pasa de estar en la calle al poder. No me hago cargo de modo claro y distinto sobre cuáles son esas extrañas dotes que adornan a Sánchez para convencer a los de Bildu, filoterroristas, revolucionarios, separatistas y, sobre todo, a Iglesias que hace dos años no se abstuvo para que Sánchez hubiera sido investido; ¿por qué entonces, cuando se presentó a la investidura Sánchez, no quiso Podemos apoyar al PSOE y ahora ha votado la moción de censura?, ¿quizá entonces quería “podemizar”, o sea absorber, al PSOE y al no conseguirlo recurre a otra estrategia? ¡Quién sabe! Lo cierto es que hubiera bastado la abstención de Podemos para que hubiera gobernando el PSOE con el apoyo de Ciudadanos.

Comprendo que el paso de un sistema político bipartidistas a otro de cuatro grandes partidos políticos más los nacionalistas dificulta tanto los análisis políticos como los pronósticos. Pero no creo que sea razón suficiente para dejarnos fuera de juego, casi sin lograr entender la moción de censura, el veto a Rajoy del PSOE y toda la cámara salvo Ciudadanos, la no dimisión y, posterior, espantada de Rajoy, la formación de un Gobierno de la noche a la mañana y sin ninguna explicación del programa socialista… Y suma y sigue. En fin, puede que existan “razones” para entender la llegada de Sánchez a La Moncloa, pero todas ellas me resultan débiles, o peor, ociosas, propias de listillos dispuestos a ocultar lo esencial: ¿presentía alguien hace menos de un mes que Sánchez pudiera ser presidente del Gobierno de España? Nos movemos en una atmósfera política política extraña. Rara. Preocupante. Mantener que todo es posible en España, o sea que mañana puede suceder cualquier cosa, es lo peor que puede decirse de un régimen democrático. Acaso por eso, hoy más que nunca, tengamos que exigir de nuestros líderes políticos claridad en sus propuestas y previsiones sobre el punto central de este país, a saber, seguirá existiendo España o, por el contrario, estamos condenados a la desaparición del Estado-nación. En otras palabras, es conveniente que todos tengan un juicio formado para atajar la cuestión catalana o como terminar con el Procés. No se trata de la falsa alternativa, a saber, secesión o recentralización, sino de una renovación de la democracia española en la UE.

Un asunto demasiado importante para dejarlo en manos de lo que digan las encuestas. En otras palabras, no descarto que si a Sánchez le van mal las encuestas, se envuelva en una inmensa bandera nacional, pero el asunto es, hoy por hoy, cómo Sánchez consigue que los cuatro grandes partidos del Parlamento logren consensuar una “solución” de conllenvancia para Cataluña. El resto es faramalla para alcanzar un 30 por cientos de apoyo electoral que les dé a uno de ellos mayoría absoluta para gobernar. Un imposible, en la actualidad, porque los cuatros partidos seguirán estando durante mucho tiempo entre 15 por ciento y el 25 por ciento.

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