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DESDE ULTRAMAR

Yo no voto PRI

viernes 29 de junio de 2018, 18:56h

Pues henos aquí seis años después. En las elecciones presidenciales mexicanas del domingo 1 de julio de 2018. 85 millones de electores de un país de 120 millones. El padrón electoral más voluminoso. La elección más grande con 18 mil candidatos para muy diversos cargos, de presidente de la República a concejales.

Un “máscara contra cabellera”, como dirían los entendidos en la Lucha Libre; y eso porque México se debate entre perpetuar a un PRI que regresó voraz en 2012 y conformó y ejerció un gobierno timorato nauseabundamente corrupto e inoperante, con aspiraciones de permanecer, eternizándose; u optar por un cambio y además, por una transformación.

Si se quiere lo primero, sería el peor escenario para México: el PRI repitiendo de la mano del tecnócrata José Antonio Meade. Y lo sería porque ha demostrado ese partido no tener candidato ni programa de gobierno a largo plazo ni capacidad de gestión eficaz, si juzgamos los catastróficos resultados de ese sexenio priista que ya casi termina. Si queremos lo segundo, surge otro debate: optar entre un cambio poco diferenciado entre el PRI y un frente multicolor frankensteiniano de izquierda-derecha, como el de Ricardo Anaya, que no ha podido cuestionar la gestión del priista Peña Nieto, porque en buena medida su partido, Acción Nacional (PAN) la secundó, apoyándola; y mirar la propuesta de izquierda de Andrés Manuel López Obrador, quien en su tercer intento busca sí, echar a la camarilla del PRI y del PAN, pero que igual propone transformar modelos económicos, estructuras empobrecedoras o sencillamente, buscar más igualdad y algo que para mí es muy importante: revisar la gestión de Peña Nieto, una que no se atreve a tocar Anaya –al menos en el discurso– y que merece revisarse, porque desde luego es opaca y empobrecedora de los intereses de México.

Y es que tenemos a un PRI que no quiere ser echado a punta de votos, como bien lo ameritaría. Nos la va a poner complicada, agarrándose de las veinte uñas, pues tiene el aparato del Estado para utilizarlo a su favor. Mas los ciudadanos con voluntad de un cambio, parecen ser los más. 76 % de los encuestados rechazan las siglas del PRI. Cierto, Anaya no levanta ni ofreciendo paz sin estrategia ni porque meterá a la cárcel a Peña Nieto, sin decir de dónde jalará la hebra para tal.

Con ese panorama, tenemos una sociedad crispada, pero también afortunadamente involucrada. Yo no oigo el enaltecimiento del voto nulo con la aparente fuerza de hace 9, 6 o 3 años. No oigo indiferencia ni tampoco desentendimiento de las cosas públicas. La gente dice que está hasta el moño de campañas, saturada de tales, lo normal, pero no por ello dejaría de participar y eso créame que es sumamente positivo. Necesitamos este 1 de julio a un electorado movilizado, participativo, reclamante y dispuesto. Y considero que sí lo tenemos.

La gente sabe que se juega mucho en esta elección. Tiene un hartazgo reflexionado, buscando causantes e identificando responsables y está dispuesta a ser oída en las urnas. No cabe minimizar la inteligencia de los electores. Saben perfectamente qué quieren y hacia dónde dirigir su lucha. Igualdad, seguridad, pago de cuentas, justicia, transparencia, fin de la violencia y combate al crimen organizado. No hay que darle tantas vueltas buscándole interpretaciones churriguerescas, barrocas o simplemente, rebuscándole pestañas a las hormigas. Hacerlo es no querer enterarse. La gente esta harta de una mala gestión priista y la sabe identificar. Ojalá que encause su enfado y pueda avanzar con él, votando mejores opciones. Tiene una extraordinaria oportunidad de hacerlo y echar al PRI.

Las campañas políticas de este año han sido rudas. Se han llevado por todos los canales y escenarios. La efervescencia ciudadana se incrementa cada día más y la acritud y el discurso complaciente con acusaciones y el desgaste mutuos, rayan los índices normales. Nada de que escandalizarse. Los ciudadanos saben que es parte del juego político y simplemente, van tomando nota. Al final, los contendientes y sus seguidores han de refocilarse en lo que oyen, como es natural. Ya los sin partido, concurriremos a poner orden con nuestro voto.

La violencia se ha cebado sobre todos los partidos, con múltiples asesinatos como lo conté semanas atrás y la autoridad electoral, el Instituto Nacional Electoral (INE) reconoce que podría venir una enorme cascada de impugnaciones por los resultados, interpuestas ante el tribunal electoral. Tampoco nada raro. Peña Nieto inoperante, en un mensaje preelectoral reconoce tal violencia, sin más, sin decir si ha hecho algo para remediarla. El PRI de siempre. La ONU y la Unión Europea han externado su preocupación. Eso sí, usted dentro y fuera de México valore que se debe todo ello a que permanecer en el poder es llamativo y el PRI es señalado a horas de haber terminado las campañas para entrar en los días de reflexión previos a la jornada comicial, como el partido que más votos ha comprado en las calles. Una vieja usanza, desde luego.

¿Puede México votar PRI otra vez? Se antoja complicado. ¿Girará a la izquierda que nunca ha gobernado, sino en provincias? No lo sabemos. ¿Preferirá una continuidad edulcorada con el Frente que encabeza Ricardo Anaya? Es confuso saberlo. Al final cumplimos la quintaesencia de la democracia. Desconocemos a priori el resultado de los comicios todavía no efectuados. Empero, el país está en vilo.

Eso sí, yo votaré una opción que quiero por solo 6 años. Un sexenio como mandata la constitución federal. Si esa opción intenta quedarse más tiempo, usted me tendrá aquí en seis años clamando para que no suceda más. Porque a los políticos y sus partidos, como a los niños chiquitos, hay que cambiarlos seguido. Y sí, por las mismas razones.

Lo único que puedo decirle es que el peor escenario sería que repitiera el PRI, ese inoperante y corrupto solapador y cómplice de la peor calaña vista en este país y en este sexenio priista. Yo por eso lo tengo dicho: el 1 de julio yo no voto PRI.

El PRI fue catastrófico y cumplió superándolos, todos mis temores de su regreso en 2012. Un ¡ya basta! en las urnas hacia él, es asaz urgente propinárselo.

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