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TRIBUNA

¡Casi lo conseguimos!

lunes 25 de junio de 2018, 20:45h

Marta Rivera de la Cruz, parlamentaria de Ciudadanos, se quejaba amargamente por el decreto de Pedro Sánchez que hace depender los medios de comunicación públicos del Gobierno del PSOE. Según ella, estábamos muy cerca de conseguir una televisión pública dirigida por profesionales independientes del poder. “Faltó muy poco”, concluye la diputada de Ciudadanos, “para inaugurar una nueva etapa de decencia en el servicio público. Pero mandar en la tele es tentador, y Pedro Sánchez no iba a privarse de ese placer.” El propio presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, también ha cargado contra Sánchez por romper el consenso constitucionalista sobre RTVE "de un plumazo" y haber entregado el control de la corporación "a Torra, a Rufián y a Iglesias”.

Tienen razón los de Ciudadanos para quejarse del comportamiento del PSOE en el poder, pero deberían aprender rápidamente la lección de que esto no ha hecho más que comenzar. La realidad será negada sistemáticamente por el gobierno socialista. A la vista está la negación de un acuerdo parlamentario para nombrar por un mecanismo más o menos objetivo a los directivos de RTVE. Todo será virtual. Ciudadanos debería proponerse sistemáticamente no resolver sino el menor número de problemas. Elegir bien esos problemas y encararlos. Creo que el primero de todos ellos es hacerse cargo de cómo el gobierno socialista transformará lo real en algo meramente “virtual”. Este asunto será capital para la elaboración de una nueva reorientación de las estrategias de Ciudadanos. La sustitución de lo real por quimeras será la estrategia clave socialista para detener el crecimiento de Ciudadanos. En efecto, en los próximos meses los socialistas cuestionarán todos aquellos factores políticos que favorecen a Ciudadanos, especialmente su enfrentamiento con los secesionistas catalanes.

Para el PSOE y Podemos, que en este caso juegan en el mismo equipo, lo decisivo será la negación del Procés. PSOE y Podemos se esforzarán para cuestionar el fin último del Procés: el golpe de Estado contra España. Ya no estarán solos los del PP negando el referéndum del 1 O. Ahora serán tres partidos los que resten relevancia al golpe de Estado. Nadie se extrañe de esta afirmación, porque constituye la esencia del golpe político de carácter postmoderno: negar su existencia. Postverdad le llaman los cursis. Mientras los del PP se lamen sus heridas buscando un candidato, la colaboración de socialistas y podemitas será estrecha para arrinconar a Ciudadanos y lo harán, sobre todo, con la colaboración de todos los grandes medios de comunicación. Que lo virtual, definitivamente, sustituirá por completo la realidad, no será una frase. Constituirá la tragedia de España. Todo valdrá salvo mantener que el Procés es un genuino golpe de Estado.

El decreto sobre RTVE será una broma comparado con la campaña que lanzará el Gobierno para negar lo obvio: el Procés solo tenía un objetivo romper España. Si el rechazo contundente del Procés era y es la principal bandera de Ciudadanos para ganar las elecciones, basta con restarle importancia al golpe y los golpistas para que descienda el apoyo al partido de Rivera. En eso están PSOE y Podemos. ¿Conseguirá desprestigiar a Ciudadanos el gobierno de Sánchez con esa estrategia de relativización del Procés y apoyar el acercamiento de los presos a Cataluña? Me temo lo peor… Aunque siempre hay algún motivo para la esperanza, por ejemplo, la negativa de Inés Arrimadas a entrevistarse con Quin Torras. Esperemos que ese gesto más pronto que tarde sea acompañado de un discurso certero de Ciudadanos para enfrentarse a su peor enemigo: ser un partido sin un ideario claro y distinto. O aparece pronto esa nueva estrategia política o se corre el peligro de quedarse a las puertas de todo. O ideario racional y valiente y gente que lo defienda sin complejos o el lloro quejumbroso: “¡Casi lo conseguimos!”

En junio de 2014, en un teatro de la Gran Vía, al finalizar un mitin de presentación de Ciudadanos saludé a Rivera y Girauta, me preguntaron: “¿cómo lo ves?”, mi respuesta sigue siendo la misma: bien, muy bien, pero solo falta un poco más de arrojo y determinación. Recuerdo que mis palabras fueron acompañadas con un gesto de mi acompañante: sus dos puños cerrados estaban dirigidos a sálvese la parte… En fin, sin ese poco, por desgracia, no se alcanzará jamás alcanzar el 30 por ciento de los votos que conducen a La Moncloa.

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